
El economista y consultor Ricardo Arriazu, uno de los más escuchados por el presidente Javier Milei, afirmó que Argentina necesita establecer un piso de reservas internacionales en el Banco Central para que la estabilización económica sea sostenible, en un número que ubicó muy por encima del nivel actual.
“Argentina, por la sustentabilidad futura, necesita 100.000 millones de dólares de reservas”, dijo en un evento organizado por VALO, y agregó que esa acumulación no puede depender del saldo comercial: “Obviamente a eso nunca lo vamos a conseguir por la cuenta corriente, eso tiene que venir por la cuenta capital, que es confianza”. Explicó que el ingreso de capitales externos será fundamental para reforzar el balance del Banco Central y dar respaldo al sistema económico.
El economista, en un panel que compartió con el secretario pyme Marcos Ayerra y el presidente de BYMA Claudio Zuchovicki, señaló que el país presenta una oportunidad singular: “Argentina es el único país que tiene superávit, digamos, gemelos, en América Latina o en los pocos del mundo, eso me protege enormemente”. Sin embargo, remarcó que esa condición no garantiza por sí sola la acumulación de reservas.
Como referencia, mencionó el caso de Brasil: “Tiene un enorme problema fiscal pero tiene 370.000 millones de dólares de reservas”. Luego cuestionó la idea de que las economías en régimen de tipo de cambio flotante no intervienen en el mercado: “Brasil perdió 40.000 millones, eso es interesante para los que dicen que está flotando, ¿cómo puede haber perdido 40.000 millones si está flotando?”.
Arriazu indicó que el Gobierno debe intervenir con inteligencia cuando haya condiciones favorables para sumar divisas en el mercado internacional. “Supongamos que vienen 7.000 millones de dólares, que no van a venir todos juntos, ¿qué le pasa al mercado? Se derrumba, entonces ese es el momento donde Argentina tiene que comprar”, afirmó. En ese marco, pidió revisar “prejuicios” asociados a la emisión monetaria: “Argentina tiene que sacarse la mente de encima del problema que eso es emisión monetaria no deseada”.
Por otra parte, ejemplificó: “China y Japón multiplicaron por 100 su base monetaria sin inflación”, señaló, y explicó que “la demanda de base era mucho más grande que la oferta de origen interno y la manera de satisfacerlo era comprando dólares”. Por eso, afirmó, “acumularon semejante cantidad de reservas, 3 billones cada uno”.
En cuanto a la estrategia oficial actual, Arriazu observó que “el Gobierno se reservó la posibilidad de intervenir en el medio de la banda, pero por ahora no quiere, sino que quiere que caiga a la banda inferior”. No obstante, consideró que la intervención cambiaria será necesaria más adelante y que el regreso al mercado voluntario de capitales aportará divisas que deberán ser utilizadas con criterio para fortalecer el respaldo externo: “Claramente en algún momento el Gobierno va a volver al mercado voluntario de capitales afuera, eso va a las reservas”.
Costo argentino
Más allá del enfoque externo, Arriazu también se refirió a los desafíos internos que enfrenta la economía. Dijo que el llamado “costo argentino” debe ser eliminado para permitir que el sector privado compita en condiciones razonables. “Eliminar el costo significa entrar al balance de una empresa: es costo laboral unitario, es el costo tributario, es el costo financiero, es el costo de las regulaciones –cada regulación es un ‘quincho’– y además el costo de la falta de infraestructura”, describió.
Advirtió que la transformación estructural puede provocar rupturas y tensiones. “La destrucción es siempre más rápida que la creación, entonces eso puede generar bolsones de pobreza y de descontento”, sostuvo. En ese contexto, propuso anticiparse a los cuellos de botella: “Una de las mejores inversiones que tiene que hacer Argentina es un modelo de equilibrio general, analizando dónde van a estar los cuellos de botella y cómo puede ayudar a resolverlo”.
El economista destacó el potencial de la construcción como fuente de empleo. “En la construcción tenemos necesidad de 4 millones de viviendas”, dijo, y planteó que la baja de la inflación generará una expansión del crédito, lo cual impulsará el sector. “Eso lo va a resolver el sector privado, pero de alguna manera tiene que evitar los bolsones de pobreza y de descontento”.
Sobre la velocidad de las reformas, advirtió que el proceso no debe ejecutarse sin considerar sus efectos sociales. “Si lo hago demasiado rápido, tengo el problema que algunos inocentes van a caer. Si no lo hago demasiado rápido, volvemos al pasado”, explicó. Reconoció que “claramente Argentina tiene que hacer los cambios”, pero subrayó que se debe “ver la manera de amortiguar lo que hacen”.
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