
Hasta la actualidad, la figura de Robin Williams permanece en la memoria de colegas y espectadores como símbolo de genialidad y vulnerabilidad.
Quienes compartieron con él los días de rodaje en Good Will Hunting (1997) evocan una energía tan intensa como ineludible.
Stellan Skarsgård, quien interpretó al profesor Gerald Lambeau en la película, aportó recientemente una reflexión sobre la vida de Williams al afirmar que “tenía que ser gracioso para sobrevivir”.
El actor sueco explicó que la personalidad del famoso actor estadounidense variaba según el entorno.
Cuando estaban solos, era tranquilo, encantador y capaz de conversar sobre cualquier tema, relató Skarsgård durante un reciente encuentro en Los Ángeles, según recogió Entertainment Weekly.

Esa calma, sin embargo, desaparecía en cuanto llegaban más personas; entonces, Robin Williams se levantaba “como para salvarse de alguna forma”, lo que Stellan Skarsgård atribuyó a dinámicas de la infancia.
Para él, la comedia funcionaba como una armadura construida desde niño, una necesidad vital y no solo un recurso profesional.
Williams, célebre por su inagotable capacidad de improvisación y rapidez mental, no podía contener sus impulsos creativos.
“Tenía que producirlo y sacarlo de su cuerpo. No podía vivir con ello adentro”, recordó y llegó a comparar la velocidad mental del artista con “tener tres cerebros funcionando al mismo tiempo y muy rápido”.
Durante el rodaje de Good Will Hunting, esa energía implicaba largas jornadas y desafíos para el elenco.

El director Gus Van Sant señaló que Robin Williams insistía en repetir las tomas. “Robin era el que decía: ‘Una más, una más, una más’”, contó, lo que podía llevar a sesiones de hasta diez repeticiones frente a las habituales tres.
El objetivo era explorar cada matiz posible: rápido, lento, alegre, triste, humorístico o dramático. Skarsgård destacó la riqueza interpretativa y la variedad de registros que Williams ofrecía.
“Hacía tomas muy distintas. Algunas eran muy oscuras y otras muy graciosas. Todos los actores teníamos que mantenernos a la altura, jugando escenas diferentes cada vez”, sostuvo, de acuerdo a lo recogido por EW.
Esa versatilidad exigía adaptación constante del elenco, estableciendo una atmósfera exigente en el set.
La labor de los editores fue especialmente compleja, ya que el material que el ganador del Oscar aportaba podía llevar al personaje hacia extremos opuestos.

Stellan Skarsgård reconoció en diálogo con Van Sant que “el material que sacabas de Robin era muy interesante, porque podías montar el personaje como alguien muy farsesco o, por el contrario, muy depresivo. Y tú supiste encontrar el camino”.
Así, el terapeuta Sean Maguire, interpretado por Williams, dependió de un equilibrio entre la comedia y la carga emocional.
En cuanto a la dinámica fuera del set, Skarsgård rememoró la sencillez de su compañero.
Robin Williams solía conversar sobre cualquier tema con calma y amabilidad en privado, aunque esa tranquilidad se veía interrumpida por la necesidad de actuar, un mecanismo que, según Skarsgård, le permitía protegerse en espacios sociales más amplios.
La dualidad del intérprete no solo se evidenció en Good Will Hunting.

Años antes, durante la filmación de El club de los poetas muertos (1989), Ethan Hawke también percibió la carga interna que sentía el actor.
En una entrevista con la cadena estadounidense CBS Sunday Morning, Hawke admitió que “estaba al tanto de la complejidad de su vida emocional”.
Aunque solo tenía 18 años, el joven actor ya reconocía los matices detrás del carisma de Williams.
Comentó que la depresión era común en su entorno familiar, lo que le permitió advertir la situación de su compañero.
“En mi familia se ha vivido mucha depresión, y me resultó evidente que todo ese poder y ese carisma tenían un costo”, explicó.

La imagen pública de Robin Williams contrastaba con su naturaleza reservada y perceptiva fuera de escena. Ethan Hawke lo describió como “una persona muy sensible, muy atenta a la atmósfera del lugar”.
Un episodio del rodaje quedó grabado en la memoria de Hawke: tras presenciar una improvisación brillante de Williams que provocó risas y elogios, lo vio apartado, solo y en penumbra.
“Vi a Robin aislado, a oscuras, en un rincón. Pensé: ‘Ahora todo cobra más sentido’. Era una carga considerable, algo que desgastaba”, relató el actor.
Al revisar la película décadas después, Hawke confesó a CBS Sunday Morning que lo más vívido era el espíritu de Williams y el esfuerzo constante que implicaba dominar su propia mente para dar lo mejor a los demás.
“Pienso en el espíritu del hombre que conocí aquellos días, su increíble fuerza y el esfuerzo que suponía lidiar con su propia mente por los demás. Lo admiro notablemente”, concluyó.
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