El descarrilamiento de un tren Iryo que realizaba un viaje de Málaga a Madrid y su colisión a la altura de Adamuz (Córdoba) con otro tren Alvia, que marchaba en la vía contigua dirección Madrid-Huelva, ha dejado 40 muertos y más de un centenar de heridos. La tragedia es el primer accidente la Alta Velocidad en España tras 34 años de servicio.
De momento, se desconocen las causas del siniestro, que el Ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, ha calificado de “raro y difícil de explicar” al tratarse de una vía recta. Además, el tren había sido revisado hacía tan solo cuatro días y apenas tenía cuatro años de antigüedad. Equipos de psicólogos del Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Desastres (GIPED) del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental se han movilizado en coordinación con la Consejería de Sanidad y los servicios del 112 para atender a todas las personas afectadas.
Estos profesionales no han sido los únicos que han acudido para ofrecer apoyo psicológico a los supervivientes y las familias, pues otros gabinetes también se han mostrado dispuestos a ayudar de forma gratuita. Uno de ellos es el Centro Psicosanitario Galiani de Sevilla, que ha habilitado un número de teléfono para las víctimas (954 28 12 59).
Para el psicólogo sanitario y forense José Antonio Galiani, director del centro Galiani salud mental, la atención a un superviviente empieza mucho antes de cualquier terapia: en las primeras horas y días. En estos momentos, “no se trata de analizar ni de intervenir clínicamente, se trata de proteger” a una persona que ha vivido una amenaza real.
“Su sistema nervioso está en estado de alarma”, aclara el experto a Infobae, por ello “lo primero es devolver sensación de seguridad”. Esto se consigue con mensajes claros y una presencia tranquila, a la vez que una cobertura de las necesidades básicas, como agua, descanso y contacto con los seres queridos.
Galiani explica que también es importante no forzar el relato demasiado pronto, puesto que puede aumentar el impacto traumático: “No se fuerza a hablar ni a recordar lo ocurrido”. “En los días posteriores, se acompaña, se observa y se ayuda a recuperar rutinas sencillas, evitando tanto el aislamiento total como la sobreexposición a noticias e imágenes”, cuenta a este medio.
Recordar sin revivir, la terapia para superar el trauma
Pese al impacto emocional que supone sobrevivir a una tragedia de este tipo, el psicólogo asegura que desarrollar un trastorno de estrés postraumático (TEPT) no es lo más frecuente, pero sí es posible. La mayoría de los supervivientes experimentan síntomas intensos en las primeras semanas, como pesadillas, recuerdos intrusivos, sobresaltos, ansiedad… que “forman parte de un proceso normal de adaptación y que suelen disminuir con el tiempo y el apoyo adecuado”.
Solo cuando los síntomas no disminuyen con el tiempo y empiezan a interferir en la vida de la persona, se puede considerar que se está ante un caso de TEPT. Para ello, la ciencia cuenta con una serie de tratamientos eficaces centrados en el trauma, como la terapia EMDR o la terapia cognitivo-conductual, que trabajan para que “la persona pueda recordar sin revivir”.

El apoyo psicológico a los familiares de las víctimas
Con los familiares, el enfoque desde la psicología es distinto desde un inicio, puesto que se trata de un duelo. “En las primeras horas no se intenta consolar ni aliviar el dolor, porque no es posible. Se sostiene. Se ofrece presencia, información clara, respeto absoluto a los ritmos y se cuida lo básico”.
Es importante entender que el duelo de una persona que ha perdido a un ser querido en una catástrofe así es muy distinto al de una pérdida de otro tipo. El objetivo de los psicólogos no es aplacar los síntomas, sino acompañar durante el dolor. “Acompañar a una familia en ese momento significa no dejarla sola con su dolor, no decirle cómo debería sentirse ni cuánto debería durar su sufrimiento”, expone el psicólogo.
“En estos casos, el acompañamiento no busca que la persona ‘supere’ nada. Busca que pueda atravesar el dolor sin quedarse sola ni bloqueada. Se respeta que el duelo no es lineal, que hay días de rabia, de culpa, de incredulidad, de silencio. No se acelera el proceso ni se imponen tiempos”, expresa Galiani.
No obstante, pese al intenso dolor, el duelo no se considera una enfermedad. Para el experto, la intervención clínica ha de llegar “cuando el sufrimiento queda completamente estancado y la persona no puede funcionar mínimamente”. Es entonces cuando la ayuda psicológica pretende transformar ese dolor para que, poco a poco, se integre en la vida.
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