
Hay un aspecto por el que España resulta especialmente atractivo para los extranjeros en verano (además de la belleza de sus playas): el clima. El calor invita a visitar la costa y sus chiringuitos; sin embargo, las temperaturas llegan a niveles tan altos que cualquier plan que no incluya el mar o la piscina se convierte en casi impracticable. Es por ello por lo que las capitales de provincia sin playa ven mermadas su población considerablemente en los meses centrales del verano.
En plena canícula, el periodo del año generalmente más caluroso (la segunda quincena de julio y la primera de agosto), en muchos municipios se han superado los 40 grados. Así, si esta situación resulta prácticamente intolerable para muchos españoles, para aquellos extranjeros en cuyos países las temperaturas suelen ser más bajas, mucho más.
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En los últimos días, sin embargo, se ha experimentado un descenso térmico a consecuencia de una circulación atlántica que ha entrado por el noroeste del país. Así, los termómetros indican valores más agradables que los vividos durante las últimas semanas, incluso llevando a muchos españoles a sacar una chaqueta ligera el armario. Estas temperaturas, sin embargo, son las que pueden experimentarse en muchos países europeos en pleno verano, especialmente en los que se encuentran más al norte del continente.
Anna, una joven británica que reside en Madrid, ha hablado precisamente de esta cuestión en uno de sus últimos vídeos publicados en TikTok (@annainespana). Además, señala que está empezando a sufrir un proceso de “españolización”: “Después de dos años viviendo en España, sin duda mi percepción del calor ha cambiado”.
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“Me sentí superespañola”
La británica destaca que, cuando era pequeña e iba a España de vacaciones, se sorprendía por que las personas llevasen pantalones vaqueros y camisas de manga larga con 30 grados: “Siempre pensaba ”pero, joder, ¿cómo lo hacen? Porque estoy muriendo de calor. Seguramente tienen calor’“.
Sin embargo, Anna destaca que ahora ha comprendido que es “superfácil acostumbrarte al calor”. Ella, que vive en la capital, explica que en los últimos días se han alcanzado temperaturas de 35-36 grados o superiores. Sin embargo, en una jornada en la que el termómetro descendió hasta los 29, se dio cuenta de la manera en la que había cambiado su percepción del calor.
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“En Inglaterra 29 grados sería una locura. Con esas temperaturas usamos nuestra ropa de verano, ni de coña usaríamos vaqueros”, explica la británica. “Sin embargo, cuando estaba decidiendo qué ponerme, yo pensé: ‘Bueno, la temperatura ha bajado y estamos en 29 grados. ¿Será que necesito una chaqueta o algo en la noche?’. Pensé: ‘Joder, Ana, cómo te has españolizado’“.
Así, la joven británica destaca que, lo que antes le parecía un calor extremo, ahora se convierte en un clima agradable, ya que todo depende del contexto en el que se haya crecido y de las temperaturas a las que se esté acostumbrado. “Me sentí superespañola. También me di cuenta de que es superfácil acostumbrarte al calor. O sea, mi percepción del calor ha cambiado”, destaca.
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