Esto es lo que aguanta una botella de vino abierta en la nevera, según expertos

Una vez se descorcha, el vino entra en contacto con el oxígeno y comienza su proceso de oxidación

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Una mujer con una blusa verde esmeralda sostiene una copa de vino tinto, el líquido se remueve. Al fondo, estantes con botellas de vino borrosas.
Si el vino entra en contacto con el oxígeno, comienza un proceso natural de oxidación. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Abrir una botella de vino y no terminarla es algo bastante habitual en muchas casas. Dejarla a medias y guardarla para otro momento, ya sea por moderación o porque simplemente no te apetece beber más. Sin embargo, esta costumbre lleva asociada una duda muy frecuente: ¿Cuánto tiempo se puede conservar el vino abierto sin que pierda sus cualidades?

Cuando una botella se descorcha, el vino entra en contacto con el oxígeno y comienza un proceso natural de oxidación que afecta progresivamente a sus aromas, su sabor y su estructura. Por eso, conservarlo de forma adecuada es fundamental si se quiere alargar su vida útil unos días más.

En este sentido, los expertos coinciden en una recomendación básica: guardar siempre la botella en el frigorífico, independientemente de si es vino blanco, rosado o tinto. El frío ayuda a ralentizar las reacciones químicas que deterioran el vino y permite que se mantenga en mejores condiciones durante más tiempo.

“Una vez abierto el vino, la exposición al oxígeno hace que tienda a avinagrarse, así que el frigorífico es una excelente manera de conservar su frescura”, señala Austin Hohnke, propietario de una tienda especializada en vinos en Brooklyn, en declaraciones a Real Simple.

Cómo conservar una botella abierta

Más allá de la temperatura, hay otros factores que influyen en su conservación. Uno de los más importantes es la posición de la botella. Mantenerla en vertical reduce la superficie de contacto con el oxígeno, lo que contribuye a retrasar su degradación. También es clave volver a colocar el corcho o utilizar un tapón hermético para minimizar la entrada de aire.

En el caso de los vinos tintos, además, conviene sacarlos de la nevera con antelación antes de consumirlos. Tamy Rofe, directora de vinos de un restaurante en Nueva York, aconseja dejar que se atemperen: “Si está demasiado frío, puede que no se aprecien todas sus peculiaridades”. Bastan unos 30 minutos fuera del frigorífico para que el vino recupere mejor sus matices.

Primer plano de una persona sosteniendo una copa de vino tinto y una botella, con platos de queso y uvas, y velas encendidas en una mesa de madera.
Para que el vino recupere mejor sus matices bastan 30 minutos fuera del frigorífico.(Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuánto tiempo aguanta realmente

No hay una única respuesta válida para todos los vinos, pero sí una orientación general. La mayoría de los expertos sitúa el límite en torno a los tres o cuatro días desde su apertura. A partir de ese momento, el vino suele empezar a perder frescura, intensidad y equilibrio, aunque no necesariamente deja de ser bebible.

Aun así, no todos los vinos evolucionan igual. “Algunos vinos podrían beneficiarse de un poco de oxígeno y tener mejor sabor al segundo día”, apunta Rofe, ya que ese contacto puede ayudar a que se abran y desarrollen nuevos matices. En general, los vinos con mayor graduación alcohólica, más estructura o mayor contenido en azúcar tienden a ser más estables una vez abiertos.

En la misma línea, Hohnke advierte de que “normalmente, al tercer o cuarto día, un vino empieza a perder frescura, estructura y vitalidad”. Eso sí, hay excepciones. Los vinos en formato “bag in box”, gracias a su sistema sellado al vacío, pueden conservarse durante más tiempo. “Pueden mantener el vino fresco durante un mes entero una vez abiertos”, explica.

Formato 'bag in box' (Alcornoque)
Los vinos en formato “bag in box” pueden conservarse durante más tiempo. (Alcornoque)

Cómo saber si todavía se puede beber

A diferencia de otros alimentos, el vino no se vuelve peligroso para la salud con el paso de los días, aunque sí puede perder calidad y resultar menos agradable. “Normalmente, el vino no se vuelve perjudicial para la salud”, aclara Ortiz, quien recuerda que el alcohol y la acidez dificultan el desarrollo de microorganismos dañinos.

“Un vino aún se puede beber si te gusta su sabor. Es así de simple”, afirma Rofe. Aun así, hay algunas señales claras de que está pasado: olores a vinagre, a disolvente o a cartón húmedo suelen indicar que ha perdido sus cualidades. En cuanto al aspecto, un ligero oscurecimiento es normal debido a la oxidación, pero si el vino presenta turbidez, puede ser señal de que ya no está en buen estado.

En cualquier caso, el criterio final es siempre personal. Si el vino sigue resultando agradable, se puede seguir disfrutando sin problema. Al fin y al cabo, más allá de las recomendaciones, el paladar es quien tiene la última palabra. Como resume Hohnke: “Si crees que el vino todavía sabe bien, entonces sigue bebiéndolo”.