
El dolor en los pies, especialmente en la zona del talón o la planta, afecta a millones de personas y suele asociarse a largas jornadas de pie, sobrepeso o calzado inadecuado. Sin embargo, cada vez más especialistas apuntan a causas menos evidentes, relacionadas con el funcionamiento interno del propio pie.
Uno de los problemas más frecuentes es la fascitis plantar, una inflamación que puede volverse crónica si no se trata correctamente. A menudo, los tratamientos se centran en aliviar los síntomas, pero no siempre en corregir el origen biomecánico. Este enfoque parcial puede explicar por qué muchas personas experimentan recaídas o molestias persistentes a lo largo del tiempo.
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La fascitis plantar es una inflamación de la fascia plantar, el tejido que conecta el talón con los dedos del pie. Según MedlinePlus, es una de las causas más frecuentes de dolor en el talón y suele producirse por sobrecarga, uso excesivo o una mala pisada. El dolor es más intenso al dar los primeros pasos por la mañana o tras periodos de reposo. Algunos factores como el sobrepeso, el uso de calzado inadecuado o permanecer mucho tiempo de pie aumentan el riesgo. El tratamiento incluye reposo, aplicación de hielo, estiramientos, fisioterapia y, en algunos casos, el uso de plantillas ortopédicas.
Es aquí donde entra en escena la podóloga María Jesús Lechuga, quien ha puesto el foco en un músculo clave pero desconocido para la mayoría. “Hay un músculo en tus pies que probablemente ni conozcas y es el más importante de todos”, afirma. Se trata del tibial posterior, una estructura que, según explica, “tiene mucho que ver con que te duelan los talones o la planta del pie”.
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La doctora Lechuga detalla que “va por la parte interna de la pierna y llega hasta el arco del pie”. Su función, lejos de ser secundaria, resulta esencial en la mecánica diaria: “Su función es muy importante: mantener el arco del pie estable”. Este arco actúa como un amortiguador natural, distribuyendo las cargas al caminar o correr.
Cuando este músculo no cumple adecuadamente su función, las consecuencias pueden ser significativas. “Cuando este músculo no está lo suficientemente fuerte, el arco empieza a caer y ahí es cuando aparece la sobrecarga de la fascia e incluso llega a generar pie plano”, advierte la especialista. Este colapso progresivo no solo provoca dolor, sino que también altera la alineación del cuerpo.
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Cómo evitar el daño del tibial posterior
Frente a este problema, la podóloga propone una solución accesible, “una forma muy simple de trabajarlo”. El ejercicio que recomienda no requiere equipamiento complejo: “Coloca una toalla enrollada en el suelo y apoya el pie de forma que quede un poco inclinado. Desde ahí, haz elevaciones de talón”.
La clave, según la podóloga, está en el ángulo que se genera con este apoyo. “Ese ángulo hace que no solo trabajes el gemelo, sino también ese músculo que ayuda a sostener el arco del pie”. De esta manera, se consigue activar una musculatura que habitualmente queda fuera de los ejercicios convencionales.
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