Sebastián La Rosa, médico experto en longevidad: “Se pueden mejorar las capacidades cognitivas sin entrenarlas, solo hace falta darle las dos cosas que necesitan”

La calidad del sueño, la nutrición y la actividad física influyen de manera directa en el rendimiento y la salud cerebral

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Según Sebastián La Rosa, la clave está en cuidar el flujo sanguíneo y la activación cerebral
El doctor La Rosa señala que mejorar la salud cerebral no requiere entrenamientos específicos (Composición Infobae)

La búsqueda de estrategias para potenciar las capacidades cognitivas despierta cada vez más interés, tanto entre especialistas de la salud como en el público general. El avance de la neurociencia y la medicina del bienestar impulsa nuevas preguntas sobre qué factores inciden realmente en el funcionamiento cerebral a lo largo de la vida y cómo se pueden optimizar sin recurrir a métodos de entrenamiento específicos.

En este contexto, la opinión de los expertos resulta clave para comprender qué acciones cotidianas pueden traducirse en un mayor rendimiento mental y una mejor calidad de vida, especialmente en una sociedad cada vez más preocupada por el envejecimiento saludable y la prevención del deterioro cognitivo.

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El médico experto en longevidad Sebastián La Rosa sostiene en su TikTok (@dr.larosa) que la mayoría de las personas puede mejorar sus capacidades cognitivas sin entrenamiento específico si atiende dos condiciones fisiológicas.

“La enorme mayoría de nosotros podemos mejorar mucho nuestras capacidades cognitivas sin entrenarlas, simplemente si le damos al cerebro lo que necesita para mantener dos cosas: el flujo sanguíneo suficiente para que lleguen los nutrientes que necesitas y el oxígeno que necesitas, y la activación de las áreas del cerebro que necesitamos”, afirma.

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Hábitos cotidianos y salud cerebral

Según la visión de La Rosa, el cerebro humano responde de manera directa a la calidad de los insumos que recibe y a la forma en que se mantienen sus funciones básicas. Desde esta perspectiva, el rendimiento mental no depende únicamente de ejercicios intelectuales o de la estimulación cognitiva tradicional, sino que está profundamente ligado a la salud general y a los hábitos cotidianos.

El especialista advierte sobre la influencia de una variedad de factores que pueden afectar negativamente el cerebro a lo largo del tiempo, incluso en personas jóvenes o sin antecedentes neurológicos previos.

Un sueño de calidad ayuda a mantener las funciones cerebrales en equilibrio
El descanso nocturno es clave para la salud cognitiva (iStock)

“Todo el daño que le hicimos a nuestro cerebro por mala calidad de sueño, por golpes, por sedentarismo, por mala nutrición y por mucho más, termina impactando en el funcionamiento de nuestro cerebro y en sus diferentes funciones después”, afirma.

La Rosa destaca la importancia de considerar la salud cerebral como un proceso integral, en el que intervienen tanto la alimentación adecuada como la actividad física, el descanso nocturno, la gestión del estrés y la prevención de lesiones.

Flujo sanguíneo y prevención cerebral

A su vez, pone el énfasis en la necesidad de comprender cómo opera el flujo sanguíneo cerebral y su impacto sobre la oxigenación y el aporte de nutrientes a las neuronas, señalando que el cerebro es uno de los órganos más sensibles a cualquier alteración en estos procesos.

El especialista plantea que, para buscar mejoras en la inteligencia y otras funciones, el foco debe ponerse en los mecanismos que sostienen el funcionamiento cerebral. “Si queremos mejorar nuestra inteligencia y todas estas capacidades, necesitamos entender cómo mejorar el flujo sanguíneo en el cerebro y cómo aumentar la actividad de ciertas áreas neuronales”, dice La Rosa.

El Dr. Sebastián La Rosa, médico especialista en longevidad, comparte las claves fundamentales para un envejecimiento saludable. Descubrí por qué la calidad del sueño, una alimentación consciente y una combinación adecuada de ejercicios son más importantes que las rutinas extremas e insostenibles.

De este modo, propone una visión preventiva y de cuidado a largo plazo, en la que pequeñas modificaciones en el estilo de vida pueden traducirse en beneficios tangibles para la memoria, la concentración y otras habilidades cognitivas.

Esta perspectiva invita a repensar el modo en que se abordan la salud y el bienestar cerebral, priorizando la atención a los factores fisiológicos y al entorno cotidiano como pilares fundamentales para la optimización de las capacidades mentales y la autonomía funcional en la adultez.

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