La ministra de Igualdad mantiene una reunión discreta con la mujer que denunció a Adolfo Suárez por presuntas agresiones sexuales

El encuentro se produjo recientemente y contó con el interés expreso de ambas partes, según fuentes del Ministerio

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La ministra de Igualdad, Ana
La ministra de Igualdad, Ana Redondo durante la rueda de prensa posterior a la reunión del Consejo de Ministros (FE/Mariscal)

La ministra de Igualdad, Ana Redondo, recibió el pasado 7 de enero en su despacho a la mujer que en diciembre denunció al expresidente del Gobierno Adolfo Suárez por presuntas agresiones sexuales cometidas, según su relato, cuando ella era menor de edad. El encuentro, que no figuraba en la agenda oficial de la ministra, fue confirmado por fuentes del propio Ministerio y se produjo a iniciativa de Igualdad, con el objetivo de escuchar de primera mano el testimonio de la denunciante, identificada públicamente con el nombre ficticio de Ariadna.

La reunión se enmarca en un caso que ha sacudido el debate público por la gravedad de las acusaciones y por la figura del señalado, una de las personalidades más relevantes de la historia política reciente de España. Ariadna, que hoy tiene 60 años, sostiene que sufrió abusos y agresiones sexuales continuadas entre 1982 y 1985, cuando tenía entre 17 y 20 años, y cuando Suárez, entonces líder del Centro Democrático y Social (CDS) y expresidente del Gobierno, rondaba los 50. Suárez falleció en 2014, lo que, junto con la prescripción de los hechos, limita el recorrido penal de la denuncia, ya remitida a un juzgado de Madrid tras su presentación ante la UFAM de la Policía Nacional.

En declaraciones a RTVE, Ariadna se mostró agradecida por el gesto de Redondo y destacó el tono del encuentro. La ministra, explicó, se mostró “muy cercana y amable” y quiso conocer “de primera mano” un relato que se remonta a la década de los ochenta. Desde el Ministerio de Igualdad no se han ofrecido detalles sobre el contenido de la conversación, pero la denunciante ha asegurado que salió de la cita con la sensación de que el Gobierno da “credibilidad total” a los hechos que ella atribuye al antiguo líder de la UCD.

Una denuncia en busca de reparación

La denuncia presentada en diciembre describe con detalle una serie de episodios que, según Ariadna, comenzaron tras un primer contacto con Suárez en noviembre de 1982. Entonces, siendo todavía menor, le escribió una carta al despacho del expresidente pidiéndole orientación académica para “ayudar a mi país y a mi gente”. Al día siguiente recibió una llamada de un secretario que la citó en el despacho profesional de Suárez. A partir de ahí, según su relato, se sucedieron encuentros que derivaron en una relación marcada por el abuso de poder, la intimidación y las agresiones sexuales.

El expresidente del Gobierno, Adolfo
El expresidente del Gobierno, Adolfo Suárez

El primer episodio de agresión que relata ocurrió el 4 de marzo de 1983, cuando, según la denuncia, Suárez se abalanzó sobre ella en un sofá de su despacho, la besó sin consentimiento y la manoseó antes de obligarla a practicarle una felación. Ariadna explica que quedó “totalmente bloqueada” y que no supo poner nombre a lo ocurrido hasta muchos años después, cuando una psicóloga le explicó que había sufrido una violación siendo menor de edad y que su falta de reacción era una respuesta al abuso de superioridad y al entorno intimidante.

La mujer incluye en su denuncia otros episodios a lo largo de 1983 y 1984, siempre en el despacho profesional de Suárez y, en una ocasión, en su domicilio particular. Describe encuentros en los que, según afirma, fue sometida a tocamientos, a prácticas sexuales no consentidas y a intentos de penetración. En agosto de 1984, ya en la casa del expresidente, relata que le pidió que no continuara porque le hacía daño. A finales de 1985, agotada, le escribió una carta pidiéndole que la dejara en paz. Poco después, según consta en la denuncia, Suárez le envió un tarjetón manuscrito en el que decía no aceptar “mi renuncia” y llegó a personarse frente al portal de la vivienda familiar.

Ariadna sostiene que durante años vivió con miedo a represalias y con la imposibilidad de explicar a su entorno lo que estaba ocurriendo. No fue hasta 2002, tras una depresión, cuando inició terapia psicológica y empezó a verbalizar lo sucedido. Un año después, por recomendación de su psicóloga, escribió una carta a Suárez en la que describía el impacto de aquellos hechos en su vida y le pedía explicaciones. La misiva, fechada el 29 de julio de 2003, nunca obtuvo respuesta.

Reticencias al cambio de nombre del aeropuerto

Consciente de que el proceso judicial tiene un recorrido limitado, Ariadna ha centrado sus expectativas en una reparación de carácter político y simbólico. Entre sus principales reclamaciones figura la retirada de honores al expresidente y, en particular, el cambio de nombre del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. La mujer considera que ver el nombre de quien señala como su agresor asociado a uno de los principales símbolos públicos del país, así como su presencia constante en series, homenajes e imágenes oficiales, ha reactivado su trauma.

“Fue morir y ponerle el nombre al aeropuerto, hacerle un héroe nacional, encontrarme imágenes por todas partes y ahora la serie… ya no puedo más”, explicó en conversación con elDiario.es. Tras su reunión con Redondo, Ariadna ha expresado que percibe al Gobierno “reacio” a revisar este tipo de reconocimientos, aunque aspira al menos a algún gesto simbólico. “Me conformo con una nota de prensa o una comunicación en el Consejo de Ministros”, ha reclamado.

La ministra de Igualdad, Ana Redondo, ha pedido "disculpas" a las víctimas de violencia de género por el "ruido" provocado por los "fallos" de las pulseras telemáticas para maltratadores durante su comparecencia en el Senado de este miércoles 1 de octubre de 2025. (Fuente: Senado)

Redondo se ha comprometido, según la denunciante, a seguir pendiente del caso y le ha trasladado que tiene “las puertas abiertas” en el Ministerio de Igualdad. La reunión del 7 de enero, celebrada con discreción y fuera de la agenda pública, supone hasta ahora el gesto más explícito del Ejecutivo hacia una mujer que, más de cuatro décadas después de los hechos que relata, ha decidido hacer pública su historia en busca de reconocimiento y reparación institucional.