A los 23 años, Jenna Ortega se consolidó como uno de los íconos más visibles de la cultura pop global tras el éxito de Merlina y su colaboración con Tim Burton. Su estética gótica, que cautiva a la generación Z, se combina con una visión desafiante sobre la fama juvenil. En diálogo con Grazia, Ortega analizó el estilo, la creatividad y el peso de la notoriedad temprana.
La actriz explora una faceta más audaz y lúdica a través del maquillaje, alejándose de la seriedad icónica de Wednesday Addams. Ortega recordó que su relación con los cosméticos comenzó al observar a su hermana mayor: “Me preparaba para acostarme y la veía maquillándose, pintándose los labios, poniéndose los pendientes”.
Aunque en su infancia sentía escaso interés por el mundo de la belleza, explicó que, con el tiempo, el maquillaje adquirió otro significado: “Cuando era preadolescente, me obsesioné con eso porque me hacía sentir femenina y adulta”.

La primera vez que se maquilló, con diez años para una sesión de fotos, fue una experiencia transformadora: “Cambió la forma en que me sentía conmigo misma, la forma en que me comportaba, y a medida que crecí, se volvió menos sobre disfrazarme y más sobre mejorar mis rasgos”. Actualmente, disfruta resaltando sus características auténticas con bases ligeras, pecas visibles y labios de color intenso o maquillaje de ojos ahumado.
Referentes y evolución personal
Su evolución estética está influida por referentes personales y culturales. Ortega destacó a figuras como Nina Hagen: “Nina Hagen es una verdadera inspiración”, aseguró sobre la pionera del punk alemán.
También mencionó a Siouxsie Sioux, líder del grupo británico Siouxsie and the Banshees: “Ella es la más genial, la que menos esfuerzo hace. Amo todo sobre ella y su presencia, siempre fue bastante impactante para mí”. Estos ídolos le sirvieron como puente hacia el arquetipo gótico, al que Ortega aportó una nueva perspectiva con el personaje de Merlina.
Aunque su carrera comenzó a los diez años, cuando debutó en la comedia estadounidense “Rob”, Ortega considera la casa familiar en el Valle de Coachella, California, como su hogar. A los 13, se transformó en figura de Disney Channel interpretando a Harley Díaz en Atrapada en el medio.
Según la actriz, esa etapa definió sus primeras experiencias profesionales y personales: “Había todas estas expectativas de mí cuando era niño”, confesó. “No sentía que pudiera hacer o decir ciertas cosas porque quería ser esta figura edificante para la gente”, agregó. La presión y la exposición determinaron su modo de comprender el trabajo y su posición como figura pública.
Libertad creativa y búsqueda de autenticidad
Romper con los límites impuestos en la niñez bajo los focos la llevó a repensar su libertad artística. Ortega reconoció que la presión sobre cómo debía actuar provocó bloqueos personales: “Tenía miedo de tener voz, miedo de decir lo que me interesaba, miedo de explorar diferentes partes de mí y de mis personajes porque no quería dar un paso en falso y no volver a trabajar nunca más”. Ese proceso, afirmó al medio, la llevó a abrazar la experimentación: “Es empoderador y crea una experiencia más colaborativa”.
El fenómeno mediático tras el éxito de Merlina en Netflix la expuso a una fama abrumadora. Ortega relató a Grazia: “La percepción pública de mí cambió, pero mi vida personal realmente no cambió en absoluto: tengo los mismos amigos y es bastante fácil para mí distanciarme del entorno en el que trabajo”.
Califica la notoriedad como “completamente surrealista”, una realidad ante la que prefiere mantener los pies en la tierra: “Estoy constantemente estupefacta por las cosas que suceden en mi profesión; ya sean buenas o malas, tienes que tomar todo con un grano de sal”.
Rutinas, influencias y nuevos desafíos

Para preservar el equilibrio, Ortega confía en rutinas sencillas y en su círculo íntimo. Suele viajar en compañía de su perro Twigs y encuentra refugio en la lectura; entre sus libros favoritos figuran obras de Arthur Rimbaud y Ottessa Moshfegh, mientras espera nuevos guiones y propuestas laborales.
Sobre sus aspiraciones inmediatas, muestra interés por explorar desafíos en el cine: sueña con interpretar personajes extremos, asumir papeles inspirados en figuras reales y descubrir nuevas facetas para su carrera en constante evolución.
El impulso de Ortega por asumir roles que trasciendan el arquetipo en Hollywood evidencia su determinación y búsqueda de autenticidad. Su mensaje, recogido por Grazia, revela una voluntad clara de conquistar el medio y ampliar su rango artístico, abriendo la puerta a nuevas oportunidades y experiencias en la pantalla.
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