
El calor se ha instaurado en España con fuerza, acercándonos en mayo a pleno verano. Los termómetros en distintas zonas han alcanzado durante los últimos días valores cercanos o superiores a los 35 grados, obligando a activar los primeros avisos por altas temperaturas.
Con la llegada del calor, también hace su aparición una amenaza silenciosa para las mascotas, con las que con el buen tiempo se aprovecha para pasear en la naturaleza. Este tiempo al aire libre que tanto disfrutan puede terminar en una visita al veterinario por las espigas, que pueden provocar molestias o problemas de salud.
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¿Qué son las espigas?
Las espigas son las estructuras alargadas y puntiagudas que producen algunas gramíneas silvestres, muy comunes en campos, parques y cunetas durante la primavera y el verano. Cuando estas plantas se secan con el calor, las espigas se desprenden con facilidad y quedan esparcidas por el suelo. Su forma afilada y su superficie rugosa hacen que se enganchen fácilmente al pelo de los animales y avancen hacia el interior del cuerpo sin apenas dificultad.

El principal problema es que las espigas no se quedan en la superficie. Pueden introducirse en zonas sensibles como las almohadillas, las orejas, la nariz, los ojos, la cavidad torácica o el aparato urogenital, según destacan los expertos del Hospital Veterinario Puchol. “Una vez dentro, avanzan y pueden causar infecciones, abscesos, dolor interno e incluso complicaciones que requieren intervención quirúrgica”.
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Los perros son los animales más afectados, especialmente aquellos con pelo largo o que pasean por zonas de vegetación seca, aunque los gatos tampoco están exentos del peligro.
Síntomas de una espiga clavada
Desde el Hospital Clínico Veterinario UAX señalan que algunos de los síntomas que pueden indicar que un perro tiene una espiga clavada es el hecho de que se rasque, algo que suele hacer cuando se encuentra dentro de la oreja. También suele estornudar de forma compulsiva si se ha instaurado en el hocico.
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Otros síntomas son moqueo y, “según avanzan los días, los mocos cambian de color debido a la infección; además de la aparición de sangre”. Si la espiga se ha alojado en la piel o las almohadillas, es frecuente que el animal cojee o se lama con insistencia la zona, pudiendo llegar a aparecer enrojecimientos, inflamación o secreciones.
Atender a estas señales resulta fundamental, puesto que las espigas pueden causar otitis, heridas e infecciones, lesiones oculares o incluso otros problemas que requieran intervenciones quirúrgicas.
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Tratamiento y prevención
Cuando se localiza una espiga en la piel de la mascota, muchas personas tratan de extraerla ellos mismos. Sin embargo, los veterinarios señalan que esto puede agravar el problema si no se extrae en su totalidad o si se empuja más hacia dentro sin querer. Por este motivo, lo fundamental es acudir al veterinario lo antes posible.
Sin embargo, la prevención también es una parte importantísima. Desde el Hospital Veterinario Puchol recomiendan evitar las zonas con mayor cantidad de espigas, especialmente en la época de primavera y verano, así como mantener el pelo del animal corto durante este periodo de tiempo.
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Tras el paseo, es importante revisar el cuerpo del perro para asegurarse de que ninguna espiga haya quedado clavada en su piel. Esto también permite comprobar si tiene algún insecto, como garrapatas. Especialmente debe revisarse tras las orejas, en el hocico y entre los dedos de las patas.
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