
El alcohol no solamente se puede ingerir a través de la bebida. Tampoco es una actividad exclusiva de los seres humanos. Así lo han demostrado recientemente diversos estudios que asocian a la figura de los chimpancés con el consumo diario de alcohol, ya que tenían tendencia a ingerir fruta madura con alta concentración de etanol. Sin embargo, esos estudios no habían podido demostrar que los chimpancés tenían alcohol en su organismo a diario. Hasta que durante las noches del 15 al 21 de agosto, Aleksey Maro, primatólogo de la Universidad de California, recogió los restos de orina de los chimpancés del parque nacional de Kibale (Uganda). Su objetivo era someterles a “un control de alcoholemia” para demostrar que la especie, Pan troglodytes, más comúnmente conocidos como chimpancés, contenían alcohol en su organismo.
Los resultados de su última investigación están recogidos en la revista científica Biology Letters. En un primer filtro, de los 20 chimpancés a los que recogió 20 muestras de orina, 17 dieron positivo. Es decir, superaron los 300 nanogramos por mililitro, por encima del umbral establecido.
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Después Maro, les sometió a un segundo filtro más exigente; diez de las muestras superaron los 500. Es decir, estableciendo un paralelismo con el ser humano, sería la cantidad de alcohol que tendría una persona en su organismo tras consumir una o dos copas durante las 24 horas previas.

¿Por qué los chimpancés tienen alcohol en su organismo?
El alcohol llega al organismo de los chimpancés después de que estos consuman fruta madura. A lo largo del día, estos animales pueden llegar a comer 4,5 kilos, cifra el estudio de la propia universidad. La concentración media de etanol en este tipo de frutas es de un 0,31%, según la investigación del año anterior de la universidad.
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Refuerza la hipótesis del mono borracho
En el año 2.000, el “profesor” de Maro, Robert Dudley, y coautor en varios estudios relacionados con el consumo de alcohol de los primates, propuso la hipótesis del mono borracho. Consiste en que la atracción y el gusto del ser humano por el alcohol es una herencia de nuestros ancestros primates. Al contrario del planteamiento popular en el que se piensa que el alcohol es un elemento de encuentro social entre personas, Dudley asegura que es una herencia evolutiva de nuestros ancestros primates.
Todo se remonta a hace 10 millones de años, cuando un cambio de dieta alteró el rumbo de nuestra especie. Al bajar de los árboles, nuestros ancestros descubrieron en el suelo frutas fermentadas por levaduras que se convirtieron en una fuente de energía vital. Según la hipótesis del biólogo Robert Dudley, detallada en su obra de 2014, The Drunken Monkey, el aroma del etanol funcionaba como una especie de “GPS” biológico, es decir, una guía olfativa que señalaba piezas maduras y ricas en azúcares, otorgando una ventaja de supervivencia calórica crucial.
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Para aprovechar este recurso sin sucumbir a la embriaguez, la evolución forjó una adaptación genética sin precedentes. Los homínidos desarrollaron una mutación en la enzima ADH4, multiplicando por 40 su capacidad para metabolizar el alcohol.
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