
Cada año, miles de jóvenes argentinos (el 40% según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA) egresan del secundario con la intención de continuar sus estudios universitarios en Argentina.
Sin embargo, una barrera silenciosa se interpone en su camino: la comprensión lectora. Esta habilidad, esencial para el éxito académico y profesional, muestra alarmantes deficiencias entre los estudiantes de primer año de la universidad.
<b>Una lectura superficial que compromete el aprendizaje</b>
La lectura en el nivel superior es clave en todas las áreas del conocimiento. Los estudiantes deben tomar contacto con las fuentes y no solamente recuperar información. Deben desarrollar una comprensión inferencial, transitar los textos según distintos criterios, elaborar síntesis, resignificar conceptos. Sin embargo, las universidades sostienen desde hace varios años que gran parte del fracaso de los estudiantes de primer año está relacionado con las pocas habilidades lectoras de los estudiantes ingresantes.
Estas falencias impactan directamente en el rendimiento académico y aumentan las tasas de abandono en los primeros años de estudio. Muchas universidades han diseñado algunas estrategias para colaborar con estas debilidades: cursos de ingreso sobre lectura y comprensión de textos; talleres sobre escritura académica; talleres sobre hábitos de estudio.. Pero no alcanzan para fortalecer habilidades que deberían haberse desarrollado durante varios años.

<b>La secundaria: una oportunidad para fortalecer la lectura académica</b>
El problema no se origina en la universidad. Las deficiencias vienen desde el nivel primario. En la secundaria, cuando los estudiantes deberían comenzar a enfrentar textos académicos complejos, la escuela se encuentra con un escenario complejo: hábitos lectores pobres, estrategias de lectura y comprensión débiles.
Pensando en la preparación para la universidad,es fundamental que la educación secundaria incorpore prácticas que fomenten la lectura crítica y analítica, preparando a los estudiantes para los desafíos académicos y profesionales que enfrentarán. Y para lograrlo, es clave involucrar a los estudiantes en modelos de aprendizaje activo, que despierten el interés a través de un desafío y que transformen la lectura en un medio para conseguir respuestas.
Las habilidades de lectura y comprensión se requieren en todas las disciplinas. Trabajar la lectura interdisciplinariamente, fomentando estrategias para la comprensión de textos de las distintas áreas del conocimiento. Y esto solo puede hacerse si la propuesta de enseñanza está centrada en el estudiante, es una propuesta de aprendizaje activo.
Algunos programas educativos ya están marcando un camino posible
En varias provincias argentinas, por ejemplo, se han desarrollado iniciativas como las ferias de ciencias escolares, que promueven la investigación desde edades tempranas. A través de estas experiencias, los estudiantes deben formular preguntas, consultar fuentes confiables, incluyendo literatura científica, redactar informes y hacer presentaciones. Este tipo de trabajo favorece la lectura con propósito, la documentación, la síntesis, el desarrollo de vocabulario técnico y la comprensión de estructuras textuales propias del ámbito académico.
También existen propuestas como el Programa Jóvenes Investigadores, impulsado por universidades y organismos científicos, que vinculan a estudiantes secundarios con docentes-investigadores. La Biblioteca Nacional Mariano Moreno hace una convocatoria anual para estudiantes secundarios que quieren conocer qué es la investigación, que los invita a participar de seminarios, talleres de lectura y escritura académica. Se puede participar desde cualquier parte del país.
Resolver desafíos, pensar proyectos que apunten a intervenir la comunidad en la que está inserta la escuela es clave para promover este tipo de búsqueda. Proyectos STEAM, visitas a laboratorios o fábricas ayuda a los estudiantes a incorporar una mirada inquieta, que encuentre en la lectura y la búsqueda de información herramientas propias del mundo universitario.
Estas experiencias no solo fortalecen la comprensión lectora, sino que despiertan vocaciones científicas y mejoran la confianza de los jóvenes en su capacidad de leer, escribir y argumentar con solidez. Incorporarlas sistemáticamente en las escuelas podría ser clave para cerrar la brecha entre la secundaria y la universidad.
La comprensión lectora es más que una habilidad académica; es una competencia esencial para la formación de profesionales capaces y críticos, que está estrechamente relacionada con el interés, la propia motivación. Fortalecer esta habilidad desde la secundaria es posible, implementando estrategias que promuevan la lectura profunda y el pensamiento crítico desde las etapas tempranas de la formación académica.
(*) Silvana Cataldo es especialista en innovación educativa y Líder Pedagógica del Programa A leer en vivo, en Ticmas.
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