Tres economistas de la Universidad de Chicago, dos visiones diferentes, un solo eje de controversia: las ventajas y desventajas de la dolarización. Este fue el marco para el debate en la Universidad Di Tella entre Emilio Ocampo, asesor de Javier Milei, y Juan Pablo Nicolini –economista de la Reserva Federal de Minneapolis– y el profesor de la UTDT Constantino Hevia.
Ocampo, profesor de la Ucema y con un MBA en Chicago, por supuesto fue el encargado de subrayar a rajatabla las bondades del proyecto que promueve el candidato presidencial libertario. Afirmó que “no hay otra manera de dejar atrás la pesadilla de la alta inflación, en forma irreversible”; además, dijo que nadie presentó una alternativa creíble frente a la historia negativa del país.
Pero Nicolini y Hevia –ambos con un doctorado en Economía en Chicago– explicaron que, “sin resolver el alto déficit fiscal, la dolarización solo serviría para calmar los síntomas de corto plazo de la inflación”, pero sin atacar las causas este cambio de regla monetaria no mejorarán las condiciones del país. Más aún, “generaría costos excesivos de corto plazo por eliminar la herramienta para absorber shocks exógenos”, resaltaron.

“No estamos como estamos por casualidad, no es aleatorio. En lo últimos 25 años respecto del resto del mundo tuvimos una variación del PBI negativa y en términos de inflación estamos en la compañía de estados fallidos, de países en guerra, no comparable con países civilizados”, advirtió Ocampo, en el debate moderado por la profesora Elisa Belfiori.
Según Ocampo, es falaz “compararnos con un ideal que no existe, es una mala idea. Y un cambio efímero es peor, porque se perderá la esperanza”. Por este motivo, dijo que no es posible seguir el camino de los otros países latinoamericanos que bajaron la inflación sin dolarizar, con la excepción de Ecuador y El Salvador.
“No se trata de diseñar un régimen para un gobierno bueno, sino diseñar uno para un gobierno malo, porque en los próximos 25 años volverá el populismo”, advirtió el ahora asesor del líder de La Libertad Avanza.
“Ya estamos dolarizados, no es que vamos a dolarizar y la dolarización de facto impone restricciones a la política económica”, sostuvo Ocampo en la Di Tella.
Para Ocampo, el principal objetivo de dolarizar “obviamente es que el PBI per cápita crezca, para eso hay que bajar el gasto y los impuestos, abrir la economía, desregular, promover el desarrollo del mercado de capitales domésticos y mantener reglas estables para que ocurra todo lo anterior”.

“Todo esto toma tiempo, y poder político, que en una democracia se consigue en las urnas, con una mayoría electoral. Y en la Argentina eso se logra eliminando la inflación, porque la mayoría de la población es la que paga este impuesto; lo vimos en el Plan Austral y la convertibilidad”, expresó.
“La primera restricción es la falta de credibilidad y la otra cara de la moneda es la anomia, porque el Estado es el principal violador de las leyes. Y los argentinos tenemos una adicción al populismo, que es una tentación permanente”, explicó.
Para Ocampo, pensar como Juntos por el Cambio que se puede lograr “un banco central por ley, es ingenuo”.
“La mayoría de los países emergentes usan el dólar como ancla monetaria y el tipo de cambio fijo. El esquema flotante no funcionó, ni con inflation targeting en 2015. En los últimos años los países con tipo de cambio fijo fueron los que tuvieron menor inflación”, explicó.
En términos de la secuencia, dijo que “lo que hay que hacer primero es un balance de liquidación del Banco Central. Primero hay que cancelar la base monetaria, luego los encajes, las Leliqs, el swap de china y el quinto los activos no exigibles”.
“Nosotros pretendemos reorganizar el banco central con un fondo de estabilización monetaria para que El estado pueda hacer frente de la deuda del Banco Central sin quitas para bonistas ni depositantes”, resaltó Emilio Ocampo.
“La adicción al populismo nos llevó a esta situación, las herramientas tradicionales no sirven por los tiempos y porque dar un paso para adelante y dos para atrás es desalentador. La dolarización le da espacio político para hacer reformas estructurales con la menor posibilidad de fracaso”, enfatizó.
Pérdidas y beneficios
En tanto, Juan Pablo Nicolini explicó que “dolarizar implica la imposibilidad de tener una política monetaria independiente”.

“En las últimas seis décadas hubo muchas hiperinflaciones, corridas contra el peso, devaluaciones y default desde mediados de los 60. La mayoría del tiempo vivimos en crisis. No solo por la inflación, sino por la mala política fiscal y falta de sustentabilidad, que afecta el crecimiento. Todos son síntomas de que s gastó más de lo que se recaudó”, destacó el ex rector de la Di Tella.
“El Estado tiene la manera de resolver esto que es con más inflación, pero eso genera otros problemas”, afirmó Nicolini.
“Con el déficit del 75 al 90 perdimos todo lo que habíamos ganado desde la década del 60. Luego bajó, pero igual nos trae problemas. En medio tuvimos dos momentos de ilusión: la convertibilidad con Carlos Menem y los primeros años con Néstor Kirchner, haciendo cosas totalmente opuestas. Una cosa en común: conductas fiscales razonables, crecimos y alentamos ilusiones”, enfatizó.
“Si queremos recuperar el crecimiento, yo creo que hay que eliminar el déficit fiscal y si no lo hacemos no nos va a salvar ni la dolarización ni la religión. La clave es bajar el déficit porque si no todo va a volar a los 3 años”, resaltó el economista de la Reserva Federal de Minneapolis.

Por su parte, Constantino Hevia se sumó al diagnóstico de Nicolini: “Necesitamos bajar el exceso de gasto histórico y eso se puede hacer con diferentes regímenes monetarios”.
“Sin duda dolarizar baja la inflación en forma inmediata. Y presumiblemente mejora la conducta fiscal. Pero la pregunta clave es qué tipo de bancos queremos. La diferencia en la maduración entre activos y pasivos los hace vulnerables a corridas bancarias inclusive si son solventes”, explicó.
“Con una dolarización podría funcionar la separación de la banca de inversión de los bancos comerciales, pero eso no se hizo en ningún lado. La otra es poner la banca off shore, pero acá tenemos el ejemplo del 2001 que el Bank Boston que no mandó nada en 2001 pese a ser casa matriz”, indicó Hevia.
“Y la tercera vía es el seguro de depósitos, como el que se usó en el Tequila en la corrida contra los bancos, con la ayuda de un crédito de un grupo de bancos internacionales. Esa corrida bancaria salió bien porque el Banco Central tenía cierto margen para emitir”, recordó. Y desafió: “En un mundo con la dolarización, no sé cómo se solucionaría este problema”.
“El otro problema es que se pierde el tipo de cambio nominal que es muy flexible y sirve para amortiguar muchos shocks externos”, aseguró. “Si hay algo rígido, son los salarios nominales, así que el mecanismo natural que tendríamos es depreciar la moneda; eso genera la inflación y baja los salarios sin que aumente el desempleo, como ocurrió en 2001. Con la convertibilidad o la dolarización, en cambio, puede ser muy costoso”, afirmó.
Más allá de la discusión, los tres académicos coincidieron en que el problema de fondo es fiscal, pero la diferencia estuvo en la visión hacia adelante. “Juan Pablo es optimista, yo no y por eso creo que hay que dolarizar”, explicó Ocampo.
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