Queso con larvas, zumo de ojos de oveja y penes de toro: un museo dedicado al asco llega a España para poner a prueba nuestros límites gastronómicos

La exposición, situada en Palma, reúne unos 80 alimentos procedentes de 35 países del mundo, algunos de los más repugnantes que pueden encontrarse en sus culturas culinarias

El museo del asco gastronómico llega a España (Instagram / @disgustingfoodmuseumespana)
El museo del asco gastronómico llega a España (Instagram / @disgustingfoodmuseumespana)
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El asco es una de las seis emociones humanas fundamentales, una que cumple la importante función evolutiva de evitarnos caer enfermos al consumir un alimento poco seguro. Todos tendremos en mente situaciones, olores, incluso sabores que nos han provocado esa desagradable sensación, la de la bilis subiendo por nuestra garganta amenazando con salir a saludar. Sin embargo, y, aunque la emoción del asco es completamente universal, no lo son las razones que nos lo provocan.

Alimentos que a un español promedio pueden parecerle repugnantes, son todo un manjar para un tailandés. O para un italiano, un filipino, un estadounidense, un chino o un escocés. ¿Qué pensarán ellos, por ejemplo, de nuestros caracoles? Estos dilemas gastronómicos son los que presenta el nuevo museo que este verano abría sus puertas en Palma; el Disgusting Food Museum, un templo de la repugnancia y la grima que, aunque pueda sorprendernos, ha encontrado a su público.

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Exposición del Disgusting Food Museum, en Palma (Instagram / @disgustingfoodmuseumespana)
Exposición del Disgusting Food Museum, en Palma (Instagram / @disgustingfoodmuseumespana)

Esta exposición, nacida en Malmö, Suecia, llegaba hace solo unos meses a España, más concretamente a la isla de Mallorca. La empresa sueca ha alquilado durante diez años un edificio de la ciudad de Palma, más concretamente en el Carrer del Sindicat, 21, para albergar su primera delegación de gestión propia fuera del país escandinavo. Al frente de ella está el empresario Andreas Ahrens, director de la compañía y mente detrás de esta perversa aunque llamativa idea.

La exposición reúne unos 80 alimentos procedentes de 35 países del mundo, algunos de los más repugnantes que pueden encontrarse en sus culturas culinarias. Los visitantes pueden verlos, olerlos y, los más valientes, incluso probarlos. Hablamos de productos como el Casu Marzu, un queso de Cerdeña que contiene larvas vivas de mosca. También hay pene de toro, un ingrediente que se come en algunas partes de China; balut de Filipinas, huevos cocidos con embriones a medio desarrollar en su interior, o tarántulas fritas de Camboya.

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Queso Casu marzu
(Freepik)

Otro de los protagonistas del recorrido es el haggis, el manjar escocés elaborado hígado, corazón y pulmones de la oveja embutidos en estómago de esta. También el zumo de ojo de oveja, una bebida elaborada con globos oculares en escabeche mezclados con zumo de tomate típica de Mongolia. En la zona de los licores, podemos ‘disfrutar’ de elaboraciones como vinos hechos con el recto de un castor o de fetos de ratones.

Más que una simple muestra, este museo, traducido al castellano como ‘Museo de la Comida Asquerosa’, pretende animar a los visitantes a interactuar con los alimentos expuestos, generando así una reflexión sobre las normas sociales que dan forma a nuestros hábitos alimenticios.

El precio de la entrada es de 22 euros por cabeza y la degustación de los productos es, obviamente, opcional. Eso sí, el museo está preparado para todo tipo de reacciones, asegurando a los visitantes bolsas para posibles vómitos.

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