
“Yo sigo buscando una segunda oportunidad”. Brenda González, diagnosticada con insuficiencia renal terminal, enfrenta desde hace años el reto de encontrar un donante de riñón que le permita acceder a un trasplante y recuperar su salud, en un contexto donde los recursos para quienes padecen enfermedad renal crónica en El Salvador pueden llegar a ser de difícil acceso.
A sus quince años, Brenda recibió un diagnóstico de lupus, una enfermedad autoinmune que afecta desde tejidos hasta órganos, tras varios años bajo control, sufrió una complicación de salud cuando estaba cerca de finalizar su carrera de psicología, comenzó a manifestar síntomas de daño renal.
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Tras estudios de laboratorio, los médicos constataron que su estado había avanzado hasta la insuficiencia renal en etapa tres y en poco tiempo avanzó a nivel cinco, la fase más grave del trastorno. La gravedad se acentuó cuando se determinó que Brenda, desde su nacimiento, cuenta únicamente con el riñón derecho.
La transición de paciente estadio tres a la fase terminal tuvo lugar a inicios de 2020 y obligó a Brenda a iniciar tratamientos de hemodiálisis en casa, al tiempo que intensificaba la búsqueda de un donante compatible, un proceso que, hasta hoy no ofrece resultados y exige la restructuración completa de su vida cotidiana, con la ayuda de su madre, Ana Cecilia González.
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El costo económico y emocional de la insuficiencia renal
La dinámica diaria de Brenda exige una adaptación constante. Vive y trabaja desde su hogar en Ciudad Delgado, San Salvador, colaborando en un pequeño emprendimiento ubicado en la sala de su vivienda.
Sin embargo, los ingresos resultan insuficientes para cubrir los gastos que supone una dieta especializada, los suplementos alimenticios requeridos así como el equipo necesario para garantizar la higiene del entorno donde realiza sus diálisis, por lo que ha tenido que solicitar donaciones de salvadoreños a través de redes sociales.
Brenda ha explorado, sin éxito, otras alternativas. Explica que le gustaría comenzar un tratamiento con células madre para regenerar los tejidos y apoyar la función renal, pero subraya: “es muy caro el tratamiento de forma particular y su seguro médico no lo cubre”.
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Además, averiguó sobre un centro de nefrología en México con experiencia en ese tipo de procedimientos, aunque no ha habido acercamientos formales debido a las dificultades económicas y logísticas.
La exigencia física de la enfermedad limita severamente su autonomía. Según sus palabras, el deterioro de la fuerza le obliga a recurrir a taxis para sus traslados, ya que desplazarse en transporte público sobrepasa su capacidad: “ya no tengo fuerza”, explica Brenda.

La madre de Brenda resiente también el peso del proceso. Ana Cecilia, presente en cada etapa del tratamiento, apoya en la realización de la diálisis peritoneal domiciliaria, un procedimiento que debe repetirse meticulosamente cada cuatro horas. El impacto emocional le provocó un derrame cerebral, con consecuencia funcional reducida en una de sus manos.
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Brenda añade que, tras descartar a sus familiares como donantes potenciales, por razones de edad o condiciones de salud, las posibilidades de un trasplante se reducen a la buena voluntad de los salvadoreños.
Para ayudar a solventar las necesidades de Brenda pueden realizar una donación a la cuenta del Banco Agrícola número 003450590227, registrada a nombre de Brenda Ivania González González. Para establecer contacto directo, se facilitan los números telefónicos 2292-0638 y 6000-9327.

El Salvador: cifras de la enfermedad renal y trasplantes
En El Salvador, el Ministerio de Salud reportó en 2025 un total de 52,102 personas diagnosticadas con enfermedad renal crónica. En su mayoría se encuentran en etapas avanzadas de la enfermedad.
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Respecto a los tratamientos, 3,382 personas se encuentran en terapia de sustitución renal. De ellas, 1,609 reciben diálisis peritoneal y 1,773 están bajo hemodiálisis. Estas intervenciones, cruciales para la supervivencia de quienes se hallan en fases avanzadas, requieren de infraestructura hospitalaria específica, personal formado y un gasto económico considerable.
Desde el punto de vista legal, la Asamblea Legislativa aprobó en abril de 2022 la Ley Especial sobre Trasplantes de Células, Tejidos y órganos Humanos, vigente desde octubre de 2022, que contempla la donación tanto viva como de personas fallecidas. Sin embargo, la aplicación de la normativa es limitada: autoridades de Salud informaron en el caso de Brenda que la ley “no estaba siendo aplicada” por la falta de equipos fundamentales para los procedimientos de trasplante.
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En paralelo, el sistema de aseguramiento privado, donde Brenda es atendida, ha registrado 1,100 trasplantes de riñón en los últimos 40 años, un dato que revela tanto el alcance como las restricciones del acceso a estos procedimientos en el país.
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