
La secretaria de Relaciones Económicas Internacionales y exvicejefa de Gabinete de la Argentina, Cecilia Todesca Bocco, se reunió hoy con el presidente electo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el brasileño Ilan Golffajn, actual director para el Departamento Hemisferio Occidental del FMI, a quien felicitó y auguró buena gestión.
Goldfajn se impuso entre los cuatro candidatos finales, pues a último momento el gobierno argentino retiró la candidatura de Todesca Bocco, en la cual había jugado la “carta de género”, y apoyó al candidato brasileño, que así prevaleció sin inconvenientes sobre los otros contendientes: el chileno Nicolás Eyzaguirre, el mexicano Gerardo Esquivel y Gerard Johnson, de Trinidad & Tobago.
En el encuentro con Golffajn, Todesca Bocco destacó que Argentina encabezará la Vicepresidencia de Sectores y Conocimiento, además de la Gerencia de Infraestructura y Energía y el nuevo Instituto de Género e Igualdad que, aseguró, será uno de los nuevos ejes de gestión del BID y fue uno de los “temas estratégicos” que presentó la Argentina al postularla originalmente a ella, una mujer, al máximo cargo en el BID.
El BID es la principal fuente de financiamiento para el desarrollo de América Latina y el Caribe a través de préstamos, donaciones y asistencia técnica. Además, produce estudios e investigaciones sobre inclusión social e igualdad, productividad, innovación e integración económica en la región de América Latina y el Caribe.
Repartija y consenso
Sobre la sustancialidad de la repartija, desde la embajada argentina en EEUU señalaron que el país “participará de la conducción del nuevo BID con dos puestos claves que manejan el 40% del presupuesto”.

“Siempre buscamos un consenso. La región tiene que trabajar junta, los desafíos y las oportunidades son compartidas y hemos acordado también una agenda de trabajo con una perspectiva y temas que nos parecen estratégicos”, dijeron desde Washington, sede del organismo de crédito. “Es un buen arreglo para el país”, concluyeron.
La postulación de Todesca tenía una debilidad de origen: según datos de la web del BID, los créditos vigentes a la Argentina suman USD 12.686 millones, ubicando al país, por lejos, como el mayor deudor del organismo.
“La Estrategia del Grupo BID con Argentina 2021-2023″ se estructura en cuatro pilares estratégicos: 1) reducción de la pobreza y protección social a los más vulnerables; 2) recuperación económica y desarrollo productivo 4.0; 3) estabilidad macroeconómica y eficacia de las políticas públicas; y 4) transformación digital como eje transversal del desarrollo. Cada eje también incorpora un enfoque de diversidad y género; y de sostenibilidad ambiental”, indica la página del banco que hasta su destitución, en septiembre pasado, presidió el norteamericano Mauricio Claver-Carone.
Precisamente, hace poco Claver Carone, destituido al cabo de una investigación que concluyó que había violado las reglas éticas de la institución, calificó al gobierno de Alberto Fernández de “pandilla de tres amigos”. En las reuniones que como titular del BID tuvo con él, dijo el exfuncionario, la preocupación del presidente argentino “siempre fueron sobre cómo conseguirle trabajo a Gustavo Béliz”. Además, Claver Carone advirtió el riesgo de que el BID se transforme en “el Banco de la Celac”, por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, constituida en 2010, cuando todavía vivía el entonces presidente venezolano, Hugo Chávez. Constituida por 32 naciones, la Celac es una suerte de “OEA sin EEUU” (y que a su vez incluye a Cuba), vista con suspicacia desde Washington.

Aritmética del poder
La aritmética del poder en el BID es bastante reveladora. EEUU, Brasil y la Unión Europea suman, por sí solos, el 51% de los votos del organismo. EEUU tiene el 30%, seguido por Argentina y Brasil, con 11% cada uno, la Unión Europea (10%), México (7%), Japón (5%) y Venezuela y Canadá (4% cada uno).
La enumeración luce extraña, pues incluye un bloque (la UE) y un país (Japón) ajenos a lo “interamericano”. Eso se debe a que el BID, al tener como miembros de origen una mayoría de países en desarrollo, buscó ampliar su base de capital sumando socios extra-regionales con intereses en la región, que aportan capital a condición de tener voz en la agenda del organismo. De ahí la presencia de 16 países europeos, 3 asiáticos (China, Japón y Corea del Sur) e Israel. De los 48 miembros de la organización, 26 son “prestatarios” (es decir, receptores de crédito, como la Argentina) y 22 son “prestamistas”.
También el peso relativo de los países resulta llamativo: la Argentina igualada con Brasil y por sobre México, y miembros extra-regionales como la UE y Japón, amén de la paridad entre Venezuela y Canadá. De vuelta, la explicación es histórica: el BID fue creado en 1959, en plena guerra fría, como pata “desarrollista” del “sistema interamericano”, cuyo vértice es la OEA, creada en 1947, al año siguiente del fin de la segunda guerra mundial. En 1959 la economía argentina era, de hecho, tan o más grande que la brasileña, y la venezolana empardaba la canadiense.
El gobierno de Alberto Fernández no consiguió, como quería, colocar a Todesca en la presidencia, pero sí cargos en áreas por las que, como señalaron desde la embajada en Washington, pasa el 40% del presupuesto del organismo.
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