El Banco Mundial anticipa un retroceso global en los precios de las commodities, encabezado por la energía. En paralelo, un aumento en el costo de los fertilizantes y la estabilidad en otros valores podría generar una compresión de márgenes en el sector agropecuario. Se trata de dos sectores fundamentales en la canasta exportadora de Argentina.
El índice agregado prevé una contracción del 7,4% en 2025, impulsada principalmente por una actividad económica más débil, tensiones comerciales, incertidumbre política y una mayor oferta de petróleo, destacó la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).
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Para 2026 se prevé una nueva contracción del 6,8%, que completaría cuatro años consecutivos de caída. Recién en 2027 se espera una recuperación parcial, con un repunte estimado del 3,6%.

En cuanto a las categorías específicas, el Banco Mundial prevé que los precios agrícolas permanezcan prácticamente sin cambios en 2025 y luego cedan alrededor de 2% en 2026 y 1% en 2027.
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En el caso de la energía, la proyección marca un fuerte retroceso: una baja del 12% para 2025 y otra del 10% en 2026, con un repunte cercano al 6% hacia 2027.
Para metales y minerales, se estima un escenario mucho más estable, con valores casi sin variación en 2026 y un leve avance del 2% en 2027, tras un incremento del 3% en 2025.
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Las perspectivas para el agro
Luego de una caída prevista del 6% para 2025, el Banco Mundial estima que el índice de precios de los alimentos —que incluye cereales, harinas, aceites y otros productos— se estabilizará y no mostrará variaciones significativas durante 2026 y 2027.
“El sector agrícola presenta un panorama complejo, caracterizado por una oferta robusta que presiona los precios a la baja, mientras los costos de los insumos clave muestran una tendencia alcista, generando una compresión de márgenes”, señaló la BCR.
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Por ejemplo, para la soja, se proyecta un descenso del 12% en 2025, seguida por leves recuperaciones del 1% en 2026 y del 2% en 2027. Este movimiento responde a la expectativa de que la caída de precios reduzca en torno al 1% el área sembrada en la campaña 2025/26, en un contexto de consumo mundial récord.

En el complejo de aceites vegetales, el panorama proyectado es mayormente alcista. En el caso del aceite de soja, se estima un incremento del 13% en 2025 y del 1,5% en 2026, impulsado por un exceso de demanda previsto para la campaña 2025/26.
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A la par, el aceite de palma podría anotar subas del 6% en 2025 y del 3% en 2026, con un avance adicional, aunque moderado, en 2027.
Este comportamiento responde a una desaceleración en el ritmo de expansión de la oferta —por debajo del promedio 2015-2024— junto con una demanda firme, favorecida por su competitividad frente a otros aceites. La única excepción sería el aceite de soja en 2027, cuando la presión de sustitución se reduciría debido a una mayor disponibilidad de aceite de girasol.
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Respecto a la harina de soja, se prevé otra corrección significativa: una caída del 21% en 2025 y un descenso adicional del 4% en 2026, afectada por el aumento en la producción de aceite de soja. No obstante, para 2027 se proyecta un leve rebote del 2%.

“La coyuntura actual encuentra al principal producto de exportación del país con valores FOB relativamente bajos y llegando a operar a precios mínimos de más de 15 años durante parte de la campaña actual 2024/25″, destacó la BCR.
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En este marco, el consultor agropecuario Javier Preciado Patiño señaló que el mercado global de soja está muy bien abastecido. Brasil tendrá una cosecha incluso mayor que la del año anterior, y entre Argentina y Brasil se produce el doble que en Estados Unidos.
Por su parte, el consumo de China se encuentra relativamente estancado, aunque ese gran importador absorbe dos tercios de toda la soja comercializada. Por lo tanto, “en principio no hay grandes expectativas de mejoras en los precios, salvo que ocurra alguna debacle climática en Sudamérica durante enero o febrero”, dijo el especialista.
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Preciado Patiño resalta que a ello se suma un segundo factor: si Estados Unidos y Brasil impulsan el uso de aceite de soja para biodiésel o diésel renovable, se producirá más harina de soja en ambos países. Esta oferta adicional podría superar la demanda, haciendo que un escenario de precios bajos sea más que plausible.
“Las exportaciones podrían mantenerse en niveles similares a los de este año. La industria aceitera argentina está preparada para competir tanto con precios altos como bajos, por lo que las diferencias no serían relevantes”, explicó.
Por otra parte, sobre los fertilizantes, la BCR precisó: “Se proyecta un alza del 21% en los precios para 2025, impulsada por una demanda robusta, limitaciones comerciales y déficits de oferta”.
Aunque se anticipan leves caídas del 5% en 2026 y 2027, los precios se mantendrán muy por encima del promedio 2015-19. Los factores estructurales que sostienen esta tendencia incluyen los elevados costos de insumos y las restricciones/sanciones a exportadores clave (China, Bielorrusia y Rusia).
“En el tercer trimestre de 2025, los fertilizantes aumentaron un 30% interanual mientras que los precios de los alimentos cayeron un 5% en relación con el mismo período del año anterior. Esta divergencia ha erosionado los márgenes de beneficio de los productores, creando un riesgo significativo de menor aplicación de fertilizantes en la campaña 2025/26, lo que podría reducir los rendimientos de los cultivos”, añadió.
Las expectativas para el sector energético
Las proyecciones a la baja en los precios de la energía son el principal motor del descenso en el índice agregado de commodities. Según el Banco Mundial, la caída del petróleo compensará el aumento esperado en los precios del gas natural.
Se prevé que el crudo Brent promedie 68 USD/bbl en 2025 y 60 USD/bbl en 2026, debido a una moderación del consumo —por la débil demanda de China y la adopción de vehículos eléctricos— y al fuerte incremento de la oferta global, que alcanzaría niveles históricos en ambos años. Para 2027, se proyecta un reequilibrio del mercado con un precio promedio de 65 USD/bbl.
En gas natural, el precio de referencia en EE. UU. subiría un 11% en 2026 antes de estabilizarse, mientras que en Europa, tras un aumento del 10% en 2025, se espera un descenso de 11% en 2026 y 9% en 2027.
La demanda global fue impulsada por menor generación renovable en Europa y temperaturas más frías en América del Norte, mientras que en Asia (China e India) cayó debido a menor consumo industrial y mayor generación renovable local. La oferta mundial crecería 1,7% en 2025 y 2,4% en 2026, principalmente por América del Norte y Qatar.
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