
El avance de la deforestación y la llegada de un fenómeno de El Niño de alta intensidad vuelven a poner bajo presión a El Salvador, donde la reducción de la cobertura vegetal puede profundizar los efectos de las sequías, el calor y la escasez de agua, según advirtió Ricardo Navarro, presidente del Centro Salvadoreño de Tecnología Apropiada (CESTA).
Navarro señaló que el fenómeno climático tiene origen natural, pero sostuvo que el deterioro ambiental aumenta la exposición del país frente a sus consecuencias. “Nosotros nos estamos volviendo más vulnerables, ese es el problema”, afirmó el ambientalista.
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La intensidad del llamado super Niño con riesgos para la producción agrícola, el abastecimiento de agua y la seguridad alimentaria.
El presidente del CESTA explicó que El Niño suele elevar la temperatura y reducir las lluvias en Centroamérica y el Caribe. También indicó que el calentamiento del océano observado en el Pacífico ecuatorial podría prolongar sus efectos. “Tenemos ese problema para buen rato y lo tenemos bien fuerte”, dijo al referirse a las anomalías de temperatura que expuso durante la entrevista Diálogo 21.

La pérdida de bosques agrava la vulnerabilidad del territorio
Para Navarro, el problema no se limita a la variabilidad climática. La reducción de los bosques, afirmó, altera la capacidad del suelo para retener agua y aumenta la rapidez con la que la lluvia baja hacia las zonas urbanas y rurales.
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“Hemos destruido el territorio, el agua agarra cuesta abajo y después que el agua se fue, ya no tenemos agua”, expresó. El ambientalista planteó que la pérdida de cobertura vegetal tiene consecuencias tanto durante el invierno, por el riesgo de inundaciones, como en la estación seca, cuando varias comunidades enfrentan dificultades para acceder al recurso hídrico.
Navarro recordó que el país recibe una cantidad de lluvia superior al promedio mundial sobre la superficie terrestre. Según indicó, datos atribuidos al Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) señalan que, entre 1980 y 2010, el promedio anual de precipitación en El Salvador fue de 1,867 milímetros. A partir de esa cifra, cuestionó que persistan problemas de abastecimiento en distintas localidades.
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“¿Cómo es posible que tengamos escasez de agua y muchas comunidades no tengan agua?”, preguntó. A su juicio, la respuesta está relacionada con el deterioro de las cuencas, la urbanización descontrolada y la reducción de las áreas forestales.

La reforma forestal incorpora excepciones al cambio de uso de suelo
Las modificaciones al artículo 12 de la Ley Forestal mantienen la prohibición de cambiar el uso de los suelos de las clases VI, VII y VIII que estén cubiertos de árboles, aunque incorporan excepciones que pueden tramitarse ante la Dirección de Ordenamiento Territorial (DOT).
La norma contempla solicitudes cuando se demuestre que las condiciones del entorno cambiaron, cuando las limitaciones técnicas no correspondan al inmueble o cuando se trate de proyectos de interés público. También establece medidas de conservación y compensación. Los bosques salados, sitios Ramsar, áreas naturales protegidas y zonas de protección o recarga hídrica quedan excluidos, salvo un dictamen técnico de la entidad rectora.
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Navarro cuestionó que la aplicación de estas excepciones pueda ampliar la presión sobre zonas forestales. “En un país como El Salvador, nosotros estamos ya en saldo rojo”, afirmó. El ambientalista comparó la eliminación de árboles con la pérdida de una parte de la piel humana, al señalar que los ecosistemas cumplen funciones relacionadas con el agua, el aire y la producción de alimentos.
El presidente del CESTA también alertó sobre las afectaciones en el sector agrícola. Mencionó estimaciones de productores que reportaron pérdidas en cultivos y sostuvo que una disminución de las lluvias puede elevar la dependencia de alimentos importados, en especial frutas, verduras y hortalizas.
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“Los ecosistemas a nosotros nos dan el agua, nos dan el aire, nos dan la vida”, sostuvo Navarro al cerrar su intervención sobre la relación entre el fenómeno climático, la deforestación y la capacidad del territorio salvadoreño para enfrentar periodos de sequía.
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