La Real Sociedad se impone al Atlético de Madrid y repite la historia 39 años después

Marrero y Pablo Marín, héroes ‘txuri-urdin’

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La Real Sociedad se impone al Atle´tico de Madrid en la Copa del Rey. (REUTERS/Marcelo Del Pozo)
La Real Sociedad se impone al Atle´tico de Madrid en la Copa del Rey. (REUTERS/Marcelo Del Pozo)

La Cartuja volvía a acoger una final entre rojiblancos y ‘txuri-urdis’. Con la sombra del 87 y el pase de semifinales de Champions, el Atlético de Madrid llegaba para poner el broche de oro a una de las semanas más exigentes del Cholo Simeone en el banquillo. En frente, una Real Sociedad completamente transformada gracias al ‘efecto Matarazzo’, que ha conseguido que el equipo pelee por puestos europeos.

Tanto es así que los que hubieran encendido tarde la televisión se habrían encontrado con el 0-1 en el marcador. Saque de centro, diagonal buscando a Guedes y centro al corazón del área. Allí apareció un hambriento Barrene y un pasivo Ruggeri que no tuvo otro final que el balón en el fondo de la red. Jarro de agua fría para los del Cholo. No había pasado ni un minuto y ya estaban por detrás.

El único que parecía haber salido del túnel de vestuarios fue Lookman. Lo intento una y otra vez por la banda izquierda. La primera no tuvo más remedio que hacerle falta Aramburu y en las otras dos buscó el centro raso al punto de penalti. Bien la defensa donostiarra en los despejes. Iba despertando poco a poco el Atleti.

Tanto fue así que rebasamos el cuarto de hora y, por fin, aparecía ‘La Araña’ de cara a portería. Se asoció con Antoine, abierto en banda izquierda y, amagando un centro al área, encontró raso a Lookman. Control con derecha y disparo con la izquierda, ajustado al poste izquierdo de Marrero. Volvía a haber tablas.

Todo pasaba por el nigeriano. Marcos Llorente era el que más sufría. Completamente desaparecido. No agarraba la pelota y no tiraba los desmarques a la espalda. Más de lo mismo se puede decir de Nahuel y, sorprendentemente, del ‘cholito’. Los nervios de su primera final “con el equipo de su vida”, según dijo él, estaban pasando factura.

Con el empate de vuelta se dio la misma tónica que en los primeros 30 segundos. La Real creció y el Atleti achicó. Era un auténtico asedio sobre Musso. Griezmann y Julián obligados a recibir de espaldas, en balones divididos. Los de Matarazzo ganaban todo. Hasta tres veces tuvo que despejar el portero argentino balones en el área ‘chica’.

Fuera como fuese y pasada la media hora de juego, apareció aquel que llevaba todo el peligro de los colchoneros. Lookman volvió a encarar y se volvió a ir. Ganó línea de fondo y, en la zona de los goles, apareció el francés, muy forzado. No hubo disparo, pero estaba claro que el peligro estaba ahí.

Sin embargo, eso no fue suficiente para cambiar el guion. Los donostiarras seguían creando peligro. Llegó de la forma más inesperada. Desde casi el medio del campo en un centro que sorprendió a todos. Incluso a Musso. El caso es que el portero, en el primer error que comete bajo palos, sale en falso y golpea en la cabeza a Guedes, que había rematado. Tarjeta clara.

Alberola no dudó y señaló los once metros. Allí aparecía el especialista. El hombre de las finales: Mikel Oyarzabal, que engañó por completo al guardameta. Se volvía a adelantar la Real, justamente cabe decir. Final de primer acto y jugadores a vestuarios.

A la vuelta fue diferente. El Atlético salió más intenso. Bien porque iba perdiendo, bien porque le tocaron el orgullo. Tal vez porque el Cholo les ha cantado las cuarenta en el descanso. La segunda parte tenía el campo inclinado hacia la portería de Marrero. Aluvión de centros del Atlético de Madrid a los que respondía a la perfección el portero ‘txuri-urdin’.

Lo leyó el Cholo y metió rápido al gigante Sorloth y Nico González. Buscando esa épica que le funcionó en LaLiga. Respondía Matarazzo, más obligado a cambiar para recuperar balón. No sucedió. Si antes no cambió el guion, ahora tampoco. Bien es cierto que la sensación de peligro era mayor que las oportunidades o la calidad de las ocasiones.

El Atleti movía el balón de lado a lado. Lento. Buscaban el centro. A su referencia: Sorloth. Pero la defensa, capitaneada por un imperial Jon Martin, no tenía fisuras. Entre tanto, volvía a haber cambio de cromos. Entraban Baena, Almada y Cardoso por un lado. Por el otro, Oskarsson, Aihen Muñoz, Pablo Marín y Gorrotxategui.

Entre centro y centro, entre despeje y despeje de la zaga blanquiazul, volvía a recuperar siempre la línea defensiva del Cholo. Se acaban las fuerzas. Cada vez se encerraba más la Real Sociedad. Hasta que llegó el embotellamiento definitivo. Ese en el que no te da tiempo a salir y justo le cae al mejor de los otros: Julián. En un centro pasado desde la izquierda, la recogía la zaga colchonera, que encontraba a Julián en la frontal. Control exquisito de espuela y, sin mirar, al fondo de la red. Golazo a la altura de muy pocos.

La charla del Cholo hizo su efecto. Todo indicaba que nos íbamos a la prórroga. Y así fue. Aunque tuvieron para impedirlo Sorloth, Baena y Cardoso. Las tres muy claras. El caso es que iba a haber un tercer y cuarto acto. Igual que aquella final de hace 39 años.

Si la charla del Cholo al descanso espabiló a los suyos, los cinco minutos entre el final de los 90 reglamentarios y el inicio de la prórroga fueron de tanto de Matarazzo como del argentino. Los primeros quince minutos fueron un auténtico intercambio de golpes. Hasta una de triple ocasión gozó la Real, y una mano a bocajarro de Musso impidió que se volvieran a poner por delante.

También las tuvo el Atleti. Mismo modus operandi. Centro y más centros. Y en la frontal Julián, que estuvo a punto de volver a ‘picar’ si no se lo hubiera impedido la escuadra. Así llegábamos al cuarto y último acto. Otra vez cogía el timón la Real. Pero cada ataque del Atlético tenía peligro. Otra vez Koke buscó a Sorloth en la única de peligro de la segunda parte del tiempo extra. Todos los jugadores estaban muy cansados. Todos firmaban los penaltis. Y allí nos fuimos.

¿Se acuerdan otra vez de la del 87? Pues también acabó en penaltis. Y en 2026, la historia se volvía a repetir. La lotería de los once metros iba a decidir quién levanta el trofeo. Y la suerte sonrió, por segunda vez a la Real.