Juan Manuel Liquindoli, adiestrador canino: “Tienes que saber que si tu perro se pone todo el rato panza arriba, no siempre significa que esté relajado”

Lo que muchas veces interpretamos como querer mimos puede ser una señal de que nuestro perro se siente inseguro

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PERRO PANZA ARRIBA
Las distintas interpretaciones de un perro panza arriba. (Solstock)

En el mundo de la convivencia con perros, ciertos gestos parecen interpretar un libro abierto sobre sus emociones. Uno de los más comunes es cuando un perro se tumba boca arriba y enseña la panza. Para muchas personas, este acto se traduce inmediatamente como confianza, relajación y un pedido de caricias. Sin embargo, Juan Manuel Liquindoli, adiestrador canino y creador del perfil de TikTok @filosofía.animal, advierte que esta interpretación puede ser engañosa si no se considera el contexto y la personalidad del animal.

Liquindoli enfatiza que “mostrar la panza puede ser un pedido o exigencia de mimos, señal de confianza o juego, pero también lo podemos ver cuando un perro tiene miedo”. La clave, entonces, es no quedarse solo con la imagen, sino analizar qué está ocurriendo alrededor y cómo suele reaccionar el perro en distintas situaciones. Según el especialista, algunos perros, cuando se sienten sobrepasados, dejan de moverse, se paralizan y exponen zonas vulnerables como forma de evitar que la situación escale.

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Este comportamiento, lejos de ser siempre una invitación al juego, puede constituir una señal inequívoca de inseguridad. “Lo que muchas veces interpretamos como querer mimos, puede ser una señal de que nuestro perro se siente inseguro”, señala Liquindoli en sus videos. Por eso, llama a los cuidadores a observar el lenguaje corporal global del animal y a conocer sus preferencias y miedos, para no confundir una situación de estrés con una de bienestar.

Un mismo gesto y dos significados opuestos

El gesto de enseñar la panza ilustra la complejidad del lenguaje corporal canino. La misma postura puede tener interpretaciones opuestas, dependiendo de factores como el entorno, el temperamento del perro y la experiencia previa con la persona u otros animales presentes. En palabras de Liquindoli, “en este caso son casi opuestos”. Mientras que un perro puede demostrar confianza y relajación al rodar y exponerse, otro puede hacerlo por sumisión o temor, especialmente si se siente superado por estímulos o presiones externas.

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La recomendación es prestar atención al contexto. Un perro que enseña la panza en un ambiente tranquilo, con movimientos relajados y mirada suave, probablemente busca afecto o juego. En cambio, si su cuerpo está rígido, evita el contacto visual o se queda inmóvil, puede estar intentando evitar un conflicto o mostrando sumisión. Este matiz, según el adiestrador, es fundamental para evitar malentendidos que perjudiquen la relación entre humano y animal.

El rol del tutor y la observación constante

Liquindoli insiste en la responsabilidad de los tutores para interpretar correctamente estas señales. “Es tan importante mirar el contexto y tener en cuenta cómo es nuestro perro, qué cosas le gustan, qué cosas no le gustan”, explica en su perfil de TikTok. La observación diaria y el conocimiento profundo del animal permiten distinguir cuándo un gesto es una invitación al contacto y cuándo es un pedido de distancia o ayuda.

A vece stu mascota te manda señales . (Freepik)
A vece stu mascota te manda señales . (Freepik)

El adiestrador subraya la importancia de no forzar la interacción física si el perro muestra signos de incomodidad. La clave está en desarrollar una lectura fina de su lenguaje y en respetar los límites individuales. Así, se fomenta una convivencia armónica y se promueve el bienestar emocional de los animales, evitando situaciones de estrés o miedo que pueden pasar inadvertidas bajo gestos aparentemente amistosos.

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