Susana Fernández-Hijicos, psicóloga: “Ponerte nervioso antes de algo importante y la ansiedad son dos cosas muy diferentes”

La especialista explica cómo el cerebro mantiene respuestas de alerta incluso cuando no existe una amenaza real

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La ansiedad no se cura con soluciones mágicas y estándar para todo el mundo. (Magnific)
La ansiedad no se cura con soluciones mágicas y estándar para todo el mundo. (Magnific)

Los nervios forman parte de la vida cotidiana. Aparecen antes de una entrevista de trabajo, un examen, una exposición en público o una conversación importante. Son una reacción conocida y, en cierta medida, esperada. Sin embargo, en los últimos años se ha extendido una tendencia a etiquetar cualquier malestar emocional como ansiedad, difuminando la línea que separa una respuesta puntual del organismo de un problema que puede llegar a afectar seriamente a la salud mental.

La rapidez del día a día, la sobreexposición a estímulos y la presión constante han contribuido a que muchas personas convivan con sensaciones de inquietud o tensión de forma habitual. En ese contexto, términos como “ansiedad” o “ataque de ansiedad” se utilizan cada vez con más frecuencia, a menudo sin distinguir entre emociones pasajeras y trastornos psicológicos más complejos.

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La psicóloga Susana Fernández-Hijicos (@susanafhc_psico en TikTok) advierte de esa confusión y explica que no todos los nervios son negativos ni deben interpretarse como una señal de alarma. Comprender la diferencia entre ambas respuestas es fundamental para evitar banalizar un problema que afecta a miles de personas y que puede tener consecuencias importantes en la vida diaria.

Un hombre visiblemente abatido o nervioso pone las mano en su cabeza, cabizbajo. Está sentado en el sofá, en lo que parece el salón de su casa, frente a un ordenador portátil abierto
La ansiedad se manifiesta a través de múltiples señales. (Freepik)

La diferencia entre los nervios y la ansiedad

“Ponerte nerviosa antes de algo importante es normal. Es completamente adaptativo y, de hecho, te prepara para esa situación”, señala la experta. Esa activación previa forma parte del mecanismo natural del cuerpo para responder ante retos o momentos de exigencia. El organismo se prepara para reaccionar, aumenta el estado de alerta y moviliza energía para afrontar la situación.

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Sin embargo, Fernández-Hijicos insiste en que “ese tipo de nervios y la ansiedad son dos cosas muy, muy diferentes”. La principal diferencia, explica, está en el origen de la amenaza. Mientras los nervios aparecen ante una situación concreta y real, la ansiedad puede mantenerse incluso cuando no existe un peligro inmediato.

“La ansiedad aparece cuando no hay un peligro real, no hay una amenaza real, sino que es imaginario, anticipado o incluso que ya pasó”, afirma. Según la psicóloga, el problema surge cuando el cerebro continúa reaccionando como si siguiera existiendo un riesgo presente, aunque la situación ya no esté ocurriendo o incluso nunca haya llegado a suceder.

Esa respuesta provoca manifestaciones físicas y mentales que muchas personas reconocen fácilmente. “Tu cuerpo sigue reaccionando como si estuviese ocurriendo ahora mismo. Notas el corazón acelerado, la presión en el pecho e incluso esos pensamientos que no paran y que están ahí constantemente en tu cabeza”, describe Fernández-Hijicos.

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La especialista subraya que este tipo de síntomas no deben interpretarse como una cuestión de debilidad personal ni como un rasgo inevitable de la personalidad. “No es una cuestión de sensibilidad, de carácter, de personalidad, sino que es una respuesta aprendida que tu cerebro y tu sistema nervioso repite en bucle”, explica.

Esa idea resulta especialmente importante en un momento en el que todavía persisten ciertos prejuicios alrededor de la salud mental. Muchas personas consideran que sufrir ansiedad implica ser incapaz de gestionar la presión o tener menos fortaleza emocional. Sin embargo, la psicóloga insiste en que se trata de mecanismos que el cerebro aprende y automatiza con el tiempo.

Precisamente por ese carácter aprendido, Fernández-Hijicos lanza también un mensaje esperanzador para quienes conviven con ansiedad de forma recurrente. “Lo que se aprende, se puede desaprender”, concluye.

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