Habla con un tono cubano, en el que se entrometen algunos giros colombianos por el tiempo que vivió en ese país. Por momentos se deja ganar por la emoción y sube la voz, en otros momentos escucha con una atención que parecería que el resto del mundo ha perdido la nitidez. Es un tipo apasionado. Habla con datos duros. Julio Carranza es el Consejero Regional para América Latina y el Caribe de UNESCO, organización clave para pensar la situación de la educación.
Carranza visitó el stand que Ticmas montó en la Cumbre de Virtual Educa en Guayaquil y compartió sus ideas sobre educación, inteligencia artificial, el uso de las tecnologías, la necesidad de formar docentes que puedan acompañar el aprendizaje de los estudiantes en tiempos de cambio e incertidumbre.
—La pandemia significó un impacto muy grande, con atrasos notables en Educación. Los informes que ustedes han publicado en el último año dieron números muy malos lectocomprensión.
—Exactamente. Y eso ha sido resultado de problemas estructurales, que fueron empeorados con la pandemia. La consecuencia peor, en mi opinión, es que se ha profundizado la brecha entre sectores de la población en materia de educación. A los sectores con mayores dificultades, los colocó todavía más atrás. Los otros pasaron ese terrible momento con mayores ventajas. Ahora —como dirían en Colombia— toca buscar la manera de cerrar esas brechas. De hecho, el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, convocó el año pasado una cumbre educativa a nivel de jefes de Estado para llamar la atención sobre este problema.
—¿Cómo es el trabajo de UNESCO con la educación primaria y secundaria?
—Tienen una importancia fundamental, son como las bases de un edificio. La primaria tiene mucha cobertura a nivel internacional y hoy día son pocas las sociedades que no tienen educación primaria obligatoria con un nivel de cobertura aceptable. En cambio, en secundaria básica, la situación es otra. La cobertura no es tan alta y hay también problemas de calidad. Tenemos más preocupación con la educación secundaria, que necesita ser transformada. Que no esté solamente basada en los conocimientos más generales de las asignaturas tradicionales, sino que también esté más arraigada a las necesidades concretas de cada uno de los territorios. Y es determinante que los estudiantes tengan la capacidad de manejar la complejidad de las nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, sin embargo, no nos interesa una persona con todas las capacidades tecnológicas, pero con una incapacidad de comprender la diversidad cultural, los valores, la importancia del otro, la importancia de la historia.
—UNESCO, el BID y otros organismos, junto con los informes, dan pautas sobre cómo debería aplicarse ciertos programas en la región. ¿Cuáles serían las pautas que propone UNESCO para la enseñanza de la tecnología?
—En primer lugar, mantener una visión integral de la educación como un sistema que no solamente significa el traslado de conocimientos en las áreas tradicionales. La educación supone una visión compleja de la formación del individuo, y eso está conectado directamente con la necesidad de tener maestros con la capacidad de abordar la enseñanza desde un concepto profundo, que está basado en los criterios de carácter cultural. Y cuando digo cultural, me refiero a cultura en su sentido profundo. A veces una interpretación simplista de la cultura se reduce a la literatura y las bellas artes, pero la cultura tiene que ver con las tradiciones, con el conocimiento de lo mejor que han constituido las conquistas de la humanidad, con el conocimiento de la diversidad que caracteriza al ser humano, con las formas de hacer, con los estilos, con los valores. Todo eso no solamente debe acompañar el conocimiento y la tecnología, sino poner el conocimiento y la tecnología en función de su interés.
—¿Se puede entender de esta respuesta cierta desconfianza hacia la tecnología?
—De ninguna manera. La tecnología es esencial, es fundamental, es imprescindible. Pero debe estar conducida por la cultura y los valores fundamentales del ser humano. Te voy a dar algunos ejemplos por lo que no todo lo que viene bajo el rótulo de tecnología significa necesariamente progreso: primero, la sofisticación actual de las armas nucleares; luego, hay tecnologías que resuelven una cantidad de problemas importantes, pero generan un deterioro del medio ambiente; y hay otras que desplazan la fuerza de trabajo sin compensación. Las tecnologías siempre desplazan fuerza de trabajo, y eso está bien, pero tiene que haber políticas que vayan compensando ese desplazamiento y su colocación en otras dinámicas. Yo estoy absolutamente en contra de pensar que eso lo resuelve automáticamente el mercado. Nosotros decimos que lo que le pone dirección al avance de la tecnología es la cultura.
—Un informe justamente de UNESCO dice que en 2040 en América Latina van a faltar docentes, sobre todo en áreas asociadas al STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). ¿Cómo se revierte esa falta de docentes?
—Acabo de leer una noticia que dice que faltan 44 millones de docentes a nivel mundial para cubrir la educación universal básica antes del 2030, que es el umbral de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sustentable). Efectivamente, hay un problema serio. Sobre todo en STEM. Es un problema que hay que afrontar desde la política. De dónde, si no. Tiene que ser una decisión de los Estados la inversión, la formación de maestros, priorizar la educación, colocar los presupuestos, orientar las vocaciones hacia aquellas áreas de conocimiento que son fundamentales y están en déficit. Las empresas son imprescindibles, son parte del tejido fundamental de la economía y de la sociedad, pero los mercados no pueden manejar los intereses públicos; esa es función de los Estados.
—Y ante la falta de maestros, ¿cómo influye la inteligencia artificial?
—Las tecnologías ayudan a reducir los déficits de maestros, pero, de todas maneras, no cierra completamente ese déficit. Tiene que haber un proceso de rescate de la importancia fundamental del maestro en la sociedad, y eso supone estímulos, no solamente de reconocimiento moral, sino también de reconocimiento material, de salarios, de recursos, etc. La política, la cultura, la educación y la conciencia son factores fundamentales que permiten potenciar, en sus expresiones más importantes, todo lo que nos ofrece hoy día esa maravilla que es la inteligencia artificial.
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