Los psicólogos coinciden en que el orden en que nacen los hermanos es determinante para la personalidad

Un estudio reveló que los primogénitos tienden a ser los más extrovertidos, simpáticos y solidarios

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Tres hermanos con distintas personalidades
La posición en la que naces es determinante para tu personalidad. (Imagen ilustrativa Infobae)

El orden de nacimiento entre hermanos ha sido objeto de debate y análisis en la psicología durante décadas. Diversos expertos sostienen que la posición que cada persona ocupa en la familia incide de manera concreta en el desarrollo de rasgos y comportamientos, marcando diferencias notables entre primogénitos, hijos de en medio, menores y quienes crecen como hijos únicos. La evidencia científica reciente respalda la noción de que no se trata de una percepción popular sin fundamento, sino de un fenómeno observable en grandes poblaciones y validado por estudios rigurosos.

La Universidad de Oslo, en un trabajo publicado en la revista Science, aportó pruebas en torno a las diferencias cognitivas ligadas al orden de nacimiento. Aunque el estudio se centró en el coeficiente intelectual, sus conclusiones abren la puerta a considerar que las diferencias van más allá de la inteligencia y alcanzan la esfera de la personalidad. Al mismo tiempo, investigaciones estadounidenses refuerzan la idea de que ser el primero, segundo o último hijo deja una huella en la infancia y adolescencia, y que los patrones tienden a repetirse en familias de distintos orígenes y culturas.

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A pesar de la influencia que puede tener el orden de nacimiento, los psicólogos aclaran que este es solo uno de los muchos factores que intervienen en la formación de la personalidad. Aspectos como el tipo de cuidador, la diferencia de edad entre los hermanos, la estructura económica de la familia y las normas aplicadas en el hogar también juegan un papel relevante, por lo que los patrones pueden variar cuando existen circunstancias particulares en la dinámica familiar.

Así influye el orden de nacimiento

Un análisis realizado por la Universidad de Illinois, publicado en ScienceDirect, evaluó la personalidad de 377.000 estudiantes de secundaria en Estados Unidos, pertenecientes a contextos étnicos y culturales muy diversos. El estudio reveló que los primogénitos tienden a ser los más extrovertidos, simpáticos y voluntariosos del grupo familiar. Además, presentan una mayor inclinación a asumir responsabilidades dentro del hogar, lo que suele reforzar su papel como referentes ante los hermanos menores.

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Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos

En contraste, los hijos de en medio suelen desarrollar una mayor independencia. Este rasgo se relaciona con la menor atención individual que reciben, lo que los impulsa a buscar acuerdos y actuar como mediadores entre los demás hermanos. Por su parte, los hermanos menores se caracterizan por una actitud más desenfadada: son percibidos como los más divertidos y creativos, aunque también muestran una mayor tendencia a la rebeldía.

La psicóloga Diana Jiménez explica que “el orden de nacimiento es uno de los muchos factores que influyen en la formación de la personalidad”. Señala que, junto al lugar que cada uno ocupa entre los hermanos, influyen elementos como la cantidad y tipo de cuidadores, las diferencias de edad y la importancia atribuida a cada género dentro del núcleo familiar. Cuando los patrones no se cumplen, pueden existir conflictos en la relación entre los padres o entre los propios hermanos.

Hijos únicos: ventajas y desafíos en el desarrollo

El caso de los hijos únicos presenta particularidades que los distinguen del resto. Según la psicóloga Linda Blair, entrevistada por BBC Mundo, quienes crecen sin hermanos suelen mostrar una excelencia académica y lingüística. Esta característica responde a que la comunicación con los padres no se ve interrumpida ni comparte tiempo con otros niños, lo que favorece el desarrollo temprano del lenguaje y un rendimiento sobresaliente en ámbitos escolares.

La personalidad de los hijos únicos es también determinante por la falta de hermanos. 
(iStock)
La personalidad de los hijos únicos es también determinante por la falta de hermanos. (iStock)

Otra ventaja observada por Blair es la facilidad de los hijos únicos para relacionarse con adultos, ya que están habituados a interactuar con personas mayores desde edades tempranas. Sin embargo, la ausencia de hermanos puede suponer ciertas desventajas. Adriean Mancillas, autora de un trabajo sobre los estereotipos de los hijos únicos, sostiene que la falta de hermanos elimina el efecto de protección que puede surgir de una relación fraterna cercana.

Además, Blair destaca que los hijos únicos podrían experimentar una menor comodidad en entornos caóticos y carecer de lo que denomina “inteligencia de calle”, una habilidad intuitiva y práctica que facilita anticipar las intenciones de otros y que se adquiere, en buena medida, a través de la convivencia diaria con hermanos de edad similar. Esta carencia podría dificultar la adaptación a situaciones sociales complejas, aunque no impide el desarrollo de habilidades propias en otros ámbitos.

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