
En un video publicado en la red social TikTok, el psicólogo Pablo Emilio Gutiérrez, conocido como @pablotupsicologo, aborda un tema que genera debate tanto en el ámbito profesional como en la vida cotidiana: la auténtica responsabilidad personal ante errores cometidos. El contenido del video plantea preguntas incómodas sobre la sinceridad y la profundidad del arrepentimiento cuando alguien admite públicamente un fallo.
El fenómeno de la confesión en redes sociales ha crecido, impulsado por la necesidad de mostrar transparencia o buscar aceptación tras un hecho que generó daño. Gutiérrez observa que, en muchos casos, los protagonistas de estos videos aseguran sentirse tranquilos tras confesar lo sucedido, como si el simple hecho de admitir un error fuera suficiente para cerrar el capítulo. Sin embargo, el psicólogo advierte que esa lógica es engañosa y que existe una diferencia fundamental entre nombrar un error y asumir la responsabilidad de forma genuina.
Desde la óptica profesional, Gutiérrez sostiene que admitir una acción negativa es apenas el primer paso de un proceso más amplio. Reconocer públicamente que se ha causado daño puede ser el inicio de un cambio, pero no equivale a hacerse cargo real de las consecuencias ni a comprometerse con la reparación. Según el psicólogo, la verdadera responsabilidad solo se alcanza cuando se adoptan medidas concretas para evitar la repetición del daño y se afrontan las causas profundas de la conducta.
Reconocer no es suficiente para corregir el error
El especialista subraya que “admitir en un video lo que hiciste no te hace ser responsable o una buena persona”. Para Gutiérrez, el acto de reconocer una falta, e incluso expresar arrepentimiento, es un avance positivo; sin embargo, resulta insuficiente si se queda en la superficie. Hay quienes, tras una confesión pública, aseguran sentirse en paz consigo mismos por haber dicho la verdad, pero esa tranquilidad puede ser engañosa si no va acompañada de un compromiso activo con el cambio de conducta.
La diferencia entre reconocimiento y responsabilidad radica en la disposición a tomar acciones correctivas. Decir que algo estuvo mal no transforma, por sí solo, la realidad ni repara el daño causado. El psicólogo señala que la responsabilidad real implica ir más allá de la palabra: requiere pensar en cómo actuar en adelante, qué medidas adoptar para restablecer la confianza en una relación y cómo evitar que la situación se repita. Solo así se puede hablar de un proceso genuino de reparación y aprendizaje, en lugar de una simple descarga de culpa ante la audiencia digital.
Uno de los puntos clave planteados por el experto es el riesgo de que la confesión pública se convierta en un acto performático, orientado a calmar la conciencia propia sin modificar patrones dañinos. “El saber y decir que lo que hiciste estuvo mal no es suficiente, se requiere un trabajo para generar un cambio”, afirma Gutiérrez. De este modo, el foco se desplaza del discurso hacia las acciones, y se exige un esfuerzo sostenido para demostrar que el aprendizaje fue real.
Acción y prevención: el verdadero compromiso
De acuerdo con el psicólogo, hacerse responsable no implica únicamente admitir el error, sino emprender acciones para corregirlo y prevenir su repetición. Este proceso puede incluir, según el caso, pedir disculpas sinceras, tomar distancia de los comportamientos que llevaron al daño, trabajar en la relación afectada y, sobre todo, revisar las propias motivaciones y límites personales. La clave está en identificar las señales de alerta previas a la conducta dañina y en desarrollar recursos para intervenir a tiempo, tanto de manera individual como en pareja.

Gutiérrez destaca la importancia de no escudarse en explicaciones fáciles o en la supuesta autonomía del inconsciente. “No es que tu inconsciente hiciera algo, tú permitiste que eso pasara y eso te toca a ti hacerte cargo”, remarca el psicólogo. Esta perspectiva desafía la creencia de que los errores ocurren por impulso o sin control, y refuerza la necesidad de una autocrítica honesta para evitar que las justificaciones mentales bloqueen el crecimiento personal.
El compromiso con el cambio supone también un trabajo preventivo. El especialista recomienda identificar los contextos y las conductas que favorecen la repetición de errores, como el consumo de alcohol o las situaciones que ponen en riesgo la fidelidad. Solo mediante un análisis consciente de las propias decisiones y una acción orientada al cambio es posible construir relaciones más sanas y evitar daños futuros. La responsabilidad plena, según el enfoque de Gutiérrez, consiste en corregir el rumbo y asumir el control consciente de los propios actos, más allá de la confesión o el arrepentimiento verbal.
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