La empresa Escribano Mechanical and Engineering, con sede en la ciudad madrileña de Alcalá de Henares y dirigida por los hermanos Javier y Ángel Escribano (este último es hoy presidente de la sociedad semipública Indra), vendió un sistema de armamento a la Armada venezolana en 2017. Era un año complicado para el régimen de Nicolás Maduro por la fuerte crisis económica que asolaba el país, la salida de Venezuela de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y una serie de protestas contra el chavismo, después de que el Tribunal Supremo declarara en desacato la Asamblea Nacional, el único poder del Estado que entonces estaba bajo el control de la oposición. Las protestas duraron cuatro meses y se saldaron con decenas de muertos y heridos.
Ese año, EEUU primero y la Unión Europea después impusieron sanciones a Venezuela por violaciones de derechos humanos y la represión que sufrían la sociedad civil y la oposición del país. Pero antes de que llegaran las sanciones, Escribano vendió por dos millones de euros 24 sistemas de dirección de tiro para mejorar el blindado anfibio Urutú, que utiliza la Infantería de Marina del Ejército venezolano.
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En 1984, Venezuela había adquirido 38 de estos vehículos a la empresa brasileña Engesa. Años después, la Armada venezolana decidió modernizar estos vehículos, la mayoría muy poco utilizados. Ese proyecto de modernización lo dirigió Ashraf Suleimán Gutiérrez (de padre palestino y madre venezolana), hoy comandante general de la Armada Bolivariana, que, según ha podido saber Infobae, visitó en el año 2017 hasta en tres ocasiones la fábrica madrileña de Escribano. En estas instalaciones, Gutiérrez, que entonces era capitán de navío y uno de los responsables del Comando Naval de Operaciones, se reunió con los hermanos Escribano. Fuentes del Ejército venezolano destacan que su país había iniciado entonces una gira europea para encontrar empresas que mejoraran el Urutú.
De los 24 sistemas de dirección de tiro, solo 12 llegaron al Ejército venezolano, debido a que la Unión Europea decretó el 13 de noviembre de 2017 un embargo de armas y de material que pudiera utilizarse para la represión interna. “Venezuela se quedó colgada y aunque pagó por los 24, solo pudo contar con 12 de estos sistemas”, señalan fuentes venezolanas. El embargo a Venezuela incluyó una cláusula de salvaguardia para la ejecución de los contratos y acuerdos celebrados antes del 14 de septiembre de 2017, como era el caso, pero Escribano solo suministró la mitad de los sistemas. La venta tuvo la autorización de la Junta Interministerial Reguladora del Comercio Exterior de Material de Defensa y de Doble Uso (JIMDDU), que depende del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa. Ese año, las empresas españolas exportaron 4.346,7 millones de euros en material de defensa.
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De hecho, la propia memoria del Ministerio sobre exportación de este material de defensa y de productos y tecnología de doble uso refleja que, en ese 2017, España vendió a Venezuela “3,4 millones de euros en repuestos y partes para modernización de vehículos blindados de fabricación francesa (a través de la UTE DUMA-SDLE), bloques para la construcción de un buque de vigilancia del litoral (procedentes de Navantia); partes, piezas y herramientas para una avioneta” y sistemas electroópticos, que es el término con el que se definió a estos sistemas de tiro. Un portavoz de Escribano se limita a decir a Infobae que “por confidencialidad con nuestros clientes no podemos ofrecer datos de los contratos”.
El video del almirante
Hace unos días, el hoy almirante Ashraf Suleimán Gutiérrez protagonizaba un video grabado desde Puerto Cabello, donde está la principal base de la Infantería de Marina, hablando de las mejoras incorporadas a este vehículo blindado. El video, al que ha tenido acceso este diario, muestra a Suleimán Gutiérrez enumerando las novedades implementadas en el Urutú, que incluyen “el sistema de frenos, el sistema de dirección, el sistema motopropulsor, mantenimiento al monocasco integral del tanque y mantenimiento general de los sistemas de armas. Uno de los mayores logros fue la instalación de un sistema de control de tiro adquirido en España entre 2016 y 2017 a través de la empresa Escribano, y que ha incrementado las bondades de este vehículo para ser utilizado como vehículo de combate”, señala el almirante, que incluso recibió a Javier Escribano en Caracas antes de cerrar la operación.
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El almirante reconoce en el video que lo que se compró a Escribano es un sistema de dirección de tiro, sin recurrir al término de sistema electroóptico. El documento se grabó la última semana de diciembre, en plena escalada diplomática de tensión entre Venezuela y EEUU. Un video que se hizo para intentar demostrar que el Ejército del régimen de Maduro contaba con armamento moderno con sistemas europeos para hacer frente a la amenaza de la Administración de Trump. Como hemos visto, no ha servido de nada. Una operación precisa de las fuerzas especiales de EEUU apresó a Maduro hace poco más de una semana, lo que ha supuesto todo un terremoto en la geopolítica de la zona.

La relación de los hermanos Escribano con Indra
Uno de los dos hermanos Escribano, Ángel, se convirtió en presidente de Indra en enero de 2025. El otro, Javier es consejero de esa misma compañía. Escribano Mechanical and Engineering es además el segundo mayor accionista de Indra, controlando el 14,3% del capital, solo por detrás de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), que ostenta el 28%. Indra intenta, en la actualidad, comprar Escribano. Esta operación, que tiene el aval del Gobierno de Pedro Sánchez, dotaría a Indra de unas capacidades industriales importantes, al aportar las plantas de Alcalá de Henares (Madrid), Córdoba y Binéfar (Huesca), donde se hacen torretas, robots y vehículos militares.
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Los dos hermanos Escribano, según fuentes venezolanas, estuvieron muy involucrados en esta venta. Por entonces, su empresa no tenía más de 200 trabajadores y vendía componentes de equipos para sistemas militares, no equipos completos. De hecho, la venta a Venezuela fue uno de sus primeros encargos en el extranjero.
El crecimiento de esta empresa familiar se produjo tras la pandemia. Los últimos datos oficiales (los de 2024) reflejan que la compañía logró multiplicar por 13 su beneficio neto, alcanzando los 112,5 millones de euros y triplicando su facturación hasta los 355 millones de euros. La plantilla también ha crecido hasta cerca de 1.800 trabajadores. El objetivo de 2025 era cerrar con una facturación de 500 millones de euros. En apenas cuatro años, el Grupo Escribano ha pasado de ser una empresa familiar que facturaba 87 millones en 2021, con poco más de 1,5 millones de beneficios reales, a superar los 355 millones de ingresos y 112 millones de beneficio neto en 2024. De ellos, 40 millones provienen exclusivamente de plusvalías financieras generadas por su inversión en Indra.
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