El castillo medieval que está construido sobre una roca: la popa de un barco en medio de la naturaleza

Conocido como el castell de la Popa es uno de los enclaves medievales de mayor atracción en Cataluña por su singularidad arquitectónica y la vegetación que lo rodea

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El Castell de la Popa, en Cataluña
El Castell de la Popa es singular por alzarse sobre una roca y carecer de cimientos. / Wikimedia Commons

Si alguna cosa abunda en España es el legado medieval a lo largo del territorio, lo cual supone un reclamo contiuo para quienes buscan hacer escapadas. Una sugerencia es el Castell de la Popa, también conocido como Castell de Castellcir. El enclave es uno de los ejemplos más singulares de la arquitectura defensiva medieval en Cataluña, gracias a la insólita integración de la fortaleza con la naturaleza rocosa del entorno.

Esta construcción, que se alza sobre una formación geológica que recuerda inequívocamente la popa de un navío, se sitúa en la comarca del Moianès, a escasos 50 kilómetros de Barcelona, y atrae tanto a senderistas como a aficionados a la historia y a la fotografía por la particularidad de su emplazamiento. El Castell de la Popa toma su denominación de la característica silueta de la roca sobre la que se erige, de modo que la fortaleza parece una extensión de la propia montaña, imitando la parte trasera de un barco de piedra que navega entre la densa vegetación de la zona.

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El castillo fue originariamente construido en el año 1014, con el propósito fundamental de vigilar y defender el valle de la riera de Castellcir-Tenes. Durante siglos, constituyó el centro de poder de la familia Castellcir, cuya presencia desapareció tras la peste negra del siglo XIV, un episodio decisivo que alteró el devenir de la estirpe y del propio enclave, según relata el reportaje del diario El Món.

Su estructura refleja la concepción estratégica de la ingeniería medieval, aprovechando la morfología irregular del terreno como defensa natural. El castillo, desprovisto de cimientos convencionales, se asienta directamente sobre la roca desnuda, constituyendo así un notable ejemplo de “castell roquer”. La muralla recorre fielmente el perfil del risco, y desde la base, la perspectiva ofrece una sensación de dinamismo petrificado, como si el castillo estuviera congelado en mitad de una incesante deriva temporal.

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El Castell de la Popa
El Castell de la Popa, en Cataluña, visto de lejos. / Wikimedia Commons

El Castell de la Popa se eleva directamente sobre un peñasco, sin cimientos

La singularidad arquitectónica del Castellcir reside en su ubicación y en la forma en la que la muralla se adapta a la irregularidad de la roca, utilizando el propio peñasco como muralla y foso natural. No existen registros históricos antiguos que recojan la denominación “Castell de la Popa”. Esta nomenclatura se ha perpetuado en la memoria colectiva debido a la similitud de la estructura con la popa de un barco.

El castillo fue habitado hasta bien entrado el siglo XX: las fotografías tomadas durante la década de 1920 muestran que la edificación permanecía en estado aceptable, con parte de sus dependencias reconvertidas en granja. Con el abandono progresivo y la carencia de mantenimiento, la construcción entró en un estado de ruina consolidada, actualmente visible en el paisaje del Moianès.

El recinto no se limitaba a las funciones defensivas; albergaba también la pequeña iglesia de Sant Martí de la Roca, un ejemplo de arquitectura románica que aún conserva elementos originales del ábside. Esta combinación de austeridad y resiliencia caracteriza los espacios interiores del castillo, donde la escasez de comodidades contrasta con la solidez defensiva de su ubicación.

El acceso al interior del castillo está prohibido por riesgo de desprendimientos, pero la silueta exterior se mantiene como una de las más reconocibles de la Cataluña central. El recorrido hasta la fortaleza parte habitualmente del núcleo urbano de Castellcir y dibuja una ruta circular de aproximadamente nueve kilómetros entre ida y vuelta, a través de pistas forestales rodeadas de alcornoques y robles.

La ascensión final permite rodear la imponente roca, ofreciendo panorámicas de 360 grados en días despejados que abarcan desde los picos de Montserrat hasta el macizo del Montseny. El entorno boscoso alimenta la atmósfera legendaria del enclave, con relatos de bandoleros y cuevas misteriosas como la Balma d’en Roma que, según la crónica de El Món, todavía conservan secretos del pasado.

Reúne historia, cultura, arquitectura y naturaleza, convirtiéndose en todo un reclamo turístico dentro de la Comunidad Valenciana

La recomendación para los visitantes es caminar con calzado adecuado y respetar la fragilidad del lugar, evitando cualquier intento de escalar muros o acceder a zonas inestables. El Castell de la Popa ha sido declarado Bien Cultural de Interés Nacional y su conservación se encuentra ligada al comportamiento responsable de quienes se acercan a descubrir su historia. El Castell de Castellcir, testigo milenario del diálogo entre arquitectura y naturaleza, continúa cautivando a quienes buscan revivir paisajes y leyendas de otras épocas, como ha documentado el medio El Món, fuente de toda la información recogida en este reportaje.

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