
Tras un fuerte proceso de ventas que sufrieron los bonos dolarizados, luego de las elecciones los precios se estabilizaron y aparecen tímidamente recomendaciones de compra. A pesar de la caída continua de reservas del Banco Central y la posibilidad de una nueva reestructuración no más allá de 2025, la deuda argentina podría transformarse en un atractivo vehículo de inversión para posicionarse a mediano plazo.
Incluso en los últimos días los fondos comunes de inversión que invierten en este tipo de activos empezaron a recibir un tenue flujo de fondos por parte de empresas y compañías de seguros, que los ven como una opción potable para dolarizarse.
Los bonos soberanos se vieron afectados por la fuerte corrida al dólar que se vivió en las semanas previas a las elecciones presidenciales. En realidad, cayeron prácticamente todos los activos argentinos, mientras que la cotización del dólar libre se ubicaba cómodamente por encima de los $ 1.000.
Sin embargo, después de las elecciones se viene dando el proceso inverso y el tipo de cambio cayó notoriamente, hasta perforar los $ 900 como ocurrió ayer con el dólar libre. La contrapartida es la búsqueda de otras alternativas, entre las que se destacan los bonos que ajustan por CER (apostando a que la inflación será más alta en los próximos meses), mientras que también se estabilizaron los bonos en dólares, en un rango que va de los USD 26 a los USD 28 según el plazo

Augusto Posleman, director de PPI, fue uno de los que en las últimas horas consideró que hay una buena oportunidad en estos títulos. “Nos gustan sobre todos los bonos con ley Nueva York, que otorgan una mayor protección al inversor en caso de una reestructuración. Aún en ese escenario futuro, que no lo descartamos, consideramos que a menos de USD 30 son una buena oportunidad”.
“Incluso -agregó el ejecutivo- le estamos recomendando a las empresas que buscan opciones de cobertura para sus posiciones en pesos la compra de bonos dolarizados”
En Adcap también apuntaron en la misma dirección, al indicar que los bonos de mercados emergentes recuperaron significativamente por la baja de la tasa a diez años en Estados Unidos. “Esta mejora también debería alcanzar a los bonos argentinos, que creemos tienen un margen de suba cercano al 15%”.
Como viene sucediendo hace tiempo, los bonos emitidos con ley neoyorquina cotizan a paridades mayores que los mismo títulos emitidos bajo ley local. Por ejemplo, el GD30 cerró ayer a USD 29 (legislación Nueva York), mientras que el AL30 (idéntico título pero con ley argentina) finalizó a USD 26.
Por supuesto que comprar bonos argentinos en este contexto es de altísimo riesgo, pero aún así muchos consideran que el premio también podría ser significativo. Detrás de este argumento hay factores externos y locales.

La recuperación de Wall Street fue apuntalada por la baja de la tasa de los bonos norteamericanos a 10 años, que pasó de 5% a principios de la semana pasada a menos de 4,60% ayer. Esto implica una apreciación de la renta fija y los títulos argentinos podrían beneficiarse de rebote.
Pero por supuesto también aparecen factores locales. Uno de ellos es que luego del 19 de noviembre ya no habrá más incertidumbre electoral. Y se espera que el presidente electo, ya sea Sergio Massa o Javier Milei, debería dar señales amigables hacia los mercados financieros. El riesgo país continúa arriba de los 2.500 puntos, reflejando la desconfianza extrema que despierta la Argentina.
Además, si como se espera la economía argentina se beneficiará el año próximo de una muy buena cosecha (se estiman unos USD 15.000 a USD 20.000 millones más que este año) y además la balanza energética se vuelve superavitaria, esto jugaría a favor de la cotización de la deuda en dólares.
El peor de los escenarios, y posiblemente el más probable, es el de una nueva reestructuración de la deuda en dólares, ante la imposibilidad para el próximo gobierno de recuperar acceso a los mercados para financiarse. Para evitarlo, debería conseguirlo en un plazo máximo de un año, algo que parece difícil.
Pero aún en ese caso, las actuales cotizaciones ya incluyen la posibilidad de una renegociación con agresivas quitas de capital, por lo que el margen para una suba respecto a los valores actuales sería significativo.
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