
El misterio siempre ha envuelto a las pirámides de Giza. Nadie ha sabido dar respuesta a su perfecta alineación en pleno desierto o a su enorme magnitud sin crear teorías vinculadas a extraterrestres, magia, con enormes rampas o mediante un sistema de poleas con contrapesos deslizantes. No obstante, un nuevo estudio publicado en Communications Earth & Environment asegura haber dado por fin con el método con el que se erigieron en el 2.500 a. C. las impresionantes pirámides.
El secreto oculto durante milenios yace bajo capas de suelo fértil y desierto: un antiguo brazo del río Nilo, ahora desaparecido, conocido como la Rama Ahramat (de “pirámides” en árabe). “Nadie estaba seguro de la ubicación, la forma, el tamaño o la proximidad de este megacanal al emplazamiento real de las pirámides”, ha afirmado la geógrafa egipcia y la autora del estudio, Eman Ghoneim. Al parecer, esta vía fluvial, hoy invisible a simple vista, ha sido detectada combinando imágenes de radar satelital, técnicas geofísicas y perforaciones profundas del subsuelo.
Según exponen los autores del estudio, el paisaje del valle del Nilo —entre el sitio de Lisht y la famosa meseta de Guiza— experimentó grandes cambios ambientales y climáticos. Hace unos 12.000 años, el Sahara era una pradera, regada por lluvias frecuentes y grandes ríos. Cuando el clima se volvió más árido hace 5.000 años, las poblaciones buscaron las orillas del Nilo, el único provecho de agua dulce de la región. Sin embargo, en aquel entonces, el Nilo no era un solo canal, sino que múltiples brazos sinuosos cruzaban el valle, favoreciendo la navegación y facilitando asentamientos en ambas márgenes.
Canales de hasta 64 km de largo y entre 200 a 700 metros de ancho
Con el paso del tiempo y la progresiva reducción de lluvias, muchos brazos se secaron o cambiaron de curso. Los investigadores encontraron que la Rama Ahramat corría al pie del desierto occidental, justo donde se elevan 31 de las principales pirámides del antiguo Egipto, construidas entre los reinos Antiguo y Medio (2686–1649 a.C.). Ahora, algunas imágenes de radar de alta resolución revelan huellas de este canal extinto bajo los campos de cultivo y arenas actuales, con hasta 64 km de largo y entre 200 a 700 metros de ancho.

Pero ¿por qué es tan importante este hallazgo? Las pirámides no eran monumentos aislados. Cada complejo incluía una calzada procesional, un templo funerario y, crucialmente, un “templo del valle” que funcionaba como puerto de entrada fluvial. Los científicos comprobaron que muchas de estas calzadas desembocaban justo en la antigua ribera de la Rama Ahramat, hoy enterrada. Esto sugiere que la rama funcionaba como una sólida autopista acuática para transportar bloques de piedra, trabajadores y materiales directamente hasta la base de las pirámides.
De hecho, se conservan restos de cinco templos-valle directamente alineados con la rama perdida, incluyendo los de las pirámides de Keops, Kefrén, Micerinos y la famosa pirámide “acodada” de Snefru en Dahshur. La ubicación de estos puertos fluviales, una vez inexplicable por su aparente lejanía del actual Nilo, cobra lógica: en su época, estaban sobre la orilla de este desaparecido brazo.
¿Cómo se detecta un río invisible?
El estudio también revela que la altura y ubicación de las pirámides están relacionadas con el nivel de agua de la rama. En épocas de mayor caudal, se construían alejadas del actual curso; cuando bajó el nivel, las necrópolis se acercaron más al río y la llanura. Durante los períodos intermedios, las sequías y el avance de las arenas del Sahara sellaron el destino de esta rama. Así el canal migró hacia el este, encenagándose y finalmente quedando sepultado bajo décadas de depósitos y dunas.
¿Pero cómo se detecta un río invisible? El equipo aplicó tecnología satelital de radar capaz de penetrar hasta en 50 cm de arena seca, identificando diferencias sutiles en la topografía y textura del subsuelo. Complementaron esta información con estudios geofísicos y tomaron muestras de suelo de hasta 20 metros para confirmar la presencia de antiguos sedimentos de ríos, que aún están húmedos en lo profundo y tienen una composición diferente al entorno.
Un nuevo mapa para la arqueología egipcia
Gracias a este descubrimiento, los científicos pueden explicar por primera vez por qué el mayor número de pirámides se concentra en esta franja concreta del desierto: estaban, sencillamente, junto al “puerto” fluvial que hacía posible su construcción. Además, como ha señado una de las coautoras, la Dra. Suzanne Onstine, para la BBC: “Localizar el afluente [del río] y contar con datos que demuestren la existencia de una vía fluvial que podía utilizarse para el transporte de bloques más pesados, equipos, personas, en fin, de todo, nos ayuda enormemente a explicar la construcción de las pirámides”.
Este método, subrayan los autores, puede replicarse en otras regiones arqueológicas del mundo donde los paisajes han cambiado y los ríos han desaparecido, abriendo nuevas perspectivas sobre la historia de las civilizaciones y su relación con las grandes vías de agua. En definitiva, el antiguo brazo del Nilo no solo unía las pirámides: fue la arteria por la que fluyó, en bloque y en esfuerzo común, el titánico sueño de piedra de los antiguos egipcios.
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