
Era poco después de medianoche cuando Iryna Stetsenko, de 19 años, intentaba conciliar el sueño tras arreglarse las uñas para su boda. A pocos metros, en otro apartamento de Pripyat, su prometido, Serhiy Lobanov, de 25, dormía en un colchón en la cocina. Entonces, un estruendo rompió la noche.
“Era como si muchos aviones sobrevolaran la zona; todo vibraba y los cristales de las ventanas temblaban”, ha recordado Stetsenko en la BBC. Sin saberlo, el reactor número cuatro de la central nuclear de Chernóbil acababa de explotar a menos de cinco kilómetros.
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Serhiy se despertó horas después, ajeno a lo ocurrido. “Sentí un temblor, como si pasara una ola”. Salió a hacer recados, pero se encontró con que los soldados llevaban mascarillas antigás y calles cubiertas de espuma. Desde un rascacielos, vio humo saliendo del reactor.
Aun así, continuó su rutina. Humedeció una tela para bloquear el polvo radiactivo y compró cinco tulipanes en un mercado. Mientras tanto, Iryna escuchaba el teléfono sonar sin descanso. “Le dijeron que no se preocupara, que todos los eventos programados en la ciudad debían seguir adelante”.
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Una boda bajo sospecha
La ceremonia siguió adelante en el Palacio de la Cultura. Hubo votos, invitados y banquete. Pero el ambiente era tenso. “Todos entendieron que algo había sucedido, pero nadie sabía los detalles”, ha explicado Serhiy, ingeniero de la central eléctrica.
El primer baile nunca fue como ellos lo habían imaginado. “Desde los primeros pasos perdimos el ritmo. Simplemente nos abrazamos y nos movimos en el abrazo“, ha señalado Iryna.
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La madrugada siguiente llegó la verdad. “Llevaba un vestido de boda y corría descalza por los charcos”, ha confesado. Un tren de evacuación partía al amanecer. Desde él, la pareja observó el reactor destruido. “Era como mirar al ojo de un volcán”, ha dicho Serhiy.

400 veces Hiroshima
La magnitud del desastre tardó en hacerse pública. Solo tras detectarse radiación en otros países, el líder soviético Mijaíl Gorbachov se pronunció. Según el OIEA y la OMS, la explosión liberó hasta 400 veces más material radiactivo que la bomba de Hiroshima.
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“Fue como un terremoto bajo nuestros pies. Vimos cómo se derrumbaba el techo… Y sonó la sirena“, ha descrito Nikolai Solovyov, ingeniero jefe.
Cientos de miles fueron movilizados para contener la catástrofe. Muchos trabajaron con protección mínima.

Días después, llegó otra noticia inesperada. Iryna estaba embarazada. “Tenía miedo de tener un bebé y miedo de abortar.” Contra el consejo inicial, decidió continuar. Su hija nació sana. Aun así, las dudas persisten. La pareja cree que la radiación pudo afectar su salud, aunque no hay confirmación médica.
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Hoy, la historia de Iryna y Serhiy continúa lejos de Ucrania. Se trasladaron a Alemania tras un ataque en Kyiv que afectó a su familia. “Nos fuimos por tres días, pero al final nos quedamos para siempre”. Hoy, han tenido que huir dos veces; primero de la radiación, después de la guerra.
“Creo que tuvimos que pasar por algunas dificultades en la vida para comprender que… realmente no podemos ser uno sin el otro“, ha sentenciado Serhiy, añadiendo que después de 40 años ”puedo decir que somos como un hilo en una aguja. Lo hacemos todo juntos”.
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