
Los mercados bursátiles globales atravesaron dos ruedas de pánico el viernes 2 y el lunes 5 de agosto, de la mano de la suba de tasas en Japón y un aumento del desempleo en EEUU. La resolución de esas jornadas de volatilidad financiera resultó sorpresivamente positiva para los emergentes: en el caso de la Argentina el S&P Merval se sobrepuso al “lunes negro” y acumuló en la última semana un alza de 10% en pesos y 12% en dólares, mientras que los bonos ganaron cerca 2 por ciento.
Un punto que también puede adjudicarse a favor de estos indicadores es el fortalecimiento del real brasileño, que llegó a negociarse en el inicio del mes a 5,85 unidades por dólar y este lunes se pacta a una tasa de cambio de 5,50 reales por dólar. Esta recuperación del 6% del real en el corto plazo es a todas luces positiva para la economía argentina en varios sentidos:
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1) Sostiene la balanza comercial. Dado que Brasil es el principal socio comercial de la Argentina, un real más fuerte promueve la demanda de productos argentinos desde el país vecino, por su mayor capacidad de compra. Hay que recordar que Argentina anotó en julio su quinto mes consecutivo de superávit comercial con Brasil, una pieza clave en la balanza comercial global del país.
En los primeros siete meses de 2024, se acumula un saldo positivo de USD 141 millones, una reversión positiva de USD 4.261 millones si la compara con el déficit acumulado de USD 4.120 millones en igual tramo de 2023.
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“Por su parte, tendrán un impacto balanceado sobre el comercio bilateral las perspectivas de crecimiento de la economía brasileña -en torno a 2%-: las mismas implican una desaceleración respecto a 2023 (+2,9%) pero una aceleración respecto al primer semestre, cuando se esperaba un 1,8-1,9% para el año. Esto responde a mejores perspectivas de consumo e inversión, aunque el Banco Central de Brasil probablemente no vuelva a reducir la tasa de referencia este año, con mayor presión sobre la moneda gracias a las menores tasas esperadas en la Fed, y una inflación persistentemente alta pero dentro del rango tolerable para el banco central”, indicó un informe de Abeceb.
2) Mejora el tipo de cambio real. Dado el peso de la relación comercial entre la Argentina y Brasil, una suba del real ayuda a mejorar la competitividad cambiaria de la Argentina sin necesidad de apurar una mayor devaluación del peso. En este sentido, el Índice de Tipo de cambio Real Bilateral, tal como lo mide el BCRA, subió cerca de 3 puntos desde el 5 de agosto, cuando marcaba 79,9 unidades, a 82,8 el 9 de agosto.
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Asimismo, esta evolución influyó en la mejora del Tipo de Cambio Real Multilateral -que incorpora a los principales doce socios comerciales de Argentina-, que alcanzaba el viernes último los 87,5 puntos, un nivel similar al del 1 de julio. Esto quiere decir que en las últimas seis semanas la economía de Argentina mantuvo estable su competitividad cambiaria aún cuando el dólar mayorista sostuvo un ritmo de avance gradual del 2%, por debajo de la inflación local.
3) Ayuda a la política cambiaria. En julio el ministro de Economía, Luis Caputo, envió un anticipo del proyecto de Presupuesto 2025 al Congreso de la Nación, con un planteo de los ejes principales de la “Ley de Leyes” ingresará el 15 de septiembre. El funcionario ratificó el sendero de “crawling peg” hasta fin de año, con un tipo de cambio oficial que cerraría el 2023 en los 1.016 pesos. Un real fuerte contribuye a esta política, pues quita presión devaluatoria a la moneda doméstica e, indirectamente ayuda a su función como “ancla” para desacelerar la inflación, hoy el principal objetivo económico del Gobierno.
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De todos modos, la incertidumbre sobre el nivel de tipo de cambio para los próximos meses no está despejada, en especial si se considera la necesidad de eliminar el “cepo”.
“Actualmente, se observa un leve incremento en las expectativas de devaluación del tipo de cambio evidenciado por dos factores clave. En primer lugar, el rendimiento de los contratos de futuros supera al de las Lecaps. En segundo lugar, se ha producido un notable desplazamiento de flujos desde los Fondos Comunes de Inversión (FCI) hacia los fondos dollar linked. En los últimos días estos fondos han recibido ingresos importantes. Estos movimientos sugieren una creciente preocupación por la estabilidad cambiaria y una preferencia por activos que ofrecen cobertura frente a la devaluación”, explicó Piedad Ortiz, Chief Economist de Wise Capital.
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Los expertos de Balanz Capital aportaron que “hacia adelante, la incertidumbre acerca de la recesión en EEUU y su impacto en commodities podría seguir manteniendo en jaque a las monedas de la región, tal como se observó a lo largo de este año”.
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