
Aunque para el ministro de Economía, Luis Caputo, el riesgo país no es una variable que le preocupe -”no tenemos que ir al mercado a buscar financiamiento por el próximo año y medio”, justificó hace pocos días- y lo considera un “lagging indicator”, es decir, en buen castizo, un indicador “que atrasa”, lo cierto es que el nivel persistentemente alto de la sobretasa que debería pagar la Argentina para fondearse en el exterior es una piedra en el zapato para el funcionario y su plan económico.
No lo es, sin embargo, como podría suponerse a priori, para el sector privado. Lejos de eso, los inversores parecen discriminar sin ninguna dificultad entre países con Estados quebrados pero empresas ordenadas. Buscan prestarle, entonces, a las segundas. Y, a pesar de la fuerte crisis e incertidumbre macroeconómica, las compañías argentinas no son la excepción. En términos generales, “el riesgo país” privado, es decir, el spread corporativo, es menos de una cuarta parte del soberano.
Es lo que marca un informe reciente de Delphos Investments, que considera una señal más clara e incluso genuina del verdadero riesgo argentino el hecho de que el diferencial de tasas sobre los bonos del Tesoro norteamericano que mide JP Morgan en base a la cotización de los títulos públicos de los distintos países emergentes.
“El spread corporativo es una medida más genuina e indicador líder del riesgo país. El spread de corporativos Tier 1 (empresas de primera línea) presenta una clara tendencia bajista y se sitúa significativamente por debajo del riesgo país (soberano). Esto refleja un optimismo creciente del mercado hacia la deuda privada, lo que facilita a las empresas la refinanciación de sus bonos en el mercado”, se explicó en el reporte.
Ese proceso, diametralmente opuesto al que enfrenta el sector público, puede generar un efecto típicamente se consideraba inverso: un Estado abriendo mercado, con una macro ordenada, a las empresas para que puedan financiarse. Ahora, serían estas empresas que, con gran potencial y balances sólidos, podrían terminar abriendo el mercado para que el Gobierno pueda, finalmente, recuperar el acceso al mercado internacional.
Es que, en plan de obtener financiamiento, las empresas podrían atraer capitales al país, lo que contribuiría indirectamente a una mayor acumulación de reservas. Dado que el mercado de soberanos hard-dollar se centra en las reservas netas, este flujo de capital podría traducirse en una reducción del riesgo país. Es decir, ante el foco fijo de los inversores en el nivel de las reservas, el capital que consiga el sector privado podría tender un puente de plata para el país en el mercado ya que esas divisas fortalecerían las reservas.
“El mercado asigna un menor riesgo crediticio a la curva corporativa que a la soberana, cosa que genera una anomalía donde el spread es negativo. Actualmente, el riesgo país se encuentra en 1.465 puntos básicos, mientras que el spread de los corporativos Tier 1 es de 310 pbs”, precisó la consultora.
En ese sentido, el riesgo país disminuyó con mayor rapidez durante los primeros meses del año, pero luego esta tendencia se revirtió para el Estado pero no para las empresas. En algún punto, la culpa es, otra vez, del cepo. Su vigencia genera incertidumbre sobre los tenedores de deuda soberana que, ante ese panorama, prefieren orientarse a deuda corporativa. El spread de deuda corporativa se encuentra en zona de mínimos, por eso es que varias empresas buscan capturar la oportunidad.
Según enumeró Delphos, Pampa Energía, busca cancelar sus deudas en el mercado secundario con vencimiento en enero de 2027 para luego lanzar un bono de mayor duration. YPF, en tanto, busca canjear los bonos a 2025 y 2027 para luego emitir deuda con plazo a 2031 mientras que Transportadora de Gas del Sur ya lo hizo e algunos meses atrás, cuando emitió bonos a 2031 (TSC3O) a una tasa del 8,5% que actualmente se encuentran alrededor de 8% por ciento.
Aunque el riesgo país todavía no acompaña, esa realidad es una buena noticia: mientras el mercado siga enfocado en la acumulación de reservas, la entrada de capitales privados podría contribuir a una mayor acumulación, y, en consecuencia, el riesgo país podría retomar la tendencia bajista observada a comienzos de año.
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