Juan Manuel Linquindoli, adiestrador canino: “No hay ninguna evidencia científica que diga que hay razas de perros más peligrosas que otras”

El experto desmonta uno de los mitos más extendidos sobre la agresividad canina

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Saber reaccionar a un episodio tan violento es crucial para la salud de tu perro
Montaje de Infobae en el que aparece Juan Manuel Linquindoli

El comportamiento de una mascota es uno de los aspectos que más preocupa a sus dueños. De hecho, suele ser uno de los puntos de inflexión más importantes antes de adoptar a un perro.

Una de las ideas más extendidas es que hay algunas razas que son más agresivas que otras. Sin embargo, esto no es así. Según explica el adiestrador canino Juan Manuel Linquindoli en su cuenta de TikTok (@filosofia.animal), esta afirmación no es real.

Tal y como señala, no existe evidencia científica que demuestre que haya razas genéticamente más agresivas que otras. Es decir, la agresividad no está determinada por el tipo de perro en sí, sino por múltiples factores que influyen en su desarrollo y comportamiento.

Ahora bien, el adiestrador matiza que sí hay razas que pueden resultar más peligrosas en determinados contextos. Pero esto no se debe a una mayor predisposición a la agresividad, sino a sus características físicas. Perros con mayor tamaño, fuerza o potencia mandibular pueden causar daños más graves si presentan un problema de conducta, en comparación con otros de menor tamaño.

En este sentido, no es lo mismo gestionar un episodio de agresividad en un perro pequeño que en uno de gran envergadura. Mientras que en razas más pequeñas las consecuencias pueden ser limitadas, en perros más robustos el riesgo aumenta considerablemente.

Sin embargo, esto no implica que unos sean más agresivos que otros, sino que las posibles consecuencias de esa agresividad son distintas. Por ello, insistir en que ciertas razas son “problemáticas” puede generar una percepción errónea.

Cómo actuar ante un episodio de agresividad

Ante una situación de agresividad, lo más importante es mantener la calma y evitar respuestas impulsivas que puedan empeorar el conflicto. Gritar, castigar o reaccionar con nerviosismo solo incrementa la tensión del animal y puede agravar su comportamiento.

Los expertos recomiendan, en primer lugar, identificar la causa que ha desencadenado esa reacción. El miedo, la protección, el dolor o la falta de socialización suelen estar detrás de muchos conflictos. Comprender el origen permite actuar de forma más eficaz y prevenir que vuelva a repetirse.

También es muy importante no invadir el espacio personal de tu perro durante ese momento. Dejarle espacio y evitar el contacto directo puede ayudar a que se relaje y recupere la calma. Una vez pasada la situación, será el momento de trabajar de forma progresiva en la conducta.

El Centro de Educación Especial Infanta Lena, en colaboración con Dogtor Animal y Purina, ha puesto en marcha un proyecto piloto de terapia asistida con perros. Descubre cómo Lía, una Golden Retriever, ayuda a los alumnos a mejorar sus habilidades sociales, comunicativas y motoras, generando sonrisas y una notable relajación.

En estos casos, contar con la ayuda de un profesional en educación canina puede marcar la diferencia. Un especialista podrá evaluar el comportamiento del animal, diseñar un plan de trabajo adaptado y guiar al propietario para gestionar correctamente este tipo de situaciones.

Cómo corregir la agresividad de tu perro

Cambiar su manera de comportarse no puede basarse en la agresivad, el castigo ni la imposición. Al contrario, requiere un enfoque basado en la comprensión y el refuerzo de conductas adecuadas.

Premiar los momentos de calma, anticiparse a situaciones conflictivas y reforzar hábitos positivos resulta clave en el proceso. Además, es imprescindible contar con la ayuda de profesionales en el caso de que no cambie su comportamiento.