
El déficit de granos básicos en El Salvador amenaza con profundizarse en el ciclo agrícola 2026-2027, mientras el sector atraviesa una incertidumbre inédita por el retraso del invierno y el envejecimiento de quienes trabajan la tierra.
Desde la Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios CAMPO, la advertencia es directa: si no se ajustan las fechas de siembra ni se resuelven los problemas estructurales del agro, el país podría pasar de la dependencia de importaciones a una auténtica escasez de alimentos en los próximos años.
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Luis Treminio, presidente de CAMPO, señaló este lunes en entrevista con la radio YSUCA que la siembra debe realizarse en la segunda semana de junio, momento en que el invierno ya se ha instalado y el suelo cuenta con la humedad indispensable para una germinación adecuada.
Su posición difiere de las recomendaciones de otras organizaciones, que proponen iniciar la siembra en abril. Según Treminio, anticiparse supone exponer los cultivos a altas temperaturas y a un riesgo elevado de estrés hídrico.
La postergación de la siembra responde a criterios técnicos y a los anuncios del Ministerio del Medio Ambiente sobre la demora en el inicio de las lluvias este año.
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Para el dirigente gremial ajustar el calendario agrícola busca proteger los rendimientos y evitar mayores pérdidas económicas a los pequeños productores, quienes ya enfrentan aumentos constantes en los costos.
Déficit de producción y dependencia de importaciones
Las proyecciones sobre los granos básicos para 2026 prevén un alza leve respecto al ciclo anterior. En 2025, la cosecha cerró en 19.2 millones de quintales, con el maíz como cultivo principal, y le siguieron el frijol, sorgo y arroz. No obstante, el consumo anual nacional llega a 25 millones de quintales, lo que genera una diferencia de aproximadamente seis millones, cubierta mediante importaciones, indicó Treminio.

La distancia entre la producción y el consumo nacionales confirma la imposibilidad de alcanzar la autosuficiencia alimentaria, advirtió. Esta dependencia de compras externas genera incertidumbre respecto al abastecimiento, especialmente si los países exportadores implementan restricciones o aranceles que limiten o encarezcan el acceso a los alimentos básicos.
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En resumen, la producción local de granos básicos no cubre la demanda interna y obliga a El Salvador a importar buena parte de sus alimentos esenciales.
Esta realidad incrementa la vulnerabilidad del sistema alimentario ante fluctuaciones en el mercado internacional o ante cambios en las políticas de los países proveedores.
Envejecimiento del sector y falta de relevo generacional
Además, de acuerdo al dirigente gremial, el sector agrícola salvadoreño encara una crisis en lo demográfico y en lo económico. La edad promedio entre los productores llegó a 66 años, cifra que revela el abandono del campo por parte de los jóvenes, quienes buscan mejores oportunidades en las ciudades o fuera del país. La baja rentabilidad y la frecuencia de las pérdidas económicas desalientan la llegada de nuevas generaciones al agro.
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Treminio advirtió que, si la tendencia se mantiene, en apenas cuatro años muchos agricultores que hoy superan los setenta años dejarán de trabajar sus parcelas. La producción está quedando en manos de personas mayores y mujeres, situación que compromete la continuidad agrícola y eleva el riesgo de un déficit aún mayor.
Inseguridad alimentaria en el oriente y cifras actuales
El oriente salvadoreño, área del corredor seco, registra los mayores índices de inseguridad alimentaria. Casi todo el territorio nacional, con escasas excepciones en Metapán y San Isidro, enfrenta sequías prolongadas y costos elevados en la producción agrícola.
Durante el último año, más de 60,000 personas se sumaron a quienes padecen inseguridad alimentaria, superando los tres millones de salvadoreños afectados, conforme a los registros de la FAO y el PMA, citado por Treminio.
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Del total, un millón enfrenta condiciones severas y solo accede a una comida diaria; el resto cubre apenas dos tiempos de alimentación. Los programas de ayuda internacional, aunque imprescindibles, no revierten la tendencia ni ofrecen soluciones duraderas a las familias comprometidas.
El panorama de la agricultura salvadoreña es incierto. Treminio enfatizó que, sin acciones concretas para mejorar la rentabilidad y la dignificación de los productores, El Salvador podría pasar de tener un déficit alimentario a enfrentar una escasez grave, con consecuencias para la estabilidad social y la seguridad alimentaria.
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