El cuerpo sabe cuándo tiene que levantarse: por qué nos despertamos minutos antes de que suene la alarma

Tener un patrón regular de sueño ayuda a nuestro organismo a prever el momento de despertarse

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Un hombre apagando el despertador (AdobeStock)
Un hombre apagando el despertador (AdobeStock)

A todos nos ha pasado. Cuando más cómodos estamos en la cama, nos despertamos despacio, nos recolocamos, observamos la hora en la pantalla del móvil (los más clásicos, en un despertador) y ahí nos damos cuenta: apenas faltan unos minutos para que suene la alarma.

Esta sensación es, para muchos, tan frustrante como enigmática. Sin ningún estímulo externo aparente, el cuerpo parece conocer el momento exacto en el que debe despertarse, como si contara con su propio reloj interno. La realidad no se aleja mucho de ello, pues este fenómeno tan común responde a los ritmos circadianos, un reloj biólogo interno que regula los ciclos de vigilia y sueño.

El responsable de esta sincronización entre nuestro cuerpo y la alarma del despertador es un grupo de neuronas situado en el cerebro conocido como núcleo supraquiasmático. Según exponen en un artículo para The Conversation Yaqoot Fatima, profesora de Salud del Sueño; Alexandra Metse, profesora titular de Psicología; y Danielle Wilson, investigadora y especialista en sueño (todas ellas de la University of the Sunshine Coast de Australia) este núcleo supraquiasmático sería el “reloj maestro del organismo”.

Este gran reloj de nuestro organismo controla varias funciones además del sueño: la temperatura corporal, el hambre o la digestión. Este ritmo circadiano determina los momentos del día en los que sentimos sueño o estamos más despiertos, y su ajuste varía de forma natural entre las personas. Por ello, hay quienes prefieren madrugar y acostarse temprano, mientras que otras personas tienden a trasnochar y levantarse más tarde.

Nuestro cuerpo aprende las rutinas

La regularidad en los horarios de sueño, comidas y ejercicio permite que el reloj maestro del cuerpo anticipe cuándo se producirán estas actividades y comience a liberar las hormonas correspondientes. Por ejemplo, al despertar, se produce la llamada “respuesta de activación del cortisol”, un aumento significativo de esta hormona que ayuda a preparar el cuerpo para el día y aporta energía.

En personas con horarios de despertar muy constantes y exposición habitual a la luz matutina, el reloj biológico aprende a prever el momento de levantarse. Antes de que suene el despertador, el cuerpo inicia una serie de cambios: la temperatura corporal aumenta, los niveles de melatonina (la hormona que induce el sueño) disminuyen y el cortisol comienza a elevarse.

De este modo, cuando llega la hora programada para el despertador, el organismo ya está en proceso de transición hacia la vigilia. Este mecanismo puede considerarse una especie de “llamada hormonal” al despertar. Si una persona suele abrir los ojos unos minutos antes de la alarma y se siente descansada y alerta, es indicio de que su ritmo circadiano está bien ajustado. El cuerpo ha aprendido a anticipar la rutina y facilita una transición suave del sueño a la vigilia.

Sin embargo, si el despertar previo a la alarma se acompaña de sensación de aturdimiento o inquietud, podría indicar una mala calidad del sueño más que una buena sincronización del reloj interno, según han detallado las investigadoras en The Conversation.

Rosetti - Calidad del Sueño

La importancia de un horario regular de sueño

Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse contribuye a entrenar el reloj biológico, especialmente si se acompaña de señales ambientales como los cambios de luz y temperatura a lo largo del día. Esta constancia facilita tanto conciliar el sueño como despertarse con sensación de descanso. Un patrón regular de sueño y vigilia ayuda al cuerpo a “llevar la cuenta del tiempo” y le enseña a predecir cuándo debe despertar.

Por el contrario, la falta de regularidad en los horarios puede desajustar estos ritmos internos, provocando somnolencia y dificultades para concentrarse o realizar tareas mentales. En ausencia de un patrón estable, el cuerpo depende del despertador para despertar, lo que puede interrumpir fases profundas del sueño y generar la conocida sensación de aturdimiento al despertar, denominada inercia del sueño. En estos casos, revisar los hábitos de sueño y realizar pequeños cambios puede ayudar a reajustar el reloj biológico y favorecer un despertar natural y reparador.