Torrijas de poleá, la curiosa combinación de dos postres tradicionales que triunfa en una pastelería de Sevilla

En La Esencia, obrador sevillano con sede en Mairena del Aljarafe, preparan también unas originales torrijas de vino con crema de naranja

Guardar
Las torrijas de poleá de
Las torrijas de poleá de La Esencia, un clásico renovado de la ciudad de Sevilla (Montaje Infobae)

La ciudad más devota de España celebra la llegada de las torrijas casi con el mismo fervor con el que recibe los primeros pasos de su Semana Santa. Desde el comienzo de la Cuaresma, este postre tradicional comienza a llenar las vitrinas de confiterías y pastelerías sevillanas, un pan remojado y frito con sabor a limón y canela que, en Sevilla, se prepara con cientos de estilos y sabores.

En La Esencia, el obrador sevillano con sede en Mairena del Aljarafe, las veneran como si de un santo se tratara, cuidándolas hasta el mínimo detalle y replicándolas año tras año religiosamente. Por eso, cuando llega la esperada Cuaresma, el equipo liderado por Javier González se pone manos a la masa, trabajando día y noche para preparar la que es su receta más demandada.

Decenas de sevillanos y visitantes acuden cada día a los cinco locales repartidos por la ciudad hispalense, un peregrinaje que tiene estas torrijas recién hechas como milagro final. Además de las opciones tradicionales —como la de vino y miel o la de leche, quemada al estilo crème brûlée—, La Esencia recupera sabores de antaño con elaboraciones como su torrija de poleá, una receta que une dos de los postres más tradicionales de la gastronomía andaluza en uno solo.

Además de su torrija de poleá, que ya acumuló ventas de récord el año pasado, en 2026 suman otra novedad a su surtido de torrijas. Se trata de una torrija de vino coronada con una crema de naranja y canela tostada, elaborada con las naranjas ecológicas del huerto familiar y siguiendo la receta de la abuela Toñi. Un toque cítrico exquisito que se convierte en un homenaje a la tradición y a los sabores de la tierra hispalense.

Martín Martínez, del restaurante Villaroy's, explica los ingredientes y el paso a paso de su receta ganadora en el Madrid Fusión.

Cómo se hace la torrija de poleá

“La innovación está en mirar a los antepasados”, aseguraba el propio Javier González en un vídeo publicado en Instagram, en el que aparecía mano a mano con su madre, encargada de transmitir la receta tradicional de la poleá. Y es que esta torrija, horneada y no frita y conformada por una masa de brioche elaborada en el propio obrador, se cubre con una poleá que sigue la receta de los abuelos de Javier. “Ellos ya no están aquí con nosotros, ella es la que heredó la receta y es la que nos lo transmite para nuestras torrijas”, explica el pastelero.

Aceite de oliva, matalahúva, limón, harina, azúcar, leche y canela en rama. Y, por último, Anís del Mono. Son los ingredientes que conforman estas deliciosas gachas dulces andaluzas, o al menos las que esta familia sevillana ha preparado desde siempre. Típica de Andalucía, especialmente en Sevilla, Cádiz y Huelva, la poleá se solía consumir en los años difíciles, por lo barato y accesible de sus ingredientes, aunque hoy se reivindica como una de esas delicias que nos transportan a la más tierna infancia.

Uno de los locales de
Uno de los locales de La Esencia, la pastelería sevillana que elabora las torrijas de poléa (Instagram / @sientelaesencia_pan)

“Primero se calienta el aceite y se echa la matalahúva y el limón. Se remueve para aromatizar el aceite de oliva”, comienza explicando su receta la mujer sevillana. Una vez el aceite ha absorbido todo el aroma, se cuela para deshacernos de los restos y continúa la receta. “Ahora se echa la harina y se va removiendo hasta que tenga un colorcito tostadito. Después se echa la canela y el azúcar y se le va agregando la leche previamente calentada. Y ya después se revuelve y vamos espesando. Lo último, una copita de anís”.

Una receta dulce que recupera el sabor de otra época, mezclando dos de los postres más tradicionales de la cultura andaluza y fusionándolos en una única delicia de Semana Santa. Ambas versiones, tanto la de poleá como la de vino y naranja se encuentran disponibles en sus cinco locales (Asunción, Tomares, El Porvenir, Mairena y Pisa) por un precio de 7,50 euros/2 unidades.