Una pareja de jubilados cede su vivienda a la hija y los nietos y se muda al jardín a una casa prefabricada: “Si fuéramos a una residencia de ancianos sería más caro”

Monique y Jean-Pierre, dos belgas que viven en el muncipio de Dilbeek, recomiendan a quienes quieran seguir sus pasos que lo hagan cuanto antes y mientras “estén en forma”

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Monique y Jean-Pierre viven en una casa prefabricada. (STiDO)
Monique y Jean-Pierre viven en una casa prefabricada. (STiDO)

La pareja formada por Monique (75 años) y Jean-Pierre (77) ha optado por una alternativa residencial poco común: instalar una vivienda modular en el jardín de su propia casa en el municipio belga Dilbeek. “Con 50 metros cuadrados, tenemos espacio de sobra”, ha afirmado Jean-Pierre al portal belga especializado Livios, en referencia al tamaño de su nuevo apartamento, que les proporciona una autonomía ajustada a sus necesidades y un considerable ahorro económico.

Este modelo de vivienda asistida se mantendrá en el jardín trasero durante un periodo inicial de tres años sin requerir permiso de obras tras haber presentado personalmente la solicitud de construcción ante el Ayuntamiento. El plazo es prorrogable una única vez por otros tres años, según ha detallado el matrimonio al medio belga. La residencia se ha instalado sustituyendo el invernadero y el cobertizo que antes ocupaban esa superficie, siguiendo todos los requisitos del estándar QZEN, que suponen un consumo energético casi nulo.

Para Monique y Jean-Pierre, la decisión de mudarse a esta unidad independiente ha surgido tras buscar sin éxito un piso asequible en la zona, priorizando siempre aquellos con “una terraza grande, una plaza de aparcamiento privada, estar cerca de nuestra casa actual y, sobre todo, ajustarse a nuestro presupuesto”, tal como ha reconocido la pareja en su entrevista con Livios. La búsqueda infructuosa y un inesperado cambio en la situación familiar de una de sus hijas forzaron la aceleración del proceso: fue entonces cuando optaron por ceder la vivienda principal a ella y sus cuatro hijos.

Estudio con jardín de 50 metros cuadrados. (STiDO)
Estudio con jardín de 50 metros cuadrados. (STiDO)

El camino elegido tenía un precedente en la familia. “Ya conocíamos el concepto porque una de nuestras hijas había convertido su garaje en una vivienda durante la reforma de su casa”, ha explicado Jean-Pierre, lo que les llevó a explorar el mercado de módulos habitacionales, descartando la ampliación del propio inmueble por razones de coste y distribución.

Durante la instalación, la empresa constructora STiDO asumió íntegramente el proceso. “La instalación fue rapidísima: la grúa llegó a las 22:00 y, a medianoche, la unidad ya estaba en su sitio”, ha relatado el matrimonio, destacando que el montaje fue breve y todas las conexiones ya estaban resueltas. Los nietos recibieron la nueva construcción con sorpresa y expectativa.

Diferencias hay entre vivir en una vivienda en el jardín y un piso convencional

El día a día en el nuevo apartamento presenta tanto ventajas como retos logísticos. “El mayor cambio para nosotros fue el mobiliario. Tuvimos que comprar muebles nuevos que se ajustaran perfectamente a las dimensiones del apartamento. Esto requirió algo de investigación y tiempo”, ha indicado Monique a Livios. A pesar del espacio limitado, el diseño facilita accesibilidad y funcionalidad. “Las puertas y los pasillos son lo suficientemente anchos para el acceso en silla de ruedas, y los baños están adaptados”, ha detallado la pareja. Aunque les falta algo de espacio de almacenamiento y siguen utilizando servicios compartidos como la lavadora, consideran que las limitaciones son asumibles gracias al uso del garaje y el jardín comunitario.

“Las puertas y los pasillos son lo suficientemente anchos para el acceso en silla de ruedas, y los baños están adaptados”

En el plano social, la mudanza a una vivienda de estas características también implica ajustes: “Podemos invitar a una pareja a cenar o tomar algo con ocho personas, pero no más”, ha explicado Monique, subrayando la conveniencia de adaptar la mentalidad a estos espacios compactos.

Lo que Monique y Jean-Pierre recomiendan a quienes buscan esta opción

Los consejos de ambos para quienes contemplen una transición similar son claros. “Empiecen mientras aún estén en forma y tengan movilidad. Además, tengan en cuenta que mudarse es un gran esfuerzo. Les obliga a desprenderse de cosas que han acumulado a lo largo de los años, lo cual puede ser emocionalmente difícil”, ha recomendado el matrimonio al portal Livios, instando a pactar previamente acuerdos entre todas las partes implicadas y describiendo su propio funcionamiento como una especie de “cooperativa”.

En cuanto a la relación coste-eficiencia frente a una residencia de ancianos tradicional, Monique ha sido contundente en sus declaraciones a Livios: “Por ahora, vivimos de forma independiente, sin ayuda externa, pero está disponible si la necesitamos. En cuanto al costo, es una decisión acertada que reduce significativamente la carga financiera, tanto para la comunidad como para nosotras y nuestras hijas”. La diferencia de tarifas entre este sistema y un centro de mayores convencional es, en palabras de la pareja, abismal: “Si fuéramos a una residencia de ancianos tradicional, las tarifas serían completamente diferentes; los costes son mucho más altos”.

La pareja deja claro que, salvo casos de pérdida grave de autonomía, su elección de vida, por el momento, es inmejorable. “Mientras podamos vivir así, no podríamos estar mejor en ningún otro lugar”, han sentenciado Monique y Jean-Pierre en su conversación con Livios.