
El trastorno límite de la personalidad (TLP) es una condición mental grave que genera montañas rusas emocionales. Las personas que presentan este rasgo de personalidad se caracterizan por una “autoestima notablemente baja, déficit en el comportamiento autorregulatorio y gran dificultad en mantener relaciones interpersonales estables”, tal y como explica Vanesa Carina Gongora en un estudio publicado en Dialnet. Sin embargo, uno de los síntomas más profundos y dolorosos de este trastorno es la alteración de la identidad: una sensación constante y angustiosa de no saber realmente quiénes son.
Pese a ser el trastorno de personalidad más estudiado del manual DSM-5, lo cierto es que su investigación se ha centrado principalmente en la edad adulta. No obstante, un equipo conjunto de investigadores del Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR) en Barcelona y la FIDMAG Germanes Hospitalàries Research Foundation ha logrado evidenciar, tras el estudio de pacientes adolescentes, una diferencia neurobiológica que se desconocía hasta ahora. A pesar de que el perfil clínico y conductual está bastante marcado, “es probable que no tengas por qué detectarla a simple vista, no se les pone el pelo azul ni nada”, como ha explicado Lara, enfermera generalista de consultas externas de salud mental en el Hospital General de Villalba de Madrid, para Infobae.
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Pero con el descubrimiento de los especialistas del VHIR se podría avanzar en las técnicas de diagnóstico en España con una respuesta física del cerebro. “El objetivo es entender qué ocurre en el cerebro en las fases iniciales del trastorno. Estudiar adolescentes nos permite analizar el trastorno en un momento en el que aún hay menos factores que pueden modificar el cerebro, como los años de evolución de la enfermedad o los tratamientos farmacológicos”, afirma el Dr. Marc Ferrer, investigador principal del proyecto.

Una alteración en la “red neuronal por defecto”
El Vall d’Hebron Institut de Recerca reclutó a 27 chicas adolescentes con diagnóstico de TLP —pero que en su mayoría no habían recibido un tratamiento farmacológico previo ni presentaban otros trastornos— y a 28 jóvenes sanas que sirvieron como grupo de control. Para poder observar el cerebro “en acción” y estudiar el fenómeno de la identidad, el equipo utilizó técnicas avanzadas de resonancia magnética funcional (fMRI). Durante la prueba del escáner, se pidió a las participantes que realizaran un ejercicio mental: leer una serie de afirmaciones y responder con un botón si las consideraban verdaderas o falsas.
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Algunas de estas frases trataban sobre conocimientos generales o hechos objetivos, otras referían a las cualidades de una persona conocida (reflexión sobre los demás), y un tercer grupo consistía en preguntas sobre sus propias características y personalidad (autorreflexión). Los resultados mostraron que cuando las adolescentes sanas pensaban en sí mismas, ciertas áreas clave de su cerebro se activaban con normalidad. Sin embargo, en las adolescentes con TLP, se observó una activación notablemente reducida en una región específica: el córtex prefrontal dorsolateral derecho.
Esta área del cerebro funciona como una especie de “director de orquesta” cognitivo, encargado de regular de forma consciente nuestros pensamientos, el control inhibitorio y las emociones. Según los autores del estudio, esta falta de activación podría ser la causa biológica de una disminución en el control cognitivo a la hora de procesar la propia identidad. “Muchos de los síntomas centrales del TLP tienen que ver con dificultades en la regulación emocional y en la forma en que la persona construye su identidad e interpreta las relaciones”, detalla Marc Ferrer. Por lo que “las alteraciones observadas en estas redes podrían contribuir a explicarlo desde un punto de vista neurobiológico”.
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Además de los cambios durante la actividad mental, los estudios estructurales del cerebro han evidenciado que las pacientes presentaban una reducción del volumen de materia gris en la región temporoparietal izquierda. Esta zona es fundamental para la cognición social, ya que nos permite tomar perspectiva y comprender los estados mentales, creencias e intenciones de las otras personas. Los científicos también notaron alteraciones en la llamada “red neuronal por defecto” (Default Mode Network), un circuito esencial para el funcionamiento social y la construcción del yo personal.

Este hallazgo demuestra de forma tangible que el TLP tiene raíces físicas detectables desde etapas muy tempranas. Pero esta técnica no solo será imprescindible para identificar patrones en personas con TLP, sino que, como ha declarado el Dr. José Antonio Ramos-Quiroga, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitari Vall d’Hebron: “La neuroimagen permite empezar a identificar los circuitos cerebrales implicados en distintos trastornos psiquiátricos. A largo plazo, esto puede ayudar a desarrollar estrategias diagnósticas y terapéuticas más precisas y personalizadas”, concluye.
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¿Qué le sucede a una persona con TLP cuando sufre una desregulación emocional?
Al comprender exactamente qué falla en el cerebro adolescente al intentar procesar quiénes son y cómo se relacionan con el mundo, la medicina da un paso de gigante hacia la detección precoz y el diseño de terapias mucho más eficaces. Esto es importante, no solo para los que padecen TLP, sino en general para aquellos que tienen un trastorno de personalidad y cumplen “patrones de conducta inadaptada, profundamente arraigados”, explica Lara.
La enfermera de consultas externas añade que estos perfiles tienen una “personalidad anormal, ya sea en el equilibrio de sus componentes, su calidad o expresión en el aspecto total”. Y debido a ello, “el paciente sufre o hace sufrir a otros y hay un efecto adverso sobre el individuo o la sociedad y, por ende, en el entorno del individuo”, añade la madrileña. Pero en concreto, cuando una persona con TLP tiene un episodio, vive “un momento agudo de descompensación, de mucho sufrimiento, de mucho malestar, de incluso ideas de suicidio”.
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En estos casos, suelen ingresar en “la unidad de hospitalización breve y desde ahí ya se activa toda la red de salud mental, empezando por CSM, que es en donde estaría yo”, nos cuenta Lara. Después deberían pasar por un psiquiatra para un seguimiento. Aunque, fuera de estos episodios, las personas con este rasgo de personalidad normalmente tienen “mucha inestabilidad en las relaciones interpersonales”. Esto se aplica tanto en relaciones románticas, como familiares. Y es que, en un principio, “tienden a idealizar a la pareja y luego aparecen sentimientos de rechazo”, explica la enfermera.

Por esto mismo “se implican de forma exagerada para evitar que los abandonen, ya sea por un presentimiento real o imaginario”, añade. Pero la realidad es que experimentan una gran sensación de “vacío” y “soledad”, lo que hace que se fijen en sí mismos y es aquí donde surgen problemas “con su identidad, con la imagen corporal y terminan provocando a sí mismos un trastorno de conducta alimentaria” en muchos casos. A lo que se suman en bastantes casos “episodios de autolesiones y amenazas”, así como etapas depresivas.
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Algo que también recoge Vanesa Carina Gongora en su estudio: “Son extremadamente impulsivos con tendencia a excederse en el comer, robar en tiendas o actividad sexual autodestructiva”. La investigadora explicaba que “los atracones pueden servirle de mecanismo para tranquilizarse dada la limitada capacidad que tienen para encontrar la calma por sí mismos”. Algo que buscan también con los “métodos purgativos” (vómitos autoprovocados).
En cambio, las conductas destructivas, como el ayuno extremo o el abuso de laxantes, “pueden ser utilizadas como una forma de autocastigo”, afirma la argentina. En definitiva, todas estas conductas pueden servir a los pacientes para “ocultar dolores emocionales intolerables o ayudarlos a evitar descompensaciones”. Frente a ello, Lara insiste en que “hay que saber tener empatía”.
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El estigma que rodea a los trastornos de personalidad provoca que muchos no se sientan comprendidos o que, incluso, “no pidan ayuda por vergüenza”. Pero al final, estos comportamientos “no los hacen para causar daño. Es su realidad, lo viven así, aunque sea desproporcionado muchas veces, pero necesitan mucho apoyo, mucho soporte, necesitan muchas herramientas”, concluye la enfermera.
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