
Entre los industriales sobrevoló algún gesto de alivio tras el discurso de ayer del presidente Javier Milei, especialmente los que eligieron quedarse con la parte final de su mensaje: “No los vamos a dejar tirados, vamos a abrir la economía cuando estén dadas las condiciones”.
La señal de apertura económica es un tema de especial sensibilidad entre los ejecutivos fabriles, que si bien celebran la baja del impuesto PAIS, en la otra mano sopesan la posibilidad de que obture la recuperación, muy inicial, que pueda mostrar la producción fabril.
La plana mayor de la Unión Industrial Argentina (UIA) recibió este mediodía al jefe de Estado. Según recuerdan en la entidad fabril, es la primera vez que un presidente visitaba la sede de Avenida de Mayo, en el centro porteño, desde que Cristina Kirchner dio un discurso por cadena nacional en 2008, también en ocasión del Día de la Industria, una fecha que conmemora el primer embarco de manufacturas (tejidos y bolsas de harina) desde un puerto del territorio nacional hacia Brasil, en 1587.
Por lo pronto, 437 años después, la preocupación de los empresarios industriales también está ligada al intercambio comercial y su impacto en la actividad fabril fronteras adentro. La reducción del impuesto PAIS fue recibido como un buen primer paso “en el sentido correcto”, al decir de un importante ejecutivo del sector, en referencia a una baja de impuestos.
Al considerar que se trata de un retorno a niveles que ya conocía ese impuesto, los industriales miran, más bien, otras distorsiones tributarias que impactan de manera más decisiva en el cálculo financiero de sus operaciones y de inversiones. Pesan más, en esa agenda de alivio impositivo que empuja el círculo fabril, el sistema de percepciones o anticipos tributarios “pagados en exceso”, definieron desde la UIA.

“Hay empresas que tienen hundido 10 millones de dólares de anticipos de impuesto PAIS”, mencionó un industrial. En la entidad fabril aseguraron que mirarán la letra chica del decreto publicado este lunes para sacar conclusiones posteriores. El comentario que circuló es que no fue anunciado un mecanismo de devolución de ese adelanto (el 95% del total) pagado. “Hace tres meses pagaste el anticipo por el 17,5% y cuando tenés que pagar la importación la alícuota es de 7,5%”, ejemplificaron.
Más allá de lo operativo, la visión más macro de la medida tiene que ver con un potencial impacto en el nivel de producción fabril. “Hay que ver cuánto de la importación te come la recuperación”, planteó un ejecutivo industrial. Ese temor está basado en una certeza expresada por la plana mayor de la UIA sobre que en el segundo trimestre del año tuvo lugar el piso de actividad y que el rebote se da de manera muy heterogénea.
“El rebote para volver a los niveles pre devaluación va a tardar un año y medio o quizás algo menos”, estimó una fuente fabril. En ese sentido, especularon que importaciones más baratas de bienes finales pueden tener especial incidencia en sectores como textiles, indumentaria y juguetes. “Hay que ver cuánto de la importación te come la recuperación”, alertaron.

El discurso de Milei versó sobre lo que definió como una falsa dicotomía entre la producción primaria y la industrial, aseguró que la mejor política sectorial es ordenar la macroeconomía y que el Estado no tendrá ningún rol de estímulo para la producción fabril. También dijo que hubo empresas que “disfrutaron del beneplácito de subsidios por parte del resto de los argentinos, cazaron en el zoológico para competir en su propia ley”, y que apunta a una apertura económica pero cuando las condiciones estén dadas: “No los vamos a dejar tirados”, dijo el jefe de Estado.
“Es muy importante esa frase”, dijo tras el discurso el presidente de la Unión Industrial Daniel Funes de Rioja. Tiene que ver con el temor permanente de la plana mayor fabril de que un Gobierno quiera abrir la economía, descartar medidas de protección al sector y ponerlos a competir en igualdad con otros países, entre ellos otros con potencial industrial como Brasil o México pero también contra China.
