
El interés que cobran las entidades financieras por los minicréditos se ha disparado al 4.963% TAE (tasa anual equivalente) en el producto estándar que presta 300 euros a devolver en un mes, lo que supone un fuerte repunte respecto al 3,417% del año pasado. Es el interés más elevado desde que se tienen registros, según fuentes de la Asociación de Usuarios Financieros (Asufin).
Tras esta nueva subida del interés, las entidades pretenden sacar la máxima rentabilidad a estos productos antes de que se apruebe la ley de crédito al consumo que se tramita en el Congreso, con la que se quiere establecer una TAE lineal del 4% a los minicréditos que proporcionan liquidez inmediata.
El Consejo de Ministros aprobó en enero de este año un anteproyecto de ley que regula los créditos al consumo, entre los que se encuentran los microcréditos, las tarjetas ‘revolving’ o los préstamos rápidos en plataformas digitales. La norma establece que los créditos de alto coste, conocidos como ‘microcréditos’, -que suelen ser de bajo importe, plazo de reembolso reducido y tipos elevados- tengan un tipo de interés de hasta el 4% y una comisión máxima del 5% sujeta a un máximo de 30 euros.
Además, recoge que el coste máximo de estos créditos no podrá ser superior al de un crédito a doce meses por el mismo importe bajo el régimen general y tendrán un periodo mínimo de reembolso de al menos tres cuotas mensuales.
Desde el Ministerio de Economía ponen un ejemplo de cómo el interés de estos productos bajará si finalmente se aprueba la ley: “Un microcrédito de 300 euros y un plazo de 30 días le supone hoy al consumidor un coste promedio de 103 euros. Con la entrada en vigor de la normativa, el crédito de alto coste deberá ser reembolsado en un mínimo de tres meses con un coste máximo de 40 euros. Si el consumidor decide reembolsar a los 30 días, el coste será de 20 euros”.
Incremento de precios “inaudito”
Pero hasta que no se apruebe esta ley, las entidades han optado por seguir encareciendo los minicréditos, cuya principal ventaja es que aportan liquidez inmediata a los que los contratan, pero, eso sí, a un precio exorbitado. Desde Asufín consideran que este mercado “vive un incremento de precios inaudito”. Recuerdan que esta es “la mayor subida en cinco años, la mayor de nuestra serie histórica, que comienza en 2021”.
Según recoge el VII Barómetro de Asufin, el mercado está aprovechando para ofrecer productos más caros a devolver en menor plazo. Frente a ejercicios anteriores, las entidades elevan las cuantías ofrecidas: la media mínima se sitúa en 102 euros, frente a los 92 del año pasado, el valor más alto de toda la serie. Mientras que el importe máximo pasa de 990 a 1.017 euros, también el mayor techo alcanzado.
En cuanto a los plazos de devolución, caen con fuerza hasta los 12,3 días de media, frente a los 17,2 de 2025, el valor más bajo de toda la serie. “Vemos una oferta que se concentra cada vez más en operaciones de devolución inmediata, lo que intensifica la presión sobre el cliente que acude a estos productos”, señalan desde Asufin.

Solo contratar en casos estrictamente necesarios
Esta presión hace que desde la asociación de consumidores Facua aconsejen a los ciudadanos no contratar minicréditos a no ser que les sea estrictamente necesario.
“Aquellos usuarios que estén pensando en contratar un microcrédito, que valoren si realmente necesitan endeudarse con este tipo de préstamos”. También recomienda que “deben asegurarse de las características y condiciones del mismo para que no incluyan intereses usureros ni condiciones abusivas como gastos y comisiones de las que no han sido informados”.
El aumento de su interés hace que los minicréditos sean uno de los productos más caros del mercado para obtener financiación. Según datos de Asufin, una operación de 300 euros a 30 días cuesta en minicréditos 111,42 euros, con una TAE media del 4.963,02%, frente a los 18,12 euros de una tarjeta de crédito en disposición de efectivo (101,89% TAE) y los 4,62 euros de una tarjeta para compra aplazada (19,97% TAE).
“Esto significa que el minicrédito resulta casi 49 veces más caro que disponer de esa misma cantidad con tarjeta y hasta 249 veces más caro que financiar una compra equivalente con tarjeta”, señalan desde la asociación de usuarios financieros.

Riesgo de impagos y penalizaciones por demora elevadas
Otras consecuencias de su elevado coste son que los minicréditos mantienen un riesgo adicional importante de impago. Desde Facua advierten de que “la concesión irresponsable de préstamos al consumo a tipos de interés muy superiores a los normales favorece el sobreendeudamiento de los consumidores y sus situaciones de vulnerabilidad y desprotección”.
En este escenario, las penalizaciones por demora son muy altas. “Lejos de suavizarse, muchas entidades mantienen recargos diarios muy elevados y comisiones fijas, que, aunque existan límites máximos, pueden multiplicar de forma extraordinaria la deuda inicial”, explican desde Asufin.
La asociación incide en que junto a intereses de demora del 0,80% diario en Vivus, del 1,20% en Wandoo, del 1,40% en Dineocrédito y Dinevo, o del 1,49% en Loaney, aparecen también cargos fijos importantes, como los 30 euros de Moneyman, los hasta 60 euros acumulados de Cashper o los 200 euros para nuevos clientes de Quebueno.
3.840.864 contratos de microcréditos
Su interés elevado no disuade a los consumidores de contratarlos. Así, en 2025, las empresas integrantes de la Asociación Española de Micropréstamos (Aemip) formalizaron 3.840.864 contratos de microcréditos, por un volumen total que alcanzó los 1.236 millones de euros.
El importe medio por préstamo ha seguido una senda descendente en los dos últimos años, pasando de 371 euros en 2023 a 346 euros en 2024 y a 322 euros en 2025. “Esta evolución confirma que los microcréditos se utilizan, mayoritariamente, para cubrir necesidades de liquidez de pequeño tamaño, en línea con su diseño como producto de bajo importe y corta duración”, señalan fuentes de Aemip.
Respecto al uso efectivo de los préstamos, el sector registra un plazo medio de uso de 22,57 días sin extensiones y 31,65 días cuando se incluyen extensiones, lo que refuerza el carácter de los microcréditos como un puente de liquidez y no como una forma de financiación estructural a largo plazo.
En cuanto a la ratio de aprobación de nuevos clientes, se situó el año pasado en el 16,30%, es decir, menos de dos de cada diez solicitudes de nuevos clientes son finalmente aprobadas, lo que, según Aemip, “evidencia la existencia de procesos de evaluación de solvencia exigentes”.
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