Esta es la razón por la que duele más la muerte de un perro que la de un humano en las películas, según un veterinario

Lejos de ser un comportamiento que indica deshumanización, el experto señala que esto depende de la manera en la que concebimos a los animales

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Richard Gere en la película 'Siempre a tu lado, Hachiko'.
Richard Gere en la película 'Siempre a tu lado, Hachiko'.

Ya sea en el cine o en casa, hay ciertas reacciones que se repiten con frecuencia: cuando una película o serie que estamos consumiendo toca las teclas necesarias, la emoción nos invade y es complicado parar el camino de las lágrimas. Algunas personas solamente llevan a este estado con escenas concretas, como puede ser la muerte en escena de un animal.

Existe una idea bastante extendida de que, si alguien sufre más por la muerte de un animal que por la de una persona en una película, algo no encaja del todo bien en su escala emocional. Se ha llegado incluso a etiquetar este comportamiento como una forma de deshumanización, como si implicara una desconexión con el dolor humano. Sin embargo, desde la psicología es posible cuestionar esta lectura simplista.

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Nuestras emociones no responden a jerarquías morales claras. La forma en la que nos afectan ciertas escenas tiene más que ver con mecanismos internos, instintos y vínculos simbólicos que con una supuesta falta de empatía. Sobre esta cuestión habla en uno de sus vídeos el veterinario conocido en redes sociales como Cal Vet (@cal.vet en TikTok).

“¿Nunca te has preguntado por qué te duele más la muerte de una mascota que la de una persona durante una película? Sí, tú lo sabes, yo lo sé, y los productores de Hollywood también", señala el experto. Esta experiencia es compartida por millones de espectadores, aunque no siempre se reconoce en voz alta.

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Tres personas comiendo palomitas en el sofá. Una de ellas está en primer plano. No se les ve las caras
Muchas personas sufren más por la muerte de un animal en una película. (Freepik)

El veterinario pone algunos ejemplos con los que esto se vuelve especialmente evidente: “Dime ahora si no sufriste más por el pastor alemán que por el tío Will en Soy leyenda, por el gato que por su dueña en Un lugar tranquilo o que no lloraste más a Hachiko que a su dueño”. Según insiste, no es casualidad que estas escenas se recuerden con tanta intensidad emocional.

El instinto de protección

“Antes de que venga una estampida de antropomorfos a decirte lo muy degenerada que está la mente humana, déjame decirte que esto que te pasa es mucho más normal de lo que crees e incluso más humano que al que le pasa lo contrario”, señala el veterinario. La clave, según explica, está en cómo percibimos a los animales.

“El inicio de la respuesta es mucho más instintivo, incluso científico, de lo que parece”, afirma. “Empieza por entender cómo concebimos a un animal, un ser totalmente dependiente, sin malicia y sin capacidad de entender por qué sufre”. Esa percepción condiciona profundamente la reacción emocional del espectador.

En ese sentido, añade que este es “un ser que asociamos con una lealtad absoluta y un amor incondicional”. Esta construcción simbólica activa mecanismos muy concretos: no es tanto lo que ocurre en la pantalla como lo que el cerebro proyecta sobre esa figura.

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El veterinario introduce una comparación: “Seguro que a más de uno que no le gusten los animales pensará que, exacto, es lo mismo que se asociaría a un bebé o a un niño, siempre que la pubertad no haya hecho acto de presencia”. Ahí se encuentra el núcleo del fenómeno, la clave.

“Todos estos valores activan poderosamente nuestro instinto de protección. Un instinto que mamá naturaleza nos concedió para proteger lo que más le importa: la descendencia, la perpetuidad de la especie”, explica. A esto se suma otro factor psicológico relevante. “Tu mente, siempre que pueda, huirá del dolor”. En el caso de los personajes humanos, el espectador encuentra vías para amortiguar el impacto emocional: “Si le sucede a una persona, podemos pensar que quizás no era tan buena, que era un maleducado o incluso que se lo merecía.”

Sin embargo, ese mecanismo falla cuando se trata de animales. “Qué difícil es hacer esto con un ser del que solo puedes percibir apego y ternura, sin relaciones complejas ni elaboradas.” Así, según señala Cal Vet, la ausencia de ambigüedad emocional intensifica la reacción.

“Como conclusión, quedaos con que el duelo no sigue reglas morales, sino una calidad del vínculo”, explica el veterinario. “Por eso, amiga mía, no debes preocuparte por que te duela más esto que aquello. Aunque no te gusten los perros, esa sensación solo te hace más humana”.

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