La Unión Europea confirma que la suspensión del acuerdo con Israel no saldrá adelante al carecer de la mayoría cualificada necesaria entre los Veintisiete

Kaja Kallas enfría las expectativas de España, Irlanda y Eslovenia al constatar que su propuesta de suspender el acuerdo con Israel no cuenta con el respaldo necesario en el Consejo

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La Alta Representante de la Unión Europea para Política Exterior, Kaja Kallas (REUTERS/Omar Havana)
La Alta Representante de la Unión Europea para Política Exterior, Kaja Kallas (REUTERS/Omar Havana)

La Alta Representante de la Unión Europea para Política Exterior, Kaja Kallas, ha confirmado este lunes desde Bruselas que, en el seno de la Unión Europea, no existe actualmente una mayoría cualificada suficiente para avanzar hacia la suspensión del Acuerdo de Asociación con Israel.

Esta declaración, realizada en los márgenes de una reunión del Comité de Enlace Ad Hoc (AHLC) sobre Palestina, supone un jarro de agua fría para las aspiraciones de países como España, Irlanda y Eslovenia, que han liderado en los últimos meses la presión diplomática para que el bloque comunitario revise de forma integral sus vínculos jurídicos y comerciales con el Ejecutivo de Benjamin Netanyahu debido a la situación en Gaza, Cisjordania y, más recientemente, el Líbano.

Kallas ha sido tajante al diferenciar los mecanismos legales que rigen el funcionamiento del club comunitario. Mientras que una ruptura total del acuerdo —el escenario más extremo— exigiría la unanimidad de los veintisiete Estados miembro, una suspensión parcial que afectara únicamente a capítulos específicos del tratado, como los beneficios comerciales o la reintroducción de aranceles, podría salir adelante mediante una mayoría cualificada. Sin embargo, la Alta Representante ha reconocido que, incluso para esta segunda vía menos ambiciosa planteada originalmente por la Comisión Europea, el consenso necesario sigue siendo esquivo entre las capitales europeas.

La presión del bloque mediterráneo y atlántico

La ofensiva diplomática coordinada por los ministros de Exteriores de España, Irlanda y Eslovenia alcanzó su punto álgido el pasado viernes con el envío de una misiva conjunta dirigida a la propia Kallas. En el documento, los tres países solicitaban formalmente un debate profundo en el próximo Consejo de Asuntos Exteriores en Luxemburgo, instando a que se mantengan “todas las acciones sobre la mesa”.

El argumento central de este grupo de países es que la gravedad de la violencia en Oriente Medio y la crisis humanitaria sin precedentes obligan a la Unión a utilizar su principal palanca de presión económica y política: el Acuerdo de Asociación de 1995, cuya cláusula de respeto a los derechos humanos consideran que ha sido vulnerada sistemáticamente.

No obstante, la realidad aritmética de Bruselas choca con la urgencia manifestada por Madrid y Dublín. Kallas ha recordado que ya existía una propuesta previa de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, para aplicar medidas restrictivas puntuales que no llegarían a la ruptura total de relaciones, pero que sí ejercerían una presión tangible sobre la economía israelí.

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas (REUTERS/Yves Herman)
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas (REUTERS/Yves Herman)

La jefa de la diplomacia ha sugerido que, ante el bloqueo de la suspensión total, la UE “debería” centrar sus esfuerzos en evaluar si existe la voluntad política mínima para activar estas sanciones comerciales selectivas. El debate se trasladará este martes a la mesa de los ministros de Exteriores, donde se prevé un intercambio de pareceres tenso sobre la eficacia de la política exterior europea en la región.

El obstáculo de la unanimidad y el factor húngaro

Uno de los puntos más críticos de la comparecencia de Kallas ha sido la gestión de las sanciones contra los colonos violentos en Cisjordania. Hasta la fecha, este paquete de medidas restrictivas se ha visto paralizado por el veto de un único Estado miembro. Aunque Kallas ha evitado nombrar directamente a Hungría, sus alusiones han sido transparentes al referirse al reciente proceso electoral en el país magiar y la formación de un nuevo gobierno. La Alta Representante ha expresado un optimismo cauteloso ante la posibilidad de que un cambio de postura en Budapest permita desbloquear las sanciones que ya cuentan con el visto bueno de 26 de los 27 socios.

La estrategia de Kallas parece pasar por una reevaluación de los “métodos de trabajo” y una exploración de los nuevos enfoques que el relevo institucional en Hungría podría aportar al Consejo. Esta vía es fundamental para mantener la credibilidad de la diplomacia europea, que se juega su relevancia en el conflicto.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado que el próximo martes el Ejecutivo propondrá a la Unión Europea romper el Acuerdo de Asociación con Israel porque "aquel gobierno que viola el derecho internacional no puede ser socio de Europa". (Fuente: PSOE)

Mientras España e Irlanda insisten en que el tiempo de las palabras ha terminado y que el Acuerdo de Asociación es la única herramienta real para forzar un alto el fuego, la maquinaria de Bruselas se mueve con la lentitud propia de un bloque que, por diseño, prioriza el equilibrio interno sobre la contundencia externa.

La complejidad del Acuerdo de Asociación reside en que es un tratado marco que regula no solo el comercio, sino también la cooperación técnica, científica y política. Una suspensión parcial, como la planteada por Von der Leyen en septiembre, supondría la eliminación de exenciones fiscales para ciertos productos y la congelación de fondos comunitarios destinados a proyectos conjuntos, pero mantendría abiertos los canales de comunicación.

Por el contrario, la suspensión total que sugieren los países más críticos dejaría a la UE sin interlocución formal y rompería la base jurídica de la relación bilateral, un paso que potencias como Alemania o la República Checa siguen viendo con enorme recelo por las implicaciones geopolíticas y de seguridad que conlleva en un contexto de inestabilidad global.