
No es muy frecuente pero ocurre cada tanto que los propios inversores no terminan de entender los movimientos que ellos mismos generan en el mercado. Algo de eso pasa por estos días con, nada más y nada menos, que la cotización del dólar libre. A operadores y analistas les cuesta encontrar una razón unívoca para la estabilidad que por estos días reflejan las pantallas, tanto para el dólar libre que ayer cerró en $287, como para las versiones bursátiles. Eso porque el contexto en el que se verifica esa pax cambiaria empieza a producir señales de inquietud, contradictorias con los precios que por ahora rigen el mercado.
La más potente de esas señales es que, tras cerrar octubre con una venta neta de divisas de $498 millones, en apenas tres días de noviembre, el Banco Central tuvo que intervenir con USD 195 millones, una cifra que representa 40% de lo que vendió durante todo el mes anterior.
Esa dinámica enciende algunas luces de alerta, no sólo porque el Central no logra cerrar el grifo de salida de dólares a pesar del cada vez más severo sistema de control de importaciones sino porque el flujo de divisas se redujo drásticamente tras la aplicación del “dólar soja”. Y la perspectiva en ese sentido de cara a los próximos meses es preocupante: la inquietud por el efecto de la sequía en el ingreso de dólares empieza a instalarse en el mercado aunque todavía no termina de plasmarse en las cotizaciones.
Los motivos de esta falta de reacción son más bien coyunturales y de muy corto plazo. Por un lado, muchas empresas tuvieron en los últimos días una mayor necesidad de pesos para afrontar el pago del primer vencimiento del anticipo del impuesto a las Ganancias dispuesto por el ministro de Economía Sergio Massa. El efecto se advirtió no sólo en el precio del billete libre sino, principalmente, en las cifras de recaudación del mes pasado que hubieran mostrado una evolución real negativa sin mediar este cobro fuera de la agenda inicial de las empresas en materia de planificación tributaria.
Pero también hay una explicación más de fondo aunque, otra vez, de impacto acotado. El analista Santiago López Alfaro, experimentado operador del mercado y presidente de Patente de Valores, señaló que se advierte el ingreso de divisas por parte de algunas compañías de sectores puntuales como petróleo y minería.
Se trata de dos rubros críticos para los que Massa flexibilizó las restricciones cambiarias, garantizando en el caso de las petroleras la libre disponibilidad de dólares por el equivalente a 20% de la inyección adicional que logren y de 30% en el caso de la producción de gas, siempre respecto a 2021. En el caso de la minería, el plan apunta a liberar el equivalente a 25% de sus exportaciones, lo que ya se denomina “dólar litio”. Pero se trata de situaciones concretas y bien delimitadas que no despejan la principal preocupación que se impone en el mercado: hasta cuándo dura la calma.
“No está tan claro qué pasa. Influye el pago de impuestos, algunas empresas trayendo dólares… pero no debería durar mucho”, afirmó López Alfaro, quien consideró que no sólo el oficial sino el dólar libre está muy atrasados. “La inflación va al 80%, el dólar subió 50%, hoy $290, ajustado por inflación el dólar está barato”, opinó. Ese diagnóstico es generalizado en el mercado, donde hay quienes creen que, a pesar de que diciembre no suele ser un mes traumático en materia cambiaria por la más alta demanda de pesos típica de fin de año, hacia mediados del mes próximo podrían comenzar a verse algunos movimientos en los precios de la divisa.
“No creo que se mantenga mucho la calma actual. El contexto internacional no ayuda en nada: el dólar se está fortaleciendo a nivel mundial, lo que afecta particularmente al principalmente a los socios comerciales de la Argentina, China y Brasil, donde hay que ver cómo sigue”, aportó el especialista en finanzas y análisis técnico Rubén Ullúa, director de la consultora homónima.

Para Ullúa, a partir de diciembre se puede “calentar” el mercado cambiario. “La tensión, de todos modos, la percibo más fuerte para el dólar oficial que para los paralelos. En cualquier caso, se empieza a advertir cierta volatilidad, por caso en el desarme que ya se empezó a observar de la deuda en pesos”, aseguró.
En otras palabras, los inversores que hasta ahora apostaron a las altas tasas de los instrumentos nominados en moneda local, con fuerte preferencia por aquellos que ajustan por inflación, comienzan a dolarizar sus carteras incluso a riesgo de perder rendimiento en esa búsqueda de cobertura.
El movimiento no implica por ahora una disrupción en el mercado pero el episodio desatado en junio pasado, cuando la venta masiva de bonos en pesos desencadenó una fuerte turbulencia, es un antecedente al que tanto Massa como el titular del Banco Central, Miguel Pesce, están cada vez más atentos. El objetivo: que la pax cambiaria dure todo lo que sea posible.
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