
En las últimas semanas, Donald Trump ha sellado nuevos acuerdos comerciales con Argentina e India, permitiendo a ambos países obtener un alivio parcial de aranceles a cambio de facilitar la entrada de productos estadounidenses para sus ciudadanos. Esta dinámica ha generado una reacción inmediata en los países involucrados. En India, sindicatos de agricultores calificaron el acuerdo como una "rendición total" y un político de la oposición advirtió que el país podría convertirse en "un vertedero" de productos foráneos. El debate no es exclusivo de este contexto: según The Economist, el ex primer ministro de Francia tildó el pacto entre la Unión Europea y Estados Unidos como un acto de “sumisión”.
Hacia el cierre de estos procesos, el análisis de diversas voces subraya el impacto de los compromisos adquiridos por los socios comerciales de Estados Unidos. Por ejemplo, Indonesia ha flexibilizado las restricciones a la exportación de níquel, mientras que la UE baja barreras arancelarias y no arancelarias, e India abre su comercio agrícola. Según The Economist, estos cambios estructurales trascenderán la vigencia de los tratados, lo que podría favorecer a quienes cedieron más en la negociación.
Aunque Trump no alcanzó la meta proclamada de 90 pactos en 90 días, el gobierno estadounidense ha concretado una serie de acuerdos que redibujan el mapa comercial. Estados Unidos cerró cinco acuerdos recíprocos —incluidos los de Camboya, Malasia y Argentina— y cerca de una docena de “marcos” menos vinculantes con socios como la UE e India. Estos documentos, que muchas veces no superan las ocho páginas, contienen declaraciones vagas como el compromiso de “intentar debatir” futuras cuestiones. Ninguno cuenta con aprobación del Congreso, mecanismos de cumplimiento obligatorios ni sistemas claros para resolver disputas. Pese a eso, el acceso al mercado estadounidense se ha redefinido.

Malasia y Camboya emergen como los que más concesiones otorgaron. Carecían de peso económico y alternativas de mercado creíbles, por lo que aceleraron las negociaciones en los márgenes de una cumbre celebrada en octubre. Frente a tarifas recíprocas del 19% y exenciones puntuales, ambos países eliminaron aranceles a productos estadounidenses y suavizaron normas sanitarias. Malasia fue más lejos: aceptó replicar los controles de exportación de Estados Unidos contra terceros países “no de mercado” (en referencia a China) y consultar con Trump antes de firmar acuerdos digitales con terceros. Además, Estados Unidos podrá rescindir el pacto si Malasia suscribe convenios que le disgusten. Un ex dirigente malasio calificó el resultado como "el peor acuerdo desde la independencia en 1957“, mientras que la actual titular de Comercio lo consideró “injusto”.
En el otro extremo, los socios con más capacidad de presión —la UE, Japón, Corea del Sur y Taiwán— lograron mejores condiciones. Poseen el control de cadenas industriales y tecnologías clave, incluyendo semiconductores. Por eso, enfrentan aranceles recíprocos del 15% y consiguieron una reducción significativa de gravámenes sobre bienes como autos, medicamentos y chips. A cambio, eliminarán numerosos aranceles industriales y agrícolas y reducirán trabas a vehículos estadounidenses. También prometieron, de modo llamativo, compras e inversiones de proporciones considerables —la UE comprometió la adquisición de USD 750.000 millones en energía estadounidense, Taiwán prometió invertir USD 250.000 millones—, acuerdos cuya ejecución es dudosa.
India se ubicó en una posición intermedia. Solo aceptó abrir sectores específicos y permaneció lejos de concesiones generales. Su tarifa recíproca quedó fijada en 18% y logró exenciones condicionadas para medicamentos genéricos, repuestos aeronáuticos y autopartes. A cambio, facilitará la entrada de productos industriales estadounidenses y de algunos rubros políticamente delicados, como el maíz genéticamente modificado.

Según The Economist, Argentina y Reino Unido fueron los que obtuvieron mejor acceso al mercado estadounidense comprometiendo menos. Disfrutarán de aranceles limitados al 10% y excepciones favorables: Argentina podrá exportar grandes volúmenes de carne vacuna sin impuestos y las firmas británicas venderán hasta 100 mil automóviles al año con ese arancel. Lograron también recortes de tributos sobre partes de automóviles y acero. Para corresponder, ambos ampliaron el acceso de empresas estadounidenses a sus mercados, aunque sin aceptar las obligatorias restricciones que se aplicaron a otros países.
En la óptica mercantilista —en la que los déficits se ven como fracasos y los superávits como logros— Trump emerge como vencedor. Estados Unidos ha alcanzado mayor acceso para sus exportadores, compromisos para eliminar barreras no arancelarias y promesas de inversiones por montos elevados. Casi todos los acuerdos incluyen cooperación sobre controles a las exportaciones y prácticas comerciales desleales de terceros países, en particular China, y establecen límites a los impuestos digitales, ampliando la influencia regulatoria estadounidense fuera de sus fronteras.
No obstante, las nuevas tarifas impuestas desde Washington aumentan los costos a sus propios consumidores y limitan la competencia doméstica. Para los socios comerciales, la apertura forzada de sus mercados, la rebaja de barreras arancelarias y el impulso a la competencia podrían, a largo plazo, traducirse en mayores beneficios de los que inicialmente aparentan.
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