
El lanzamiento del Régimen Simplificado de Ganancias (RSG) reavivó una pregunta clave entre los pequeños contribuyentes: ¿conviene dejar el monotributo y sumarse al nuevo sistema?
El debate ocupa un lugar destacado entre autónomos y profesionales, pero impacta sobre todo en los monotributistas, que conforman una de las bases más amplias del sistema tributario argentino.
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Juan Pazo, ex titular de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), se refirió en las últimas horas a la conveniencia de la migración y detalló las principales diferencias entre ambos regímenes. Lo mismo hicieron contadores con los que habló Infobae. Pazo habló también del tema en el streaming Carajo, junto al ministro de Economía, Luis Caputo, y parte del equipo económico.
Pazo describió el Régimen Simplificado de Ganancias como un mecanismo diseñado para facilitar la relación entre el Estado y el contribuyente. En contraste con el monotributo, donde la fiscalización suele recaer sobre el ciudadano, en el RSG “ahora se presume la inocencia del ciudadano y es ARCA quien tiene que demostrar la culpabilidad del contribuyente que tuvo una diferencia impositiva”. Además, en un programa en la TV Pública, remarcó que el Estado deja de actuar como presunto acusador y traslada la carga de la prueba hacia la administración tributaria.
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Según Pazo, el RSG parte de una lógica distinta. “Mirá lo que facturaste, menos los consumos deducibles por tu trabajo, y ARCA te predetermina un impuesto. Si vos pagás el impuesto y no tenés una discrepancia mayor del 15%, se presume la exactitud y hay un bloqueo fiscal”. Este “bloqueo fiscal” supone un blindaje para el contribuyente, que solo enfrentará un proceso de fiscalización si surgen diferencias superiores al umbral establecido.
En cambio, quienes no adhieran al RSG deberán presentar información detallada sobre patrimonio, consumos y la evolución de sus bienes. “Si no te adherís, tenés que presentar el patrimonio, todos tus consumos, tu diferencia patrimonial y todos mis gastos. Y en el otro me miran lo facturado y el gasto deducible”, explicó Pazo. La diferencia central reside en el nivel de exposición y la carga administrativa.
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El interrogante sobre la conveniencia de pasarse a Ganancias Simple se centra en la comparación de costos y beneficios. Pazo sostuvo que, para los autónomos, la transición resulta directa y ventajosa. “Si vos sos un autónomo, es superfácil; podés adherir al RSG. Para los trabajadores en relación de dependencia que pagan Ganancias, el acceso al RSG no implica nueva carga tributaria si su facturación y gastos deducibles son nulos”. Sin embargo, el desafío aparece para los monotributistas, que deben evaluar si el cambio les representa una mejora o un mayor costo.

La clave, según el ex funcionario, está en analizar el perfil de gastos e ingresos. “Si vos tenés un RGS y los gastos que tenés derivan de tu trabajo, quizás te cueste más caro impositivamente, pero te permite acceder a beneficios que antes no tenías, como acceso al crédito, acceso a comprarte una vivienda o auto”. La posibilidad de acceder a financiamiento formal y justificar consumos de manera transparente se ubica entre los puntos más destacados del nuevo régimen. Para el monotributista, tradicionalmente limitado en el acceso al sistema financiero, el salto a responsable inscripto bajo el RSG puede traducirse en ventajas concretas, aunque con un costo impositivo superior en ciertos casos.
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Qué dicen los contadores
Pero los contadores tienen una postura diferente al ex titular del fisco sobre la conveniencia de que un monotributista se adhiera al RGS. “Nunca le recomendaría a un monotributista que se vaya del Régimen de Pequeños Contribuyentes, que es muy cómodo, con pocos impuestos, con una obra social incluida, con un aporte jubilatorio muy moderado, y se pase a un régimen inscripto del Impuesto al Valor Agregado (IVA)”, afirmó la contadora pyme Elisabet Piacentini, para quien no conviene realizar el cambio a pesar del “blindaje” otorgado para sacar dólares del colchón.
Sin embargo, aclaró que si el monotributista tuvo un incremento patrimonial desmesurado respecto de su facturación, convendría analizar otras estrategias, como combinar el monotributo con una sociedad anónima simplificada, incluso unipersonal. “No pasaría a un monotributista directamente a responsable inscripto para usar la declaración jurada de Ganancias Simplificado”, reiteró.
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Por su parte, el contador Marcos Felice, del estudio Lenticchia & Felice, tiene una postura distinta: solo recomienda la adhesión al RSG en caso de que el contribuyente quiera usar dólares comprados en el mercado paralelo para moverlos legalmente. “Si no tiene nada para blanquear, no lo recomendaría. Hoy la diferencia entre lo que paga siendo monotributista o autónomo es abismal”, sostuvo. Y puso un ejemplo numérico: un monotributista categoría K que presta servicios paga $12 millones al año de componente impositivo; en Ganancias, suponiendo que no tiene gastos para deducir y solo se computan las deducciones personales, pagaría $20 millones con las escalas actuales.
Pazo también profundizó en el trasfondo conceptual de la reforma: “Tiene un sentido filosófico atrás, superprofundo, de darle libertad a los ciudadanos de disponer de lo suyo, y eso tiene que ver con algo más de fondo y filosófico de por qué llegamos a esta situación”. Según su visión, el sistema apunta a que quienes ahorraron en las últimas dos décadas y buscaron proteger su capital puedan ahora reinvertirlo en la economía real, con un marco de seguridad jurídica y menor presión fiscal en el mediano plazo.
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Pazo contra los contadores
El debate también abarca la estructura de costos para los profesionales que asesoran a monotributistas. “Los contadores no podrán cobrar lo mismo”, advirtió Pazo, en referencia a la simplificación de trámites y la reducción de la carga administrativa para quienes migren al RSG. El argumento apunta a que el régimen simplificado reduce la necesidad de asesoramiento permanente y delega en el fisco la responsabilidad de determinar el impuesto a pagar.
Lo que va en línea con las declaraciones del ministro Caputo. “Pasamos una Ley (Inocencia Fiscal) que es absolutamente a prueba de balas, a prueba de Kicillof. No hay ninguna posibilidad de que nadie te haga nada, no importa lo que digan los contadores”, aseguró durante su participación 21.° Simposio de Mercado de Capitales y Finanzas Corporativas.
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La discusión sobre la conveniencia de migrar al RSG no tiene una única respuesta. Depende del perfil del contribuyente, el volumen y la naturaleza de sus ingresos, la necesidad de justificar consumos y patrimonio, y la importancia de acceder a crédito o a bienes registrables. Para algunos, el salto representa una carga fiscal mayor, pero también una puerta de acceso a financiamiento y mayor previsibilidad. Para otros, el monotributo sigue siendo más conveniente por su bajo costo y la simplicidad de sus obligaciones.
El análisis de las diferencias entre ambos regímenes revela que la decisión de migrar implica sopesar los beneficios en términos de blindaje fiscal y acceso a crédito frente al posible aumento de la carga impositiva y la pérdida de simplicidad administrativa. El régimen tradicional del monotributo mantiene su atractivo para quienes priorizan bajos costos y una operatoria sencilla, pero limita el acceso a servicios financieros y expone a inspecciones más amplias.
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El debate sigue abierto porque la decisión no responde a un único factor, sino a una combinación de variables personales y económicas. La nueva lógica de control y la protección ante diferencias menores pueden resultar decisivas para quienes buscan mayor previsibilidad y formalidad. El monotributista, en tanto, enfrenta el desafío de analizar si la migración representa un beneficio real o una carga adicional en su esquema tributario.
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