“El mundo ya no es el de los 90′, los países hoy ponen aranceles porque se protegen contra la competencia desleal”, matizó otro dirigente.
En el acto, que tuvo lugar en el salón Peteribí de la sede de la UIA, Funes de Rioja volvió a poner sobre la mesa la necesidad de una nueva ley pyme, lo que se conoce como el “mini RIGI”, para equiparar beneficios del régimen de grandes inversiones para proyectos por montos menores a los 200 millones de dólares.
El pope fabril dijo que la industria pretende un terreno equilibrado donde “nuestro costo argentino no haga inviable la competencia frente a países que no exportan impuestos, que cuentan con infraestructura que permite reducir costos, con regímenes laborales modernos adecuados a las nuevas realidades productivas y con medidas de protección ágiles frente a la competencia desleal”.
En tanto, el presidente de la UIA remarcó que los impuestos actuales frenan la capacidad de desarrollo de las industrias e impiden que se creen más empresas y más empleo por que le señaló que “la Argentina necesita una estructura impositiva que potencie al sector transable, que fomente la formalización y le permita desarrollarse y ser competitiva”.
El que planteó alguna disonancia con los dichos del ministro fue Marcelo Figueiras, presidente de Laboratorios Richmond. “Estamos todos de acuerdo con desarmar los curros de épocas ancestrales. El punto es que si bien en los papeles las cosas puede dar, en la práctica se cierran industrias y se pierden fuentes de trabajo. Yo le pregunté al ministro si a la hora de hablar de competitividad de cara a las exportaciones tenían en cuenta las ventajas que tiene muchos países que fomentan la exportación vía desregulaciones en temas impositivos. Tenemos tecnología de punta y una gran calidad humana espectacular, pero tenemos que poder competir, tanto para importar como para exportar”, expresó.
“Si yo tengo que comprar afuera para generar esos dólares voy a tener que exportar. Pero no se define qué es estratégico y no vamos en la misma dirección durante varios periodos presidenciales, vamos a terminar exportando bananas, turismo, precarización o primarización, no vamos a tener una industria pesada que te ayude a desarrollarte. Y, como dijo Pellegrini, si no hay industria, no hay nación. El ministro tiene muy buenas intenciones, pero la teorización al límite pone en peligro al final del camino la realidad que es la fuente de trabajo. Industria que se cierra, pyme que se cierra, es pyme que no se vuelve a abrir. Es muy fundamentalista decir ‘si no podés competir, cerrá' sin mirar cómo son las cosas. En la economía no puede no haber árbitro”, agregó Figueiras, quien planteó también que no entiende cómo muchos de sus colegas aplauden conceptos e ideas que van en contra del espíritu industrial.
La cita del Día de la Industria no estuvo cerrado exclusivamente a directivos del sector, sino que hubo presencias de otras cámaras como Camarco, la Sociedad Rural, la Bolsa de Comercio, la Cámara de Comercio y Servicios y las asociaciones de bancos. También se hicieron presentes ejecutivos ligados a economía del conocimiento, con representantes de Mercado Libre, Globant y de la Cámara de la Industria Argentina del Software (Cessi).
“No se soluciona con una ley que es confianza, Argentina es el más defaulteador del mundo, una vez que se perdió la confianza es difícil reconstruir. Es la tarea más importante que tiene el país. Cuando pasan cosas desprolijas es una señal para afuera que es complicado”, dijo el presidente de la CAC Mario Grinman, aunque planteó que es optimista para el futuro y que ve “una reactivación extraordinaria” hacia adelante.
El vicepresidente de la Sociedad Rural Marcos Pereda mencionó que el discurso del presidente le pareció “excelente” y que los números del sector agropecuario están cada vez más ajustados entre los precios internacionales bajos de la soja, la competitividad cambiaria y el nivel de derechos de exportación. “No creo que pase este año”, dijo Pereda, consultado sobre si visualiza una baja impositiva de peso para el campo.
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