Alfredo Molina, veterinario: “Si decides tener perro, tienes que saber que tu vida será más caótica y mucho menos tranquila”

Convivir con un perro implica asumir desorden, nuevas rutinas y responsabilidades, a cambio de un vínculo afectivo único en el hogar

Guardar
Google icon
Para Alfredo Molina, optar por la comodidad implica renunciar a la autenticidad y el cariño incondicional de un animal
Según el veterinario Alfredo Molina, la presencia de un perro aporta vínculos afectivos que enriquecen la vida familiar (Composición Infobae)

La relación entre los humanos y los perros se remonta a miles de años, marcada por una evolución conjunta que ha transformado al perro en mucho más que un animal de compañía. La presencia de un perro en el hogar suele influir en la dinámica familiar y en el bienestar emocional de quienes lo integran.

Para muchas personas, la decisión de compartir la vida con un can representa una elección que trasciende lo práctico y se adentra en el terreno de los afectos y la convivencia diaria. Además, numerosos estudios señalan que la compañía de un animal puede favorecer el desarrollo de la empatía y fortalecer vínculos entre los miembros de la familia.

PUBLICIDAD

La decisión entre la comodidad absoluta y una vida marcada por el compañerismo es, según explica Alfredo Molina, veterinario, en su TikTok (@alfredomolinavet), uno de los grandes dilemas en el hogar: “Solo tienes dos elecciones en la vida: tener un perro o no tenerlo”.

Ventajas y desafíos de una casa sin perros

Para quienes descartan la compañía canina, Molina puntualiza las ventajas inmediatas. “La casa estará limpia, ordenada, siempre olerá bien”, describe, antes de añadir que en esos hogares el descanso es total: “Dormirás sin interrupciones”.

PUBLICIDAD

Además de evitar responsabilidades adicionales, quienes optan por no tener perro suelen disponer de mayor libertad para organizar rutinas, viajes o cambios de planes sin depender de las necesidades de otro ser vivo. El orden y la previsibilidad caracterizan ese estilo de vida, donde cada espacio del hogar permanece bajo control y los imprevistos se reducen al mínimo.

Dormir con un perro que sufre ansiedad por separación puede resultar contraproducente. (Freepik)
Dormir con un perro que sufre ansiedad por separación puede resultar contraproducente. (Freepik)

La convivencia con un perro, en contraste, supone aceptar limitaciones y desafíos. Como lo plantea Molina, “habrá pelos en el sofá, huellas por toda tu casa y tendrás que salir a la calle incluso los días que no tengas ganas”. No solo la logística se complica; también surgen “gastos, preocupaciones y decisiones difíciles”.

Los cuidados veterinarios, la alimentación adecuada, los paseos diarios y el compromiso con el bienestar del animal forman parte de la rutina, exigiendo tiempo y energía. Las adaptaciones en la vida cotidiana pueden resultar exigentes, especialmente en contextos urbanos o para quienes tienen horarios ajustados. Aun así, esas exigencias abren la puerta a experiencias que cambian la percepción del día a día y generan recuerdos valiosos.

El valor emocional de la compañía canina

Sin embargo, la ausencia de perro asegura solo un entorno aséptico, nunca completo en sentido emocional. “Será cómodo, pero también todo un poco más vacío”, observa Molina, estableciendo la contracara del confort. En muchos casos, la compañía de un animal influye positivamente en la salud mental, reduce el estrés y contribuye a crear un ambiente de calidez en el hogar.

Según la visión del veterinario, ese aparente desorden trae consigo una presencia insustituible. Remarca: “Habrá alguien que te recibirá como si fueras lo mejor de su día. Alguien que no te juzga, que te acompaña en silencio, que está en las buenas, pero sobre todo en las malas”.

Descubre cómo la interacción con perros de terapia está transformando la experiencia educativa de niños con necesidades especiales. Este programa busca reducir la ansiedad y fomentar la interacción en un entorno escolar inclusivo.

La lealtad y el afecto incondicional son aspectos destacados por quienes conviven con perros, generando vínculos que se mantienen a lo largo del tiempo y que, para muchos, se convierten en una fuente constante de alegría y apoyo.

Para Molina, vivir con un perro no significa simplificar la existencia, sino dotarla de autenticidad: “Un perro no te hace la vida más fácil, te la hace más real”. El especialista concluye, con énfasis en la intensidad afectiva: “Así que si solo tienes dos elecciones: comodidad o una vida con más amor del que puedes imaginar”.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD