“Si este verano no hay queroseno, no se podrá volar”: los combustibles alternativos no son una solución inmediata para la aviación ante la crisis del estrecho de Ormuz

Los combustibles sostenibles de aviación (SAF) son la alternativa técnicamente más madura, pero su producción cubre menos del 1% del consumo global y no existe capacidad para escalarla en meses

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Imagen de archivo de aviones en las pistas de la T4 del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. EFE/Ballesteros
Imagen de archivo de aviones en las pistas de la T4 del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. EFE/Ballesteros

El cierre del estrecho de Ormuz —por donde pasa más del 20% del consumo de petróleo a nivel mundial— por la guerra en Irán ha puesto en jaque el suministro mundial de queroseno. Desde finales de febrero, cuando comenzó el conflicto en Oriente Medio, el precio del combustible de aviación se ha incrementado un 114%, de acuerdo con los datos de S&P Global Ratings. Ante el aumento de los costes, y con el verano a la vuelta de la esquina, hay muchas dudas sobre qué va a ocurrir con los vuelos ya programados de aquí a las próximas semanas, y si existe algún combustible alternativo capaz de sustituir al queroseno fósil a corto plazo.

Desde las principales aerolíneas españolas han enviado un mensaje de tranquilidad. Previsiblemente, Iberia, Vueling, Air Europa y Volotea encaran la temporada de verano sin cambios relevantes en su operativa, a pesar del contexto internacional. Todas han asegurado que mantendrán su programación habitual durante los meses de mayor afluencia turística, sin contemplar cancelaciones destacadas ni alteraciones en sus rutas o tarifas. Además, según el Ministerio para la Transición Ecológica, España cuenta con un suministro de queroseno asegurado para, al menos, 90 días.

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Pero, a pesar de estas buenas previsiones, “si este verano no hay queroseno de petróleo, no se podrá volar”. Así lo ha explicado a Infobae Gustavo Alonso Rodrigo, director de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Aeronáutica y del Espacio (ETSIAE) de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM). La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ya calificó la interrupción del suministro como “la mayor disrupción en la historia del mercado petrolero mundial”.

Los SAF, la alternativa más viable pero todavía insuficiente

Como posibles alternativas al queroseno, la opción que más se baraja en la industria son los combustibles sostenibles de aviación (SAF, por sus siglas en inglés), y Alonso Rodrigo explica que “es un combustible que, químicamente, es prácticamente idéntico al queroseno fósil”, por lo que “se utiliza sin hacer prácticamente cambio ni en los aviones ni en los motores”. “Es mezclable, incluso se mezcla con el queroseno fósil”, matiza el director de la ETSIAE. Así, su ventaja frente a otras alternativas es que no exige rediseñar ni los aviones ni los motores, y ya cuenta con certificación técnica para su uso.

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El ministro de Industria y Turismo, Jordi Hereu, ha transmitido un mensaje de tranquilidad sobre el sector turístico, asegurando que el transporte aéreo, principal vía de llegada de visitantes, tiene garantizado el suministro energético y que las reservas de vuelos hacia España están en aumento.

La Unión Europea (UE) lleva años apostando por los SAF a través del reglamento ReFuelEU Aviation, que fija una hoja de ruta de mezcla obligatoria progresiva: un 2% en 2025, un 6% en 2030 y hasta un 70% en 2050. El problema es que este marco regulatorio no contemplaba la urgencia de la crisis actual, y necesita sus tiempos. “Técnicamente no hay ningún problema, están certificados. De hecho, ya llevan tiempo utilizándolo, pero no valen como alternativa ante una escasez de queroseno fósil, porque se produce en muy pequeña cantidad, pequeñísima cantidad todavía”, advierte Alonso Rodrigo.

Y los datos respaldan esta valoración. La Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA) estima que la producción global de SAF apenas alcanzó 1,9 millones de toneladas en 2025, lo que representa el 0,6% del consumo total de combustible de aviación. Para 2026, la previsión es de 2,4 millones de toneladas, el 0,8% del total. Con esas cifras, el sector ni siquiera logra cubrir la obligatoriedad del 2% de mezcla ya vigente en la UE. “Cuesta encontrarlo para cumplir con los objetivos de mezcla obligatoria, del 2% al 6%; cuesta encontrarlo. Y es carísimo, es mucho más caro que el queroseno”, señala Alonso Rodrigo.

El problema no es solo el precio, sino la capacidad de producción

El encarecimiento del petróleo por la crisis de Ormuz podría hacer pensar que, si el crudo sube lo suficiente, los SAF dejarían de ser tan caros en términos relativos. Pero el experto descarta que eso cambie la ecuación a corto plazo: “Más allá del precio, aunque se encareciese mucho más el petróleo, el problema, más que el precio, a corto plazo es la falta de disponibilidad. No hay capacidad para producir más”. Las plantas de refinado que producen SAF requieren inversiones y tiempos de construcción que se miden en años, no en semanas.

La producción actual de SAF en Europa se basa fundamentalmente en aceite de cocina usado (UCO, por sus siglas en inglés), un recurso limitado y muy dependiente de importaciones asiáticas. Según datos de la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA), aproximadamente el 81% de las materias primas empleadas para fabricar SAF en 2024 procedían de ese aceite reciclado. La capacidad operativa europea de producción de SAF se sitúa en torno a 1,4 millones de toneladas anuales, muy lejos de las cerca de 9,6 millones de toneladas que se necesitarían para cumplir el mandato del 6% en 2030.

Vista general de la refinería PCK, una instalación de procesamiento de crudo que suministra gasolina, combustible para aviones, gasóleo y fuelóleo, en Schwedt/Oder, Alemania, el 31 de marzo de 2026. REUTERS/Lisi Niesner
Vista general de la refinería PCK, una instalación de procesamiento de crudo que suministra gasolina, combustible para aviones, gasóleo y fuelóleo, en Schwedt/Oder, Alemania, el 31 de marzo de 2026. REUTERS/Lisi Niesner

El SAF sintético, el futuro a medio y largo plazo

Dentro de los SAF, existe una variante con mayor potencial estratégico, y es el SAF sintético, producido a partir de CO₂ capturado de la atmósfera e hidrógeno verde. Esta opción permitiría a Europa fabricar su propio combustible de aviación sin depender de países productores de petróleo, lo que dotaría al continente de soberanía energética. El reglamento europeo ya exige que, del 6% de SAF obligatorio en 2030, al menos un 0,6% sea de origen sintético, y que del 70% previsto para 2050, la mitad provenga de esa fuente.

Sin embargo, Alonso Rodrigo aclara que “está en una fase todavía mucho más inmadura desde el punto de vista tecnológico”. Ninguna planta de producción de SAF sintético ha superado aún la fase piloto en Europa, según datos de EASA.

Hidrógeno y electricidad, opciones de décadas

Si los SAF ya presentan limitaciones a corto plazo, las otras grandes alternativas tecnológicas —el hidrógeno y los aviones eléctricos— quedan todavía más lejos del horizonte operativo. “Otras alternativas, como el hidrógeno o los eléctricos, implican hacer aviones nuevos, no solamente combustible nuevo, sino desarrollar aviones nuevos y eso lleva muchos, muchísimos años”, subraya el director de la ETSIAE.

Los planes más optimistas del sector sitúan en 2035 la posible entrada en servicio del primer avión eléctrico de alcance regional, y ni siquiera sería completamente eléctrico, sino híbrido. En cuanto al hidrógeno, su uso como combustible directo en motores exigiría un rediseño radical de la arquitectura de los aviones, un proceso que podría tardar décadas. La única aplicación a corto plazo sería su integración en pilas de combustible dentro de sistemas híbridos, y aun así los plazos no van más allá de 2035 para aviones de pequeño tamaño.

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