
En la educación STEAM (las siglas en inglés para Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas) el foco está puesto en estimular la imaginación y el pensamiento crítico en la educación con la tecnología como herramienta potenciadora.
Dentro de este modelo educativo se plantea la importancia de la cultura maker; esto es “hacer para aprender” y en ese hacer se trata de poner manos a la obra sin perder el espíritu lúdico y de curiosidad que genera la experiencia.
Las vacaciones -- aunque en realidad todo el año-- son un momento perfecto para crear un espacio nuevo de ciencia, aprendizaje y juego en un rincón de nuestros hogares.

Curiosidad ¡activada!
Los niños son curiosos por naturaleza y desde el momento en que empiezan a manipular objetos y descubrir su entorno, por lo que un espacio maker siempre es posible.
Las primeras preguntas que hay que hacerse son: ¿Cómo es tu mini maker? ¿Qué te interesa? ¿Construir? ¿Desarmar? ¿Experimentar con elementos? ¿Cómo se puede sorprender a los niños? Las respuestas pueden transformarse en un desafío y juego para quienes planifiquen este espacio e incluso puede convertirse en una actividad familiar.
¿Qué herramientas o materiales son seguros para cada edad? ¿Cuáles necesitan de supervisión? Cuando pensamos en un espacio maker en casa no es necesario plantearse la instalación de una mesa de trabajo especial (aunque sería lo ideal), también puede ser una mesa de uso común a la que podemos proteger con una madera y/o manta o goma eva. La elección del material de apoyo será clave en base a con qué trabajará cada maker.
La organización es otra clave, crear espacios temáticos o zonas definidas permiten potenciar los proyectos y prever posibles problemas como caída de líquidos, manchas o ¡agujeros no deseados!

Ying y yang maker
Crear una “zona de construcción y manualidades”: esto puede incluir un grupo de bloques grandes, o pequeños (dependiendo de la edad de cada maker) y sumar cartones, rollos de papel, palitos de madera, cintas adhesivas, pegamento, lanas, plastilinas y elementos como piedritas, caracoles, hojas secas y frescas. La idea es ofrecer una variedad elementos que permitan una fácil manipulación y la posibilidad de transformación “en algo más”. Para niños más grandes es posible pensar en cables, metales, tornillos y herramientas siempre que tengan la supervisión adecuada y el manejo seguro de los mismos. Incluso es interesante sumar unas gafas de seguridad y guantes como parte del proceso de aprendizaje
Crear una zona de “destrucción y exploración”: así como los niños aman crear nuevos objetos a partir de su imaginación o el dibujo, también adoran poder desarmar y “ver qué hay adentro” o entender cómo funciona eso que están observando. Para ello, puede pensarse en elementos que permitan una “destrucción segura”. Los martillos --en sus diversas versiones para cada edad-- siempre son bienvenidos y funcionan también como descargo de emociones y ansiedades.

Explorar, investigar e idear
La ansiada “zona de experimentos” puede parecer reservada para los niños más grandes; los más pequeños pueden jugar con sensaciones a partir de colores, agua, jabón y elementos seguros. Por ejemplo, jugar a ver cómo una mandarina con cáscara flota, mientras que sin la cáscara ¡se hunde! ¿Por qué? Porque con la piel porosa es más liviana, mientras que con el azúcar de su interior se vuelve más densa que el agua. Esto nos permite aprender sobre texturas, reacciones y física. Luego se abre el universo de frascos, embudos, bicarbonato de sodio, vinagre, colorantes, lupas y ¡microscopios!.
La zona de tecnología y pantallas también es interesante para buscar ideas, trabajar con ejercicios de lógica y descubrir la ciencia de manera divertida con supervisión y en base a cada edad.
Otra opción que complementa a las demás es la de crear una “zona creativa” donde la actividad y la calma van de la mano. Desde un rincón de lectura cómodo con libros sobre ciencia y arte hasta una pizarra con tizas, stickers o marcadores para anotar ideas y proyectos.

La imaginación al poder
El “espacio maker” puede ser móvil, una caja puede contener los elementos que necesitamos para crear ese momento de experimentación y descubrimiento. Un juguete roto se puede transformar en un juguete de exploración, un elemento de reciclaje puede servir para aprender sobre sustentabilidad.
Es importante contar con una buena organización de materiales para evitar que las experiencias sean confusas o generen desmotivación. Otra tema a tener en cuenta es la rotación de proyectos, ya que crear nuevas posibilidades de experimentación es ¡disfrute garantizado!
Y la recomendación más importante es preguntar a tu pequeño maker qué le da curiosidad y fomentar su espíritu crítico. Aprender es una forma de jugar.
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