
La exclusión de las mujeres en la Semana Santa de Sagunto, en Valencia, es tan solo un ejemplo de la desigualdad que enfrentan las mujeres en la Iglesia católica. A pesar de que ellas representan la mayoría de fieles activos y son esenciales en la vida diaria de las parroquias y comunidades religiosas, su participación en los espacios de poder y toma de decisiones sigue vetada, según denuncian organizaciones como Redes Cristianas y Revuelta de Mujeres en la Iglesia.
La Iglesia católica sostiene la prohibición del acceso de las mujeres al sacerdocio y al diaconado fundamentándose en razones teológicas que han sido interpretadas históricamente desde una perspectiva patriarcal, explican desde estos colectivos y, aunque existen debates internos y voces que cuestionan esta interpretación, la jerarquía eclesiástica sigue defendiendo que la exclusión de las mujeres de estos ministerios responde a la tradición y al modelo apostólico.
El papa Francisco abrió algunos espacios en la Iglesia durante su pontificado, como permitir que mujeres laicas sean lectoras, acólitas o catequistas, y se nombró a mujeres en puestos de responsabilidad en el Vaticano, pero estos avances solo representan una variación mínima en una estructura dominada por hombres. Con la elección de León XIV en mayo de 2025, tampoco se anticipan cambios significativos en la incorporación de mujeres a los principales ámbitos de responsabilidad y toma de decisiones en la Iglesia católica.

Para la plataforma Redes Cristianas, que reúne a diversos colectivos católicos progresistas, esta falta de igualdad solo refleja que la Iglesia “no acaba de entender que debe ser una comunidad de iguales”. “Creemos que debería haber una igualdad a todos los niveles en la institución, porque las mujeres ya están presentes en el resto de ámbitos y en puestos de máxima responsabilidad, como presidentas al frente de un Gobierno. No entendemos por qué la Iglesia no toma nota de ello”, dice a Infobae Raquel Mallavibarrena, portavoz de este colectivo.
A pesar de esos avances en el Vaticano, añade, “lo sagrado sigue siendo exclusivo de los hombres, ya que desde hace siglos existe un estamento clerical muy consolidado que lleva las riendas”, aunque son muchas las mujeres que sienten vocación tanto para el sacerdocio como para el diaconado y siguen excluidas de estos ministerios, advierte la activista.

“Si nos marcháramos, muchas parroquias tendrían que cerrar”
Mallavibarrena subraya la paradoja que existe en la Iglesia católica, pues la presencia femenina “es claramente mayoritaria en parroquias, asociaciones y movimientos eclesiales”, lo que hace aún más evidente la contradicción de que las mujeres sigan excluidas de los ministerios y los espacios de decisión. “Si las mujeres nos marcháramos de la Iglesia, en muchas parroquias y otras asociaciones tendrían que cerrar, porque somos nosotras quienes representamos la base más activa y comprometida en la vida cotidiana de la institución”.
En un contexto como el actual en España, donde las mujeres ocupan posiciones de liderazgo en gobiernos, empresas y altos cargos públicos, “todavía resulta más incongruente” que la Iglesia mantenga prácticas discriminatorias, añade la activista. “Lamentamos que una institución tan importante y con tanta influencia siga anclada en el pasado y mantenga estos vetos a las mujeres. Se percibe una falta de sensibilidad hacia el compromiso de tantas mujeres que no es correspondido, por no hablar de temas como los abusos sexuales y la violencia de género, en los que la Iglesia debería implicarse mucho más”, afirma.

Mallavibarrena advierte que, si la Iglesia continúa posponiendo reformas por la resistencia de los sectores más conservadores y no atiende las demandas de cambio, corre el riesgo de alejar a muchas personas comprometidas. Esto tendría un impacto negativo en una institución que ya registra una pérdida constante de fieles, tanto en España como en el resto del mundo.
No obstante, en este escenario de demandas crecientes hacia la Iglesia, este 30 de marzo el Gobierno, la Conferencia Episcopal Española, la Confederación Española de Religiosos y el Defensor del Pueblo han firmado un protocolo para indemnizar a las víctimas de abusos sexuales en el ámbito eclesiástico cuyos casos han prescrito. Si bien la medida no soluciona el daño causado a los supervivientes, supone un paso relevante tras años de silencio y encubrimiento por parte de la institución.

“Exigimos los mismos derechos que los hombres”
La postura de la Iglesia en materia de igualdad también es cuestionada por el colectivo Revuelta de Mujeres en la Iglesia. Desde allí insisten en que lo mínimo y más urgente es que las mujeres tengan “los mismos derechos que los hombres en cuestiones de salario, trabajo y dignidad” dentro de la institución. Teresa Casillas, una de las portavoces, explica que las religiones suelen justificar esta desigualdad en fundamentos teológicos que presentan una imagen patriarcal y masculinizada de Dios, lo que excluye a las mujeres de roles de liderazgo y de los sacramentos. “La actitud de la institución es anacrónica y solo hace falta darse una vuelta por las iglesias para comprobarlo”, sostiene.
Casillas, que es miembro del Comité Ejecutivo del Catholic Women’s Council, una red global que agrupa organizaciones de mujeres católicas de diversos países, también denuncia que aún persisten ideas sobre la impureza del cuerpo femenino y que el modelo tradicional de esposa sigue siendo el de una mujer sometida. Esto repercute, explica, en la exclusión de las mujeres de la predicación, la toma de decisiones y la administración de los sacramentos, considerados canales de la gracia divina. “No podemos ser mediadoras de esa gracia porque nuestros cuerpos son femeninos”, añade.
Desde el colectivo insisten en que las mujeres “no quieren conformarse con las migajas” y reclaman la abolición del clericalismo, por ser “una estructura jerárquica que las subordina”. También exigen un lenguaje más inclusivo en la liturgia y el reconocimiento de las mujeres pioneras que han hecho teología a lo largo de la historia de la Iglesia.
“Nosotras decimos que Jesús fue un feminista que, en su tiempo, rompió con los modelos patriarcales impuestos. Por eso creemos que el feminismo es imprescindible en la Iglesia, porque la comunidad que experimentó Jesús fue, en esencia, una comunidad de iguales”, concluye Casillas.
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