El tesoro escondido a más de 2.500 metros de profundidad que han sido halladas por la Armada francesa

La extracción de tres jarras y un plato de cerámica del naufragio más profundo de Francia permite avanzar en la datación y el análisis del yacimiento, gracias a una operación tecnológica inédita en aguas del cabo Ramatuelle

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Tesoro escondido a miles de kilómetros de profundidad
Tesoro escondido a miles de kilómetros de profundidad (Composición Infobae)

El pecio Camarat 4 es el naufragio más profundo documentado en aguas francesas. Descubierto a más de 2.500 metros de profundidad frente al cabo Ramatuelle, este hallazgo se ha producido de forma fortuita en marzo de 2025 durante unas tareas rutinarias de una inspección submarina. Está atribuido al grupo de intervención submarina Gismer y las imágenes que realizaron se exhibieron por primera vez en Niza a mediados de año en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos.

Hasta ahora, el análisis del Camarat 4 se había basado en imágenes captadas por la Armada francesa, pero el desarrollo más reciente incluye la recuperación de tres jarras y un plato de cerámica. Son piezas de 12 centímetros de diámetro y 15 de alto, obtenidas con un robot controlado de manera remota que es capaz de descender a profundidades de hasta 4.000 metros. Estas reliquias ofrecen la posibilidad de fechar de una forma más precisa el naufragio y saber su origen.

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Durante las operaciones, la cooperación entre el Departamento de Investigación Arqueológica Subacuática y Submarina y la Marina han sido esenciales. La arqueóloga Marine Sadania considera que lograr estas intervenciones “a una distancia de 2.500 metros no fue fácil” y destaca que es un “gran avance para el conocimiento del yacimiento arqueológico” que representa el proceso de recuperación.

Qué se sabe de la extracción de la cerámica del Camarat 4

El tercer día de los trabajos de extracción fue el mayor reto tecnológico por la manipulación de las piezas frágiles a tal profundidad. Para ello, se adaptó el instrumental a las condiciones extremas del entorno y se diseñó una caja subdividida en compartimentos y se instaló una pinza de dos dedos en el brazo del robot remoto ROV-C4000. La escasa visibilidad y la dificultad para calcular distancias precisas en las pantallas de control complicaron la maniobra.

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El propio capitán Florian, responsable del robot, explicó que los sedimentos se removían con facilidad y dificultaron la visibilidad. Además, no disponían de mucha visión tridimensional en las pantallas de control.

Una anécdota es que, durante la fase de pruebas, se encontró y recuperó una lata de refresco con la imagen de Leo Messi. Después, el proceso de recuperación requirió más de dos horas de intensa concentración para lograr rescatar todas las piezas sin dañarlas. Finalmente, las tres jarras fueron depositadas en la caja diseñada para ellas.

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La tripulación y los expertos tuvieron una gran expectación al ver las jarras fuera del agua. Uno de los marineros comentó: “Pensábamos que eran más grandes, pero no hay decepción. Creo que son muy bonitas”. Tras la misión, el buque de la Armada francesa empleado para ella, el Jason, puso rumbo a Cavalaire para que los arqueólogos desembarcasen las piezas recuperadas.

La conservación de las piezas y los protocolos empleados

La restauradora Ethel Bouquin, reconocida en el ámbito de la arqueología subacuática y presente a bordo del Jason, ha sido la encargada de diseñar los protocolos específicos para el tratamiento y la conservación de estas piezas extraídas del Camarat 4. La experta afirma que la cerámica de barro es porosa y que al secarse existe el riesgo de que la sal presente en el agua de mar cristalice. Esto puede generar tensión en la cerámica y provocar la rotura de los muebles al ser reensamblados.

Para minimizar daños, los objetos se sumergieron en agua de mar extraída del propio yacimiento, a 2.500 metros de profundidad, conservando la salinidad y el pH original. De este modo, se pretende preservar los objetos recuperados en un entorno lo más parecido posible al que los sumergió durante siglos.

No obstante, las cuatro piezas rescatadas no recibirán un tratamiento idéntico. La restauradora ha indicado que “para comprender los fenómenos a los que ha estado sometida la cerámica, la someteremos a diversos análisis petrográficos, tomográficos y químicos, incluyendo análisis destructivos, en su peor estado”. Inmediatamente después de ser extraídas del agua y limpiadas, todas las piezas de cerámica han sido escaneadas por Paul François, del CNRS, con el objetivo de documentarlas exhaustivamente.

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