El PSG hace historia. Bicampeón de Europa. Luis Enrique tiene el mejor equipo del mundo. Con un estilo completamente atractivo, de ataque, de fútbol asociativo, vistoso... en definitiva, hermoso. Raro será que en la quiniela del año que viene no entre como favorito absoluto para ganar, igualando la gesta del Real Madrid. Mala fortuna para los de Arteta. Habrá que seguir esperando. Pero orgullo por haber llegado hasta aquí. Porque la final tuvo que irse a los penaltis. Porque han ‘secado’ al mejor ataque de todos. Incluso estando mejor en la prórroga.
Arrancó el partido de la manera más extraña posible. Pelotazo de Declan Rice que cogió más altura que metros a la defensa parisina. Hasta ahí, el guion era el esperado. Atacaba el PSG y defendía el Arsenal. Pero eso duró cinco minutos. Tras un rebote y una salida en falso de Pacho, Havertz, el hombre de las finales, aprovechó para romper todos los pronósticos y darle la razón a su entrenador. Corrió por la banda, se plantó en el área y, cuando parecía que ya se había quedado sin espacio, la puso en el fondo de la red.
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A partir de ahí, el cuento nos lo sabíamos todos. Los de Luis Enrique con la pelota y los de Arteta organizados en defensa. Sin embargo, el equipo que debería estar incómodo era el que atacaba. Muchos pases, casi todos horizontales, sin romper líneas (cabe mencionar el espectacular esfuerzo y trabajo de todos los jugadores gunners) y los jugadores diferenciales con poco espacio para encarar. Se echó en falta a Kvaratskhelia, que no lo intentó. Más activo estuvo Dembélé, pero siempre rodeado de dos sombras como eran Gabriel y Saliba. Doué fue el mejor, o por lo menos el más activo.
Se sucedieron los intentos de los franceses. Primero Dembélé, luego Fabián, después Doué... No había manera. El Arsenal era inexpugnable. Y entre tanto, contrataques a medias de un Arsenal que no superaba el centro del campo. Pero cuando lo hacía llevaba peligro. Porque las dos veces que consiguió encontrar a sus hombres peligrosos obligó a intervenir a Safonov en una y a Marquinhos ‘in extremis’ en otra. Pero no hubo tiempo para más. Ni siquiera para el córner que el propio árbitro dijo que se iba a lanzar con el tiempo cumplido. Tardó mucho el Arsenal y envió a todos a vestuarios. Merecido, dicho sea de paso.
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A la vuelta fue muy distinto. No solo en lo futbolístico. También en lo arbitral. Tanto que la primera tarjeta del partido fue por pérdida de tiempo. Para Mosquera. Importante. Porque el PSG salió mucho más vertical, agresivo, decidido a empatar el partido. La presión surtió efecto y, justo pasada la hora de juego, una pared entre Kvaratskhelia y Dembélé obligó al lateral español a derribar al georgiano en el área. Penalti clarísimo y roja perdonada.
Tanto fue así que Arteta, mientras los parisinos celebraban, sacó a Mosquera del campo. Era turno de cambio de cromos y Luis Enrique también hizo los suyos. Con la energía renovada la cosa tomó un ritmo más. La recta final prometía emociones fuertes. Y vaya si las hubo. Kvaratskhelia se estrelló con el palo y la entrada de Gyökeres oxigenó el ataque gunner. Dembélé lo volvió a intentar, Doué se movió por todas las zonas de ataque y el Arsenal, a base de empuje, también tuvo sus oportunidades. Pero el marcador no se iba a mover más. El partido estaba condenado a la prórroga.
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Y allí no fuimos. Pero con guion completamente distinto. El cansancio hizo mucha mella en los jugadores. Tanto PSG como Arsenal tuvieron que cambiar a todos sus jugadores de línea de ataque. Saka y Haverz visiblemente tocados. Dembélé y Vitinha con los gemelos subidos. Poco fútbol en los primeros quince minutos extra. El ‘mini’ descanso sirvió para aclarar ideas y renovar lo justo las piernas. El PSG tomó la iniciativa y el Arsenal volvió a aceptar. Los franceses descansaban con la posesión del balón y el Arsenal se recomponía en bloque bajo por mucho que Arteta pidiera adelantar las líneas. No había energías. Ambos firmaban los penaltis.
Y así fue. La fortuna sonrió a los de Luis Enrique. Segunda Champions seguida para el técnico que ha hecho de París el mejor equipo del mundo. Difícil es que varios de sus jugadores no peleen por ganar el Balón de Oro este año.
